ADN antiguo revela que una variante de la peste contribuyó al colapso de los constructores de Stonehenge y los primeros agricultores europeos

Durante décadas, el misterioso declive de las sociedades agrícolas del Neolítico en Europa ha desconcertado a arqueólogos, genetistas e historiadores. Estas culturas, responsables de monumentos como Stonehenge y de haber traído la agricultura al norte del continente, prosperaron durante milenios. Sin embargo, hace unos 5.000 años, comenzaron a desaparecer sin dejar una explicación clara.

Ahora, un estudio publicado en Nature y liderado por investigadores del Centro GeoGenetics de la Universidad de Copenhague, en colaboración con instituciones suecas, plantea una posibilidad tan inquietante como reveladora: una cepa ancestral de la peste podría haber sembrado el colapso de estas comunidades mucho antes de lo que se creía.

ADN antiguo, pistas nuevas

El equipo analizó el ADN extraído de dientes y huesos de 108 personas enterradas en tumbas megalíticas de Suecia y una cista de piedra en Dinamarca. Los restos, cuidadosamente seleccionados por su buen estado de conservación, pertenecen a individuos que vivieron entre los años 5.300 y 4.900 antes del presente.

La sorpresa llegó al detectar rastros de Yersinia pestis —la bacteria causante de la peste— en 17% de los cuerpos estudiados. Lejos de ser una presencia aislada, la plaga estaba ampliamente distribuida geográficamente y, aún más inquietante, se había infiltrado en múltiples generaciones de una misma familia, afectando a miembros separados por más de un siglo.

Aunque ya se habían documentado casos antiguos de peste en Europa, este estudio es el primero en ofrecer evidencia masiva, estructurada y con alta resolución genética de la circulación del patógeno entre comunidades neolíticas enteras.

Uno de los esqueletos hallados en perfecto estado que fue examinado en esta nueva investigación
Uno de los esqueletos hallados en perfecto estado que fue examinado en esta nueva investigación. Foto: Karl-Göran Sjögren

La otra cara del Neolítico

La revolución neolítica transformó Europa: de grupos de cazadores-recolectores dispersos se pasó a comunidades organizadas en aldeas permanentes, con ganado, cultivos y estructuras funerarias monumentales. Fue un periodo de intensa innovación, pero también de creciente densidad poblacional, comercio y contacto humano.

Justamente estas condiciones —antes vistas solo como indicadores de progreso— pudieron haber sido el caldo de cultivo perfecto para la transmisión de enfermedades.

Las pruebas de ADN muestran que la cepa detectada carecía de ymt, el gen que permite a la peste sobrevivir en el intestino de las pulgas, lo que sugiere que la transmisión no se producía por vectores animales como en la peste bubónica medieval, sino probablemente por contacto directo entre humanos o incluso por vía oral-fecal, como en epidemias de cólera o tifus.

Además, los análisis revelan una reorganización genética del patógeno en su versión más reciente, con posibles mutaciones que habrían incrementado su virulencia. Esta variante aparece repetidamente en los restos más recientes del estudio, coincidiendo con el final de la actividad funeraria en muchas de las tumbas estudiadas.

Familias enteras afectadas

Uno de los hallazgos más impresionantes fue la reconstrucción de una familia de seis generaciones enterradas en la tumba de Frälsegården, en la región de Falbygden (Suecia). De los 61 miembros identificados por parentesco —38 analizados genéticamente y 23 inferidos— varios murieron con signos de infección por peste.

En esta tumba, las cepas de la plaga se distribuyen por linajes y generaciones, lo que indica brotes intermitentes separados por décadas. Especialmente devastador fue el brote causado por una cepa concreta —llamada por los investigadores “cepa C”— que afectó exclusivamente a una rama familiar en las generaciones más recientes. Todos sus miembros estaban infectados.

Aun así, las personas eran enterradas con cuidado, lo que sugiere que la sociedad aún funcionaba y cuidaba de sus muertos, al menos durante las primeras oleadas. Pero poco después de estos enterramientos, las prácticas funerarias cesan abruptamente, lo que podría reflejar el colapso social total.

Un nuevo estudio ha encontrado pruebas genéticas generalizadas de que un antepasado de la bacteria responsable de la Peste Negra pudo haber contribuido al colapso de una sociedad agrícola que levantó tumbas megalíticas y monumentos como Stonehenge
Un nuevo estudio ha encontrado pruebas genéticas generalizadas de que un antepasado de la bacteria responsable de la Peste Negra pudo haber contribuido al colapso de una sociedad agrícola que levantó tumbas megalíticas y monumentos como Stonehenge. Recreación artística. Foto: ChatGPT-4o/Christian Pérez

Un mundo que se desmorona

El declive de estas poblaciones coincide con el final de la cultura conocida como TRB (del alemán Trichterbecherkultur, “cultura del vaso de embudo”), ampliamente extendida por el norte de Europa. Su desaparición abrió paso a nuevas oleadas migratorias procedentes del este, como la cultura de la Cerámica Cordada, que trajo consigo nuevos genes, costumbres y estructuras sociales.

Durante mucho tiempo, se especuló que el fin de estas sociedades pudo deberse a crisis agrícolas, guerras o agotamiento del suelo. Pero el nuevo estudio cambia las reglas del juego: demuestra que la peste no solo estaba presente, sino que circulaba activamente en estos núcleos humanos durante el colapso.

La aparición de tres cepas distintas en una misma región sugiere múltiples eventos de contagio, y su rastro en los linajes familiares indica que el impacto fue sostenido en el tiempo, no un simple episodio aislado.

Aunque estas cepas antiguas carecían de algunos genes asociados a la peste bubónica, portaban otros —como variantes del gen ypm— que podrían haberlas hecho igualmente peligrosas. Algunos investigadores creen que, si bien no mataba tan rápido como su versión medieval, esta forma ancestral de peste pudo haber debilitado seriamente la salud de las personas, facilitando nuevas infecciones o disminuyendo la fertilidad y la supervivencia infantil.

El estudio también identifica otros patógenos presentes en los restos, como Borrelia recurrentis y Yersinia enterocolitica, lo que sugiere que la presión infecciosa en estas comunidades era muy alta, en un momento de transición social y ambiental.

Análisis genético sugiere que una variante de la peste influyó en la caída de las culturas que levantaron Stonehenge
Análisis genético sugiere que una variante de la peste influyó en la caída de las culturas que levantaron Stonehenge. Foto: Istock

Reescribiendo la historia

Lo más relevante de este descubrimiento es que rompe con una narrativa establecida durante siglos: que las grandes epidemias empezaron con el contacto entre Oriente y Occidente en épocas históricas.

Este nuevo escenario muestra que la peste ya circulaba por Europa miles de años antes, y que su influencia podría haber sido decisiva en los grandes cambios demográficos que precedieron a la Edad del Bronce.

El hallazgo no solo arroja luz sobre el pasado, sino que abre nuevas preguntas sobre el papel de las enfermedades en los ciclos históricos de auge y caída de las civilizaciones. También plantea un recordatorio: muchas veces, los mayores enemigos de la humanidad han sido invisibles.

Referencias

  • Seersholm, F.V., Sjögren, KG., Koelman, J. et al. Repeated plague infections across six generations of Neolithic Farmers. Nature 632, 114–121 (2024). DOI: 10.1038/s41586-024-07651-2

Cortesía de Muy Interesante



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