Por Horacio Rivera
El mensaje está claro. A partir de la invasión de Venezuela, América es de los gringos. Y cualquier país latinoamericano que no se alinee, sufrirá las consecuencias. Pero algo que en apariencia es una amenaza, podría ser también la oportunidad de que Latinoamérica se una. Pero no para desafiar a Washington, sino para formar un bloque económico, junto con los gringos, capaz de generar riqueza. Eso sí, primero habría que olvidarse de patrioterismos ridículos y caudillos populistas. Y por supuesto, arrebatarle el poder a los cárteles de la droga
James Monroe (1758-1831) fue el quinto presidente de Estados Unidos. Monroe acuñó una filosofía con la que daría un portazo en las narices a los países europeos que poseían colonias en América. Una filosofía que años después sería conocida como doctrina Monroe. La doctrina Monroe, redactada durante las guerras de Independencia de América Latina contra la Corona española (siglo XIX) establece la oposición de Estados Unidos al colonialismo europeo en el continente americano. Dicho en corto, cualquier intento de invadir una nación americana por parte de los europeos, sería visto por los gringos como un acto hostil en su contra. Ahí comenzó el agandalle.
Con el pretexto de proteger a los países latinoamericanos, los gringos se convertirían en los policías del continente. Durante el siglo XX se sirvieron con la cuchara grande; se dedicaron a derrocar gobiernos e imponer gobernantes en Latinoamérica. Se hicieron expertos en desestabilizar Estados y regímenes. Hoy lo siguen haciendo. El levantón del dictador venezolano, Nicolás Maduro no deja lugar a dudas. La izquierda latinoamericana vocifera que lo que ocurrió en Venezuela es una injusticia, una violación a la soberanía. Exigen que los gringos liberen a Maduro de inmediato. ¿Y si no? ¿Quién va a ser el primero en cantarle el tiro a los gringos? ¿Quién será el valiente que vaya a Nueva York a rescatar a Maduro? ¿Fernández Noroña? ¿El ejército Bolivariano? ¿El Cártel de los Soles?
Bloque latinoamericano
Con la caída de la izquierda latinoamericana, la supremacía de los gringos en América es total. Al menos por ahora. ¿No sería buena idea dejar de pelear contra ellos y convertirse en sus socios, tal y como lo es hoy México? ¿Valdría la pena invertir tiempo y dinero para crear un bloque económico americano con un una moneda común? Estamos hablando de la que podría ser una de las mayores zonas de libre comercio del mundo. Más de seiscientos millones de clientes potenciales. A lo largo del siglo pasado hubo varios intentos de lograr una integración económica latinoamericana, en la cual, obviamente, los gringos nunca estuvieron incluidos. Se obtuvieron acuerdos de libre comercio y arancel común entre algunos países, como el MERCOSUR o el Mercado Común Centroamericano (MCCA), pero nunca se concretó una unión monetaria completa como el Euro. Hay varias razones para que haya sido así. Una de ellas es que, aunque los latinoamericanos hablamos la misma lengua, también es cierto que no confiamos los unos en los otros. Para obtener una moneda común, resulta indispensable que cada país ceda cierta soberanía en áreas clave. Cosa que implica confiar en el vecino. ¿Se puede confiar en un vecino que hoy es capitalista neoliberal, pero que en las próximas elecciones podría convertirse en populista de izquierda? No se puede obtener continuidad en las políticas cuando se carece de una certeza ideológica. Y es que no sólo se trata de lograr una integración económica, sino una integración política y social profunda, con instituciones que operen en todos los países involucrados. La Unión Europea, por ejemplo, posee un parlamento y un banco central comunes. Todos se rigen por las mismas reglas y aceptan las mismas sanciones.
Otro de los grandes obstáculos para consolidar un bloque americano ha sido un nacionalismo y un patrioterismo, que muchas veces rayan en la paranoia. A diferencia de los países europeos, los países latinoamericanos (muchos de ellos sufrieron la brutalidad de la conquista española) históricamente han sido reacios a aceptar injerencias externas en lo que consideran su soberanía nacional. Es como aquel que fue asaltado y vejado dentro de su propia casa; difícilmente se atrevería a abrirle la puerta a un desconocido. Es una herida que luego de siglos no ha podido cicatrizar. Pero para efectos prácticos, ¿cómo podría existir un mercado americano de libre circulación de bienes y servicios, trabajadores y capitales, si no se le corta la cabeza al proteccionismo que regula las economías de todos los jugadores?
Narcogobierno
Estados Unidos y Latinoamérica siempre han sido dos mundos distintos y lejanos dentro del mismo continente. Sólo con México, su vecino latinoamericano más próximo, los gringos accedieron a firmar un Tratado de Libre Comercio que, dicho sea de paso, hoy se tambalea. No se puede negar que a la vuelta del tiempo el TLC trajo progreso y riqueza, tanto, que el gobierno mexicano -de izquierda- subsiste gracias a lo que le heredaron los capitalistas neoliberales que tanto aborrece. Resulta difícil de creer que en lo único en lo que los países latinoamericanos se han puesto de acuerdo para formar un frente común, es en el negocio del narcotráfico. Ahí sí que Latinoamérica ha generado billones de dólares. Ahí sí que se han respetado los acuerdos. Ahí sí que la soberanía y las ideologías han importado poco. El resultado es el surgimiento de una red de cárteles de la droga, que se han adueñado de una buena parte del continente. En Colombia y México se encuentran los imperios más poderosos. Sería ingenuo pensar en una integración latinoamericana con los gringos, si primero no se le arrebata el poder al narco. Eso es lo que busca el gobierno de Trump. Y eso es precisamente a lo que se oponen los gobiernos de Latinoamérica, como el mexicano. La experiencia demuestra que resulta más rentable y cómodo tener de socio a la maña, que tener de socio a un país, el cual exige garantías y respeto por los acuerdos y las leyes. Más allá de eso, el liderazgo y el poder de Washington, usados como estrategia y no como una amenaza, bien podrían lograr que el continente americano conformara un bloque económico pujante y próspero. América para los americanos. ¿Llegará el día?
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