Así viaja un olor en el aire: el experimento que revela cómo las flores guían a los insectos

En la naturaleza, el olor no es solo una fragancia: es una pista, un mensaje, una ruta invisible. Para muchos insectos (descubre cuáles son los más grandes del planeta), el aroma que emite una flor es la clave para encontrar alimento o pareja. Pero lo que parece un simple paseo olfativo es, en realidad, un recorrido complejo, agitado por el viento, deformado por la turbulencia y alterado por múltiples factores del entorno. ¿Cómo hacen los insectos para seguir un rastro que cambia constantemente de forma? Esta pregunta ha sido difícil de abordar porque, hasta ahora, nadie había logrado registrar con suficiente detalle el movimiento real de un olor en condiciones naturales.

Eso ha cambiado gracias al trabajo de Elle Stark, investigadora de doctorado en la Universidad de Colorado en Boulder, y su equipo. Su proyecto fue seleccionado como uno de los ganadores del prestigioso Gallery of Fluid Motion 2025, organizado por la American Physical Society. En él, utilizaron técnicas avanzadas de imagen para capturar cómo una pluma de olor se desplaza y se deforma bajo una brisa suave y turbulenta. Es la primera vez que se visualiza con esta precisión cómo un aroma viaja en el aire al mismo tiempo que se mide el movimiento del viento que lo transporta.

Cómo se comporta un olor en movimiento

Cuando pensamos en un olor, solemos imaginar una nube uniforme que se expande en el aire. Pero en realidad, un olor avanza como una estructura cambiante, frágil y fragmentada, afectada por cada pequeña variación en el flujo del viento. Para los insectos, esto implica seguir no un camino recto, sino una serie de filamentos, remolinos y vacíos que aparecen y desaparecen rápidamente.

El experimento liderado por Stark se desarrolló al aire libre, en condiciones naturales, para capturar con fidelidad cómo se comporta una pluma de olor en presencia de una brisa suave. Utilizaron dos sistemas de imagen sincronizados: uno para seguir la concentración de vapor de acetona, que hacía visible el rastro aromático, y otro para registrar el patrón de velocidad del aire circundante. La combinación de estas dos técnicas permitió, por primera vez, observar en detalle la interacción dinámica entre el viento y el olor.

Según explican los investigadores, las estructuras del viento ―conocidas como vórtices o remolinos― moldean directamente la forma del rastro olfativo. El resultado no es una nube continua, sino una serie de filamentos dispersos y en constante deformación. Esto sugiere que los insectos no siguen un flujo constante de olor, sino que detectan fragmentos intermitentes que deben interpretar rápidamente para decidir hacia dónde volar.

Este patrón intermitente tiene implicaciones relevantes para entender la navegación sensorial. En lugar de una dirección clara, los insectos reciben señales rotas y desordenadas, por lo que su comportamiento responde a un entorno mucho más incierto de lo que se pensaba. La capacidad para detectar cambios súbitos en la concentración de olor parece ser clave para orientarse eficazmente.

Tecnología para ver lo invisible

Uno de los logros más notables del trabajo fue la elección del método experimental. Capturar un fenómeno tan etéreo como un olor requería visualizar lo que normalmente es invisible, y hacerlo sin alterar el entorno natural. El equipo utilizó una sustancia volátil ―acetona― como marcador, ya que se puede detectar fácilmente mediante técnicas ópticas sin interferir con el flujo de aire.

La imagen del olor se obtuvo gracias a una técnica llamada PLIF (Planar Laser-Induced Fluorescence), que permite registrar la distribución de la acetona en el aire a partir de su fluorescencia bajo un láser. Este método proporciona una imagen bidimensional del rastro aromático, como si se trazara una instantánea de la fragancia flotando. Por otro lado, el movimiento del aire se midió con velocimetría por imagen de partículas (PIV), que sigue diminutas partículas en suspensión para reconstruir la dirección y velocidad del viento.

Lo más innovador fue aplicar ambas técnicas al mismo tiempo y en la misma escena. Esto permitió superponer el mapa del olor con el mapa del viento, revelando cómo los cambios de velocidad y dirección influyen directamente en la forma que toma la pluma de olor. El resultado es una especie de “doble visión científica” que hasta ahora no se había conseguido en campo abierto.

Estos datos abren nuevas posibilidades para estudiar la relación entre ambiente y percepción. La navegación de los insectos no puede entenderse sin comprender primero cómo se mueve el olor que ellos persiguen, y esta combinación de tecnologías ofrece una herramienta precisa para hacerlo.

Fuente: vídeo de David Ehrenstein

Más allá de los insectos

Aunque el experimento se diseñó pensando en la interacción entre flores e insectos polinizadores, sus aplicaciones van mucho más allá. Comprender cómo se propagan los olores en ambientes turbulentos puede ayudar en numerosos campos, desde la detección de fugas de gas hasta el diseño de robots que naveguen por el olfato artificial.

Uno de los usos más prometedores está en la búsqueda de fuentes de contaminación. Por ejemplo, en situaciones donde hay una fuga tóxica o un escape de gas, entender cómo se dispersa el olor en función del viento puede acelerar la localización del problema. También tiene utilidad en contextos militares o de seguridad, como la detección de explosivos.

En el ámbito de la biología, los datos recogidos podrían alimentar modelos de comportamiento animal más precisos. Muchos insectos no solo detectan olores, sino que los usan para trazar rutas, identificar especies y decidir acciones clave. Saber exactamente qué tipo de señales están recibiendo del entorno puede cambiar la forma en que se interpretan sus movimientos y decisiones.

Finalmente, este tipo de investigación tiene un valor fundamental: acerca la física de fluidos a problemas reales, cotidianos y aparentemente simples. ¿Cómo viaja un olor? La pregunta parece trivial, pero su respuesta esconde una enorme complejidad científica y tecnológica.

Referencias

Cortesía de Muy Interesante



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