“¡Qué buena está la de ‘Rosa de lejos’!” nos pareció en ese momento y más tarde, muchos años después, ya siendo uno periodista, tuvimos la suerte -o algo así- de entrevistarla en su casa y contarle por qué ella se había convertido en inolvidable. Betiana Blum era la primera mujer que ese adolescente había visto desnuda.
La madre había llevado al chico al teatro. Se ve que no supo dónde dejarlo. De ninguna manera sospecharía que el menor de edad -un pibe que venía creciendo con Videla- tendría semejante experiencia transformadora. Hasta entonces, lo más parecido a una mujer desnuda había sido un dibujo de Picasso que adornaba el living de su casa.
Se lo contamos a Betiana en su amplio departamento con vistas largas sobre el Botánico. Mil años después, ya adaptados a las exigencias de la libertad, pero ella medio que se ofendió con nuestra anécdota. “No tengo idea de lo que decís”, soltó poco receptiva, sin aceptar ninguna de nuestras desbordantes adulaciones.
-Pensé que le tenías especial cariño a “Camino negro”.
-Fue una obra más, como todas. Cada cosa tiene la importancia que tiene en el momento en que se hace.
Con cara de ama de llaves, tirando el mentón hacia delante y mirándose frente al espejo, ordenó: “Bueno, listo, vayamos cambiando de tema”.
“Violencia sexual y social”
El 8 de enero de 1983 se estrenó en el Blanca Podestá -hoy Multiteatro- la pieza Camino negro, de Oscar Viale. Sus protagonistas: Betiana Blum, Miguel Angel Solá y Juan Leyrado, los tres dirigidos por Laura Yusem. La noticia fue tapa de Espectáculos de este diario. “Se trata de una obra realista, verdadera, diría atípica”, opinaba la directora. Miguel Angel Solá, en ese entonces, la definía como una obra sobre “la violencia sexual y social”.
En medio de una noche siniestra, una ejecutiva de modales rígidos, autoritaria y distante, acepta viajar con un camionero de la empresa para la que trabaja. Un problema en los neumáticos obliga a desviar el trayecto y detenerse en una gomería al costado del Camino negro bonaerense.
La situación provoca un intercambio verbal, va subiendo la espuma y todo termina en un enfrentamiento psicofísico. La sordidez de la escena apura la presencia de un tercer personaje, un hombre misterioso que llevará el conflicto a límites impensados.
Exigencias de la obra
Laura Yusem, a fines de 1982, aceptaba sin complejos que durante la Dictadura “el teatro había sido uno de los medios menos castigados por la censura. Hemos podido decir las cosas desde los escenarios. Y algo más: los actores prohibidos en cine y televisión pudieron trabajar en teatro”:
Con el pelo cortísimo estaba Betiana Blum en Camino negro. Su cara parecía más angulosa. “Exigencias de la obra”, declaraba en aquel verano porteño, donde su rostro -más asociado a la comedia- se multiplicaba en diarios y revistas. Un título del 30 de enero de 1983: “La actriz hace el primer desnudo de su carrera”.
Estaba por empezar una época conocida como El destape. En otras palabras, la primavera alfonsinista, aquélla que restablecería las libertades y condenaría las Juntas Militares, terminaba siendo caldo de cultivo para la llamada “mujer objeto”. El cuerpo femenino era utilizado para vender desde televisores, como en las publicidades de Hitachi de Adriana Brodsky, hasta revistas, entradas de cine y teatro. Habrá que decir también que la democracia tuvo cuerpo de mujer con las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo.
“No fue fácil”, sigue diciendo Blum. “Pensé que nunca iba a animarme. Por pudor, por sentirme demasiado expuesta. Había rechazado propuestas, como una con Carlos Gandolfo. Pero acá no había otra posibilidad. Esta mujer, la de mi personaje, llegaba al límite en su lucha por vivir, por no ser asesinada. Laura Yusem, la directora, me dijo que necesitaba un desnudo total, y yo lo comprendí”.
El personaje de Miguel Angel Solá fue reemplazado por Rodolfo Ranni.El Destape
“Nadie me obligó, Oscar Viale (el autor, su pareja de entonces) me dijo: andá, vos andá hasta donde puedas. El tema es que si no aceptaba, la puesta iba a quedar emparchada”.
Con el look icónico del Destape a la vuelta de la esquina, Blum corría el riesgo de ser pionera y caer en la misma bolsa de la picaresca de Chicas Olmedo y revista Playboy. Más de 40 años después se necesita toda la ayuda posible para desmarcarse de una situación que hasta parece resultarle frívola.
“Yo no voy a estar hablando de mi desnudo. No, no“, se planta.
Juan Carlos Mareco, por esos días, la tuvo al aire en su programa Cordialmente. Buscando hacer una humorada sobre “el desnudo más comentado del momento”, la presentó como protagonista de una obra que había ahorrado plata en vestuario.
Escrita entre 1976 y 1977, Camino negro tuvo puestas con otros elencos y, por la exploración psicológica de los personajes, sigue siendo considerada un clásico del teatro argentino contemporáneo. Ahora, hoy mismo, Betiana parece distraída. No se acuerda, dice que no se acuerda. Evita hablar del tema dando a entender que su desnudo se dio en un contexto dramático y no erótico.
Un antes y un después
Las investigaciones sobre desnudez teatral en la Argentina muestran que ya a principios de los años ’70 existieron obras como La lección de anatomía (1972), que incorporaba la temática dentro de la variante teatro off, bajo ciertas restricciones, pero sin censuras.
“Lo gracioso -apunta Blum- es que esto ocurrió en plena calle Corrientes, teatro comercial. A una sola cuadra de distancia estaba el desnudo total de una mujer en Camino negro y el de un hombre, Adrián Ghío, en Doña Flor y su dos maridos”.
Miguel Angel Solá se fue del elenco y lo reemplazó Rodolfo Ranni. “El gordo Viale escribió la obra, me la propuso, pero le dije que no porque me iba de viaje con mi familia y volvía en abril. El gordo -cuenta Ranni- me preguntó si me ofendía si buscaban otro actor, y le dije que no. Miguel Angel Solá sabía que era un papel para mí, pero igual aceptó. En abril tomé yo su personaje porque él se enfermó y se peleó con los productores”.
Blum de archivo: “En general trabajé en muchos éxitos. Uno que atravesó fronteras es Rosa de lejos. Vendría a ser como el Esperando la carroza de la televisión. Camino negro marcó un antes y un después porque se desarrolló en la época de fin de la dictadura y, además, fue la primera obra que tuvo un desnudo total”.
-La obra estaba dirigida por tu pareja de entonces. ¿Eso ayudó a que trabajaras ahí?
-Yo nunca tuve necesidad de que nadie me ayudara -dice ella en 2026-. Estaba haciendo muchísimas cosas en ese entonces. Por suerte nunca me faltó trabajo. Ahora voy a hacer la nueva versión de El diario de Adán y Eva en Córdoba, en el mes de febrero. Y eso va a ser lo más importante.
Cortesía de Clarín
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