Amin Maalouf: la literatura como brújula en tiempos inestables


Durante la inauguración de la edición 39 de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, el escritor franco-libanés Amin Maalouf recibió el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2025. Su discurso, extenso y reflexivo, colocó a la literatura en el centro de un tiempo marcado por transformaciones tecnológicas sin precedentes y por una crisis profunda de las mentalidades. Desde ese punto, planteó que leer y escribir no solo es un ejercicio cultural, sino una necesidad histórica.

Maalouf abrió su intervención recordando la relevancia simbólica del galardón: “A principios de septiembre, con inmensa alegría, recibí la noticia de que me habían elegido ganador… y es con esa misma alegría que hoy me encuentro aquí, en Guadalajara, para agradecerles su elección”. Enseguida enlazó ese reconocimiento con la idea de que este premio celebra no solo las letras, sino el tejido común de las culturas. Esa noción, dijo, se vuelve esencial en un momento global en el que la incertidumbre crece al mismo ritmo que la innovación.

En su análisis, el escritor subrayó que la humanidad vive la etapa más desconcertante y a la vez más fascinante de su historia, un periodo en el que los avances científicos superan de manera constante la capacidad humana de procesarlos. Recordó cómo, en su juventud, las herramientas tecnológicas actuales habrían parecido inverosímiles: “Si alguien me hubiera dicho, cuando era joven, que podría tener al alcance de mis dedos, en cualquier momento, todo el conocimiento del universo, habría pensado que me describían una utopía mágica”. La conexión entre ese salto tecnológico y los retos contemporáneos fue el punto de partida para reflexionar sobre la brecha entre la aceleración científica y una evolución moral que, en sus palabras, “atraviesa una verdadera regresión”.

Esa divergencia, explicó, define el presente. Mientras la ciencia avanza por su propia lógica, las mentalidades no lo hacen de manera automática. “Cuando una sociedad pasa de la dictadura a la democracia, nunca se puede estar completamente seguro de que no volverá algún día a la dictadura”, expresó. De la misma forma, nada garantiza la permanencia de la paz o la estabilidad. Para Maalouf, el retroceso del universalismo y el debilitamiento de la democracia muestran que el progreso moral requiere acción sostenida y consciente, no un simple acompañamiento del progreso técnico.

El autor identificó en la inteligencia artificial uno de los motores de la aceleración actual. Observó que sus transformaciones ya no se producen cada década, sino “cada año… o incluso de un trimestre a otro”. Este ritmo, afirmó, obliga a pensar en los riesgos que implican las nuevas herramientas, desde la carrera armamentista hasta el posible uso dañino de biotecnologías. Ante ello, insistió en la necesidad de fortalecer la responsabilidad colectiva, comprender los avances, apropiarse de ellos y orientarlos hacia el bienestar humano.

Fue en este punto donde Maalouf situó el papel de la literatura. Para él, la respuesta no está en rechazar la tecnología, sino en formar una conciencia capaz de convivir con ella. “La solución es apropiarnos de ese progreso, ponerlo al servicio del ser humano”, dijo. Y añadió una idea central: la literatura puede ofrecer el marco necesario para interpretar el mundo, advertir sus amenazas y cultivar el pensamiento crítico.

En su discurso, presentó tres funciones literarias decisivas para enfrentar el siglo XXI. La primera: dar claridad ante la complejidad. Leer y escribir permiten entender el contexto inmediato y también anticipar sus transformaciones. La segunda: recordarnos que el destino humano está entrelazado. “O sobrevivimos juntos, o desaparecemos juntos”, afirmó. La tercera: iluminar los valores esenciales que deben guiar la convivencia y la defensa de la dignidad.

En un tramo final, el escritor planteó que la literatura es un espacio en el que se construye la imaginación colectiva y donde se sostienen los avances morales que no evolucionan por inercia. En sus palabras: “La única forma sensata de responder a ese desafío es acelerar, en paralelo, la evolución de nuestras mentalidades”. Esa evolución, insistió, depende de acciones conscientes: educar, transmitir, dialogar y crear.

Cerró su discurso con una convicción que se convirtió en el eje de la ceremonia: “La literatura es hoy más indispensable que nunca en la historia humana”. Volvió sobre la idea de que las letras no se limitan a narrar el presente, sino que ayudan a repararlo e imaginar lo que vendrá. Frente a un mundo que cambia sin detenerse, Maalouf situó a la literatura como el espacio donde la humanidad puede pensar su propio destino y mantener viva la posibilidad de una convivencia fundada en la lucidez, la memoria y la responsabilidad compartida.

Silencio, música y palabras

Tras recibir el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2025, Amin Maalouf sostuvo un breve encuentro con medios de comunicación, en el que habló sobre su proceso creativo, su vínculo con la música y la forma en que su obra ha derivado hacia el ensayo en los últimos años. EL INFORMADOR estuvo presente en la conversación.

Al abordar la importancia del silencio en su trabajo, el escritor señaló que este entorno se ha vuelto cada vez más difícil de encontrar en la vida contemporánea: “Por definición, es difícil hablar de silencio. Pero es cierto que necesito mucho silencio al escribir. Y añadiría que también necesito un tipo de silencio que cada vez es más raro. Vivimos en un mundo muy ruidoso, después de todo, con las innumerables fuentes de información y las numerosas redes sociales, y creo que hoy en día es importante preservar siempre un espacio de silencio donde podamos reconectar con nosotros mismos y encontrar un poco de serenidad”, expresó.

Durante el diálogo, Maalouf habló también de su relación con la música y de cómo esta disciplina ha influido en su trabajo, en particular a través de la escritura de libretos. Recordó que su acercamiento proviene del entorno familiar: “Mi padre era crítico musical, pero me arrepiento mucho de no haber aprendido nunca a tocar un instrumento”.

Aunque en la infancia tuvo contacto con el piano, señaló que no avanzó en su aprendizaje. Con el tiempo, encontró en la escritura un punto de reencuentro con esa inquietud artística: “Recuperé el tiempo perdido un poco, tardíamente, escribiendo para música”, dijo. Parte de ese recorrido incluye su colaboración con la compositora finlandesa Kaija Saariaho, para quien escribió cuatro libretos. Sobre esa etapa resumió: “Fue una colaboración muy hermosa”.

Respecto a la disminución en su producción de ficción, Maalouf explicó que el ensayo se convirtió en la vía natural para abordar los temas que lo ocupan: “Durante mucho tiempo, alterné entre novelas y ensayos, y es cierto que en los últimos doce años he escrito mucha más no ficción”, comentó. Para él, esta elección responde a una necesidad de claridad ante un entorno que exige comprensión profunda: “Creo que vivimos en un mundo complejo y en constante cambio, y necesitaba comprender el mundo. Una vez que profundizo en un tema, siento la necesidad de expresarlo con precisión. Creo que el ensayo me permite explicar las cosas con mayor precisión”, afirmó. 

Finalmente, Maalouf relató los momentos que definieron su vocación literaria, influida por el oficio periodístico de su padre. La ficción se volvió un territorio natural, y durante la creación de “León el Africano” sintió: “Quiero dedicar mi vida a la literatura”. Aquella certeza llegó en 1984, a los 35 años.

Llegaron las flores

La Feria Internacional del Libro de Guadalajara inauguró su edición 39 con un llamado a defender la lectura, el diálogo y la pluralidad como pilares de la vida pública. En la ceremonia, autoridades culturales y universitarias destacaron el carácter global del encuentro, que este año recibe a Barcelona como Invitada de Honor bajo el lema “Vindran les flors”.

Jaume Collboni, alcalde de Barcelona, celebró el vínculo literario entre su ciudad y Guadalajara, y subrayó la vocación de la capital catalana por fortalecer su papel como puente cultural entre América Latina y Europa. “Barcelona ha vuelto para ejercer, más que nunca, ese papel transatlántico”, afirmó.

Marisol Schulz, directora de la FIL, recordó que el espíritu fundador de la feria sigue guiando su propósito: ser un espacio donde los libros fomenten el pensamiento crítico, la conversación y la comunidad.

En esta edición, la FIL espera recibir a más de 900 mil asistentes y reúne a editoriales de 64 países. El programa contempla tres mil actividades, la participación de 800 autores provenientes de 34 naciones y 20 lenguas, así como 635 presentaciones de libros. Del 29 de noviembre al 7 de diciembre, Expo Guadalajara vuelve a convertirse en el epicentro del mundo editorial.

A la inauguración acudieron también figuras como Rigoberta Menchú, Premio Nobel de la Paz 1992; Venkatraman Ramakrishnan, Premio Nobel de Química 2009; Diego Echeverría Cepeda, presidente de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana; así como autoridades municipales e invitados especiales.

CT

Cortesía de El Informador



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