Durante décadas, el yacimiento arqueológico de Saqqara, situado al sur de El Cairo, ha ofrecido tesoros que han fascinado al mundo. Desde pirámides escalonadas hasta tumbas de nobles, este cementerio fue uno de los principales centros funerarios del Egipto faraónico. Sin embargo, entre las múltiples excavaciones llevadas a cabo, pocas han provocado tanto asombro como la que reveló el hallazgo de una momia completamente cubierta de pan de oro. Su nombre era Heka-shepes y su tumba, intacta desde hace más de cuatro milenios, se encontraba al final de un profundo pozo funerario.
Este descubrimiento se produjo en el área de Gisr el-Mudir, muy cerca de la pirámide del faraón Unas, el último soberano de la dinastía V. Allí, un equipo de arqueólogos egipcios logró identificar varias tumbas del Imperio Antiguo, datadas entre las dinastías V y VI (c. 2500-2100 a.C.), una etapa de transición clave para entender el declive de la realeza y el auge de una poderosa élite administrativa y sacerdotal.
El pozo sellado durante milenios
La momia de Heka-shepes fue hallada al fondo de un pozo funerario de 15 metros de profundidad. Dentro de un sarcófago de piedra caliza sellado con mortero —una rareza en sí misma por su estado de conservación— yacía el cuerpo momificado de un hombre cubierto con pan de oro. Lo extraordinario del hallazgo no es solo la riqueza del entierro, sino su integridad: se trata de una de las momias más completas y mejor conservadas encontradas en Egipto, y sin duda la más antigua de este tipo decorativo.
Aunque no pertenecía a la realeza, Heka-shepes debió de ser un personaje de gran relevancia y poder económico. Su momificación sugiere el uso de técnicas artificiales, propias de una élite que podía permitirse procedimientos elaborados, incluyendo el recubrimiento en oro, un material reservado tradicionalmente a los faraones o a personas muy cercanas a ellos. Esta técnica buscaba dotar al cuerpo de la incorruptibilidad solar, emulando la carne dorada de los dioses, especialmente del dios Ra.
Las imágenes filtradas de la momia apuntan a un detalle aún más inusual: el cuerpo no estaba envuelto en vendas tradicionales, sino que parecía vestir una túnica con un cinturón y un gran collar, reflejo quizá de una intención simbólica de preservar el aspecto del difunto tal y como era en vida. Esta elección refuerza una idea religiosa que ganaba fuerza en aquel periodo: la vida eterna no solo pasaba por el alma, sino también por mantener una imagen reconocible ante los dioses y los antepasados.

Un cementerio de élite al servicio del faraón
Junto a la tumba de Heka-shepes, el equipo egipcio localizó un importante conjunto de sepulturas que pintan un retrato fascinante de la clase dirigente del Imperio Antiguo. Una de las tumbas más destacadas pertenecía a Khnumdjedef, un sacerdote de alto rango vinculado al complejo funerario del faraón Unas. Las inscripciones lo definen como “supervisor de nobles” e “inspector de funcionarios”, cargos que demuestran cómo el aparato administrativo había empezado a consolidar su poder político y religioso.
La tumba de Khnumdjedef estaba decorada con escenas cotidianas pintadas con notable detalle: banquetes, ofrendas y actividades agrícolas. Llama la atención que algunos de los estilos artísticos, como la desproporción intencionada de las figuras, adelanten elementos propios del Periodo Intermedio que sucedió al Imperio Antiguo. Esto indica que los cambios sociales y estéticos que afectaron a Egipto en aquella época ya se estaban gestando durante la vida de estos personajes.
Otra tumba pertenecía a un hombre llamado Meri, un alto funcionario palaciego que ostentaba el título de “guardián de los secretos”, lo que le habría conferido la capacidad de realizar rituales reservados exclusivamente a iniciados. Su tumba, más modesta que la de Khnumdjedef pero aún significativa, representa un interesante ejemplo de la jerarquía religiosa fuera del círculo real.

Estatuas, pozos ocultos y deidades domésticas
No todo en Saqqara fueron sarcófagos y momias. Las excavaciones también desvelaron una tumba con nueve estatuas de piedra, algunas de las cuales representaban al difunto junto a su esposa y otras a sirvientes en actitud de servicio. Aunque no hay consenso absoluto sobre el nombre del propietario, algunos indicios apuntan al nombre “Messi”, escrito en una puerta falsa hallada junto a las estatuas.
En otro pozo, de unos 10 metros de profundidad, se encontró un conjunto de estatuas de madera y un sarcófago perteneciente a un hombre llamado Fetek, acompañado de su ofrenda ritual. Estas esculturas de carácter doméstico probablemente eran utilizadas como soporte espiritual del difunto en el más allá, representando actividades que garantizaban su sustento eterno.
El hallazgo también incluyó amuletos, vasijas de piedra, herramientas de uso cotidiano y figuras de divinidades, todo ello testimonio de las creencias funerarias del momento. Estos objetos no solo cumplían una función mágica, sino que también ofrecen valiosa información sobre los oficios, las prácticas religiosas y la vida cotidiana de la época.

Un descubrimiento que ilumina una etapa oscura
El conjunto de hallazgos en Saqqara ayuda a esclarecer un periodo poco conocido de la historia egipcia: el paso entre las dinastías V y VI, una etapa en la que la autoridad del faraón comenzó a diluirse frente a la creciente influencia de los sacerdotes y funcionarios. La proximidad de las tumbas a la pirámide de Unas no es casual: indica que, aunque el poder real se tambaleaba, los vínculos con el culto faraónico seguían siendo un elemento clave de legitimidad para las élites emergentes.
El contexto político de la época, marcado por posibles crisis dinásticas y tensiones económicas, está aún rodeado de interrogantes. La tumba de Heka-shepes y las demás descubiertas podrían ofrecer nuevas pistas sobre la evolución del sistema administrativo egipcio y la transformación del Estado en un momento de cambio profundo.
A más de cuatro mil años de distancia, el silencio de estas tumbas se ha roto para revelar un retrato íntimo de quienes vivieron a la sombra de los faraones. Lejos de ser meros súbditos, estos personajes fueron protagonistas silenciosos de una historia que ahora comienza a escribirse de nuevo gracias al poder revelador de la arqueología.
Cortesía de Muy Interesante
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