El aceite de oliva fue uno de los pilares económicos, culturales y simbólicos del mundo romano, hasta el punto de convertirse en un verdadero “oro líquido” de la Antigüedad. Su producción y consumo articularon prácticas agrícolas, redes comerciales y paisajes humanizados durante milenios en la península itálica. Frente a la tradicional primacía concedida a Hispania, el norte de África o el Mediterráneo oriental, la arqueología reciente ha comenzado a reevaluar el papel de Italia como territorio de cultivo, experimentación técnica y producción oleícola desde la prehistoria hasta época romana.
Antes de Roma: los orígenes prehistóricos del olivo en Italia
Durante mucho tiempo, se asumió que el olivo se había introducido en Italia de forma tardía, como resultado del contacto con los fenicios y los griegos. Sin embargo, la evidencia paleoambiental ha transformado esta visión. Un reciente artículo publicado en American Journal of Archaeology demuestra, a través de los registros polínicos y antracológicos, la presencia y explotación del olivo silvestre en amplias zonas de Italia desde el Mesolítico y el Neolítico.
Así, en Sicilia, Apulia, Calabria y Cerdeña se documenta el uso del olivo desde el VI milenio a.C. como recurso forestal y como combustible. A partir del Neolítico medio, sin embargo, se detecta un incremento notable de restos de aceituna y carbón de olivo, lo que sugiere un uso y una manipulación progresiva del árbol. Este proceso, descrito como protocultivación en esta fase, no implica todavía una domesticación plena, pero sí una gestión selectiva de ejemplares silvestres.
Durante la Edad del Bronce, la evidencia de la explotación de olivos se intensifica. Los aumentos bruscos de polen de Olea, junto con las concentraciones de huesos y madera, revelan la práctica sistemática de poda y aprovechamiento agrícola. En regiones como Apulia, Calabria y Sicilia central, estas dinámicas parecen vinculadas a la práctica de estrategias que buscaban hacer frente a la inestabilidad climática, así como la integración en redes de intercambio mediterráneas.

Del fruto al aceite: los primeros indicios de producción oleícola
Encontrar evidencias de la producción de aceite de oliva en contextos prehistóricos plantea enormes dificultades metodológicas. Aun así, la combinación de restos botánicos, grandes contenedores cerámicos y análisis de residuos orgánicos ha permitido rastrear un panorama incipiente. Ya en el Bronce Medio y Reciente existen indicios verosímiles de la transformación de aceitunas en aceite en el sur de Italia.
En Calabria, Apulia y Campania se han documentado grandes pithoi asociados a residuos compatibles con aceite vegetal, así como desechos de prensado. Estos hallazgos sugieren la producción local de aceite a pequeña y media escala, probablemente destinada al consumo regional. No se trataría aún de una economía especializada, sino de una actividad integrada en sistemas agrícolas mixtos que combinaban la explotación del olivo, la vid y los cereales. La península itálica no presenta un único modelo de desarrollo oleícola, sino múltiples historias locales condicionadas por la ecología, la tradición y la conectividad cultural.

La Edad del Hierro: la intensificación de los paisajes cultivados
A partir del primer milenio a.C., el cultivo del olivo se consolida en amplias zonas de Italia. El aumento de restos botánicos y la producción de recipientes de factura local inspirados en las ánforas importadas indican un cambio cualitativo.Fueron las comunidades etruscas, itálicas y coloniales las que jugaron un papel decisivo en la sistematización del cultivo del olivo.
Los datos polínicos muestran incrementos de Olea en Toscana, Lacio y Apulia entre los siglos VIII y VI a.C., en coincidencia con los procesos de urbanización y reorganización territorial. El olivo comienza a expandirse más allá de su área bioclimática óptima, lo que implica un conocimiento agronómico más sofisticado y una selección progresiva de variedades. En este periodo, el aceite de oliva se integra de forma estable en la dieta, los sistemas de iluminación y los rituales, sentando las bases de su centralidad en la época romana.

El mundo romano: tecnología y producción a gran escala
Con la expansión romana, la oleicultura alcanza un grado de desarrollo sin precedentes. Durante la República tardía y el Alto Imperio, Italia albergó una red densa y diversa de instalaciones de producción de aceite de oliva. Villas rurales, explotaciones medianas y sistemas más modestos coexistieron en un paisaje altamente antropizado.
Desde el punto de vista arqueológico, la producción se identifica a través de molinos rotatorios (trapeta), prensas, contrapesos, suelos impermeables y depósitos de decantación. Estas estructuras reflejan una secuencia técnica productiva bien definida: la trituración, el prensado y la separación del aceite. No obstante, muchas producciones de menor escala utilizaron infraestructuras perecederas que apenas dejaron huella material.
Campania, Lacio y Apulia destacan por la concentración de instalaciones, aunque la evidencia apunta a una distribución más amplia, que incluye el Adriático central y el norte de Italia. Así, el aceite producido en Italia no solo abasteció los mercados locales, sino que coexistió con importaciones provinciales.

¿Crisis o transformación? El debate sobre la producción en época imperial
Tradicionalmente, se ha defendido la idea de una “crisis del aceite” en Italia a partir del siglo II d.C., cuando provincias como África o Bética habrían dominado el suministro. Sin embargo, la evidencia arqueobotánica y contextual matiza esta visión. En muchas regiones italianas, el cultivo del olivo persistió, aunque con intensidades variables y estrategias adaptativas. El uso de residuos de prensado como combustible en ciudades como Pompeya y la presencia de restos de aceituna en contextos tardíos indican una producción sostenida.
Un producto esencial en la civilización romana
La arqueología del aceite de oliva en la península itálica revela una historia marcada por la diversidad regional. Italia fue un laboratorio de prácticas oleícolas desde la prehistoria hasta el Imperio romano. El olivo configuró paisajes, economías y culturas, adaptándose a contextos cambiantes durante más de cinco mil años.
Este enfoque de larga duración permite superar narrativas simplificadoras y situar a Italia en el centro de los debates sobre agricultura antigua, tecnología y relación entre sociedad y medio ambiente. Este “oro líquido” romano fue, ante todo, el resultado de una interacción compleja entre naturaleza, conocimiento y cultura.
Referencias
- Dodd, E. 2026. “The Archaeology of Olive Oil Production in Roman and Pre-Roman Italy”. American Journal of Archaeology, 130(1), 115–151. DOI: https://doi.org/10.1086/737823
Cortesía de Muy Interesante
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