La primera sala de cine del país tenía 40 sillas, la entrada costaba 50 centavos y la montaron en la calle de Plateros, hoy Madero, los enviados de los mismísimos hermanos Lumière. Era 1896, y el cine cabía en una caja de madera que filmaba, revelaba y proyectaba. Así llegó el cine a México y no es casualidad que la Ciudad de México se haya convertido en el epicentro de la industria audiovisual del país y de la región. Cuento esto porque en 2026 Francia y México celebran 200 años de relaciones, y vale la pena revisar desde la economía lo que esa amistad ha construido.
A unas cuadras de esa primera sala, las familias que llegaron del valle de Barcelonnette fundaron almacenes inspirados en los de París. Así nacieron las primeras tiendas departamentales, Liverpool y El Palacio de Hierro. En 1884, capital francés participó en la fundación del Banco Nacional de México.
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