Por Horacio Rivera
Por décadas el amiguismo y la corrupción permitieron que, tanto los pobres como la clase media, tuvieran acceso a un sistema de salud eficiente y casi gratuito, el cual sólo era accesible para los afiliados al IMSS. Hoy el “IMSS Bienestar”, inventado por el morenismo, se derrumba ante intento fallido de darle atención médica a todos los mexicanos
El IMSS fue por mucho tiempo un sistema de salud pública al que sólo podían acceder aquellos que estaban afiliados, aunque en la práctica, muchos mexicanos tenían la posibilidad de atenderse en sus hospitales sin ser derechohabientes. Bastaba con tener algún amigo o una “palanca” que trabajara en el IMSS, “alguien que le echara a uno la mano”, para ser aceptado en una clínica u hospital. ¿Quién no tiene un tío o una abuela o un conocido que se operó en algún hospital del IMSS? Luego llegaría un decreto por parte de López Obrador, con el cual el IMSS pasaría a convertirse en IMSS Bienestar, con la encomienda de otorgar atención médica y medicamentos gratuitos a los mexicanos sin seguridad social. Buenas intenciones, pero sólo eso. La realidad es que el invento de López Obrador no se pudo consolidar porque no se contaba con la capacidad operativa ni con los recursos para tender a millones de nuevos pacientes. Las buenas intenciones, sumadas a la corrupción y la idea de modificar radicalmente la manera de adquirir las medicinas por parte del gobierno, hicieron que el sistema de distribución colapsara y con ello se triplicó el desabasto de recetas médicas.
Además del IMSS, que es casi gratuito, hoy en México el sistema de salud depende en gran medida de los consultorios del Doctor Simi o de las farmacias tipo Farmacias Guadalajara. Al menos cuando se trata de padecimientos menores o chequeos médicos. Aunque también se hacen lavados de oído, lavados oculares y otras linduras por una módica cantidad, que no pasa de cien pesitos por consulta. Una vez que el médico ha hecho el diagnóstico, viene la consabida receta con los medicamentos que se deben adquirir, los cuales por supuesto, deberán ser comprados en la respectiva farmacia que siempre se encuentra junto al consultorio. Negocio redondo. ¿No sería la solución a las penurias económicas por las que atraviesa el IMSS aplicar un mecanismo parecido? Tal vez, pero no para un gobierno de corte socialista de los años setenta del siglo pasado, que está convencido que debe ser él y, nadie más, quien resuelva los problemas del pueblo. Y que por tanto es reacio a aceptar que la iniciativa privada invierta dinero en la salud pública.
Culpables
Pero la debacle del IMSS no se le puede achacar sólo a la 4T; viene de varias décadas atrás. El inicio del fin comenzó en los años noventa, cuando el régimen de jubilaciones y pensiones del propio personal del IMSS se volvió insostenible. El costo de las pensiones comenzó a comerse el dinero que se usaba para operar clínicas y hospitales. Para frenar la caída en picada, nuestros flamantes diputados aprobaron la nueva Ley del Seguro Social, la cual entró en vigor en 1997 con la privatizaron las pensiones por medio de las Afore.
En 2004 el sindicato del IMSS ya anunciaba que se aproximaba un colapso financiero que podría terminar en la quiebra del Instituto. Luego vendría una serie de malas decisiones que pondrían al IMSS contra las cuerdas, como la reducción de las cuotas aportadas por los dueños de las empresas. Mientras tanto el personal del IMSS crecía sin que hubiera fondos reales para sostenerlo. La puntilla al que alguna vez fuera uno de los sistemas de salud pública más avanzados y eficientes de América Latina, se la daría López Obrador con sus ocurrencias y la aparición en escena de la Pandemia de Covid-19, en los primeros meses de 2020. Lo demás es historia.
Visitas sorpresa
La presidenta Sheinbaum comenzó el pasado fin de semana una gira de “vistas sorpresa” por hospitales y clínicas del IMSS para escuchar de viva voz las quejas de médicos y funcionarios. No se ve fácil encarar tanto descontento. Es tan grave el asunto, que la presidenta se ha visto forzada a salir de Palacio para calmar la tempestad de la mano de Zoé Robledo, el elusivo director del IMSS. Eso sí, ya se está dando cuenta Sheinbaum de que, en efecto, más allá de los feroces ataques de la oposición y las tendencias de las malvadas redes sociales, los hospitales del IMSS se están cayendo a pedazos. Igual que se está derrumbando su líder sindical, Rafael Olivos, quien enfrenta el rechazo por parte de jubilados y sindicalizados. Y, que para colmo, es diputado federal suplente de Morena. Trae escuela el líder “charro”.
En un video grabado dentro de lo que se supone que es un consultorio de medicina familiar del IMSS, un Zoé Robledo, enfundado en una casaca militar verde olivo, como si se tratara de alguien que está hablando desde un lugar acechado por la guerra, nos enumera los avances en la construcción de hospitales y nos da una cifras estratosféricas, que dichas así de sopetón, hacen palidecer cualquier sistema de salud del mundo, incluido el de Dinamarca. Suena sincera y bien articulada la actuación del director del IMSS, al menos para hablar del progreso del Instituto en los años del morenismo. Donde ya no se mete Robledo es en explicar de dónde vendrá el dinero, tanto para sacar de la ruina a los hospitales, como para cubrir el incremento del salario de los quejosos. Sólo dice que se hará una “consulta” de dicho incremento este 14 de octubre. Tampoco se mete en analizar otra demanda central de los trabajadores inconformes, la cual tiene que ver con el regreso al antiguo Régimen de Jubilaciones y Pensiones. Un régimen que, al igual que en el caso de los maestros de la SNTE, representaría una carga que hoy el Estado mexicano no puede sostener. Ya veremos que ocurre este miércoles. Total, si no se llega a un arreglo y los paros de personal médico se agudizan, ahí están los médicos cubanos, amigos de la 4T y de la Transformación. Sí. ¿Y las medicinas?
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