Por Horacio Rivera
El caso de Guadalupe Taddei, ex presidenta del INE, es quizá uno de los ejemplos más acabados del desastre que puede ocurrir cuando se mezcla la vida sentimental con la chamba y con la transa. Y peor aun si esa chamba es un cargo público
La semana pasada, en medio de la tempestad desatada por el escándalo de las transas de Guadalupe Taddei cuando estaba al frente del INE, la presidenta Sheinbaum fustigó en su mañanera a aquellos y aquellas, que según la presidenta, usan el asunto público para atacar la vida personal de Taddei. Es más, la presidenta recurrió al manido recurso de la violencia de género y sentenció que a Taddei la atacan sólo por ser mujer. ¿Y cómo separar una cosa de la otra cuando la protagonista del escándalo no tuvo respeto por su cargo y permitió que su amante, no sólo se convirtiera en uno de los proveedores consentidos del INE, sino que además fungiera como una especie de copresidente del mismo INE? Hernández Casillas, el proveedor consentido y, presunto enamorado de Taddei, tenía el beneplácito de la consejera presidenta para muchas cosas. Entre otras, para “sugerir” y repartir ciertos cargos dentro del organismo. Al menos así lo hacen suponer los audios que circulan en las redes, en los cuales se escuchan las intimidades de Hernández Casillas. El mismo que, en otro audio, le aclara a la persona que se haya del otro lado de la línea que gracias a él, uno de los hijos de Taddei se fue a Europa (“París a tus pies, chamaquito”) y el otro vive como rey.
Claro que en tiempos de la presidenta con A, decir que detrás de Taddei había un hombre que la manipulaba y la recompensaba con generosidad por los favores recibidos, sería casi un sacrilegio, machismo puro, misoginia. Una falta de respeto. Casi tan grave como la que cometió aquel reportero de TV Azteca, a quien Taddei tildó de “muy majadero”, cuando éste le preguntó si alguna vez le habían propuesto formar contratos a modo. Pocos hay tan cínicos. ¿Pero valió la pena arriesgar la chamba y una carrera por un amor? Tal vez. ¿Quién puede negar que más allá del dinero y el poder, los consentidos de la 4T también tienen su corazoncito? ¿Si no es en la propia pareja, en quién diablos se puede confiar? Por ahí alguien dijo, suponemos que un romántico irredento, que el único pecado de Taddei fue enamorarse. ¿Y no fue pecado darle contratos millonarios a su enamorado? ¿Tampoco es pecado la soberbia con la que siempre se manejó Taddei, que ni siquiera dio la cara el día que abandonó el INE? ¿No fue pecado convertir al INE en un cochinero? Total. Eso como quiera que sea se arregla. ¿Pero el amor? ¿Un corazón roto con qué se repara?
Responsabilidades
Llama la atención que en la mayoría de los videos en los que aparece Taddei al lado de su contratista consentido, siempre se le ve con actitud sumisa y taciturna. Como en aquel video donde la consejera presidenta escucha en absoluto silencio a su príncipe azul, mientras éste hace la repartición de los moches que van a recibir uno y otra por presuntos contratos millonarios relacionados a la Credencial de Elector. Como si Hernández Casillas fuese el cerebro y el operador principal de las transas que se hacen dentro del INE. Y surge la gran duda: en caso de comprobarse todas las chapuzas de las que se acusa a Taddei, ¿su contratista es igualmente culpable, o la ley no lo alcanza, dado que Hernández Casillas no ha cometido delito alguno? En México la ley prevé sanciones tanto para el corrompe como para aquel que se deja corromper.
Por lo pronto ni Tadddei ni Hernández Casillas aparecen. Se dice que Taddei se haya el Arizona disfrutando lo ganado. ¿Y qué diablos anda haciendo la exconsejera presidenta del INE en Estados Unidos? ¿Será que también les fue a soltar la sopa? Pareciera lejano que regrese a México para ser juzgada por el desastre que dejó en el INE. Lo más probable es que se oculte por un buen tiempo, en lo que las aguas se serenan. Sin embargo, esta vez no se ve que la presidenta Sheinbaum esté dispuesta a seguir dando la cara por Taddei. La dejó sola. Investiguen y luego vemos. Y con eso se quitó el bulto. Tampoco pareciera que vaya a recompensar a Taddei con una embajada en algún recóndito país o con un cargo en el gobierno de la 4T. Aunque nunca se sabe. En cuanto a Hernández Casillas, por ahora se le vino abajo el cantón. Le iba tan bien. Y no sólo a él, sino a un buen número de funcionarios del INE, pertenecientes al “club Taddei”. Y es que para hacer una chapuza de ese calibre se necesita mucha gente de ambos lados del mar de la corrupción; de un lado la autoridad y del otro los empresarios consentidos. Se parece tanto la trama del INE con la del huachicol. Por su puesto no se puede comparar el dineral que deja el huachicol con el que dejan los negocitos del INE.
Amor vs amor
Dinero, amor, traición… En otro de los mentados videos que desfilan en la red, como si fuesen capítulos de una “teléfonovela” de bajo presupuesto, Hernández Casillas se queja con su voz cavernosa y amenazante de que Taddei se lo quería chingar. “Lo que ella (Taddei) quería era mandarme a la chingada. Y eso no lo voy a permitir porque hay mucho invertido”. Para esas alturas todo indica que la relación romántica ya no era, lo que se dice, miel sobre hojuelas. Hasta que nos enteramos, en otro “capítulo”, que ahora Hernández Casillas amenaza con ir de chismoso con el Departamento de Justicia gringo a ventilar quién sabe cuántos secretos de su amada Guadalupe. Y de su boca surgiría una frase sabia: “Lo que no entiende ella (Taddei) es que hay veces que te sales con la tuya y otras no”. Sí. El amor es un perro rabioso.
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