Científicos detectan que los eventos geológicos más extremos de la Tierra siguen un patrón matemático oculto que se repite durante miles de millones de años

Durante décadas, los científicos asumieron que los grandes eventos que marcan la historia geológica de la Tierra —como extinciones masivas, explosiones de biodiversidad o drásticos cambios climáticos— sucedían de manera irregular, casi aleatoria. Los límites entre las eras, los períodos o las épocas, esos nombres que vemos tan ordenados en los libros de texto, parecían responder más a una sucesión caótica de acontecimientos que a una estructura predecible. Pero una nueva investigación acaba de sacudir esa visión.

Un estudio publicado en la revista Earth and Planetary Science Letters propone que el tiempo geológico no solo tiene estructura, sino que dicha estructura es jerárquica, fractal y sorprendentemente predecible cuando se mira desde una perspectiva estadística lo suficientemente amplia. El trabajo, firmado por un equipo internacional liderado por el físico Shaun Lovejoy (McGill University) y el geólogo Andrej Spiridonov (Universidad de Vilna), presenta una revolucionaria forma de analizar cómo se distribuyen los eventos que definen nuestra historia planetaria.

Utilizando herramientas matemáticas como análisis multifractales y modelos probabilísticos, los investigadores examinaron series temporales que abarcan desde escalas globales hasta escalas biológicas zonales basadas en fósiles de conodontos, graptolitos, nanoplancton o ammonoideos. El resultado es contundente: los límites entre unidades geológicas no están distribuidos al azar ni espaciados de manera regular. En realidad, siguen patrones ocultos que responden a leyes fractales.

Un tiempo que se organiza en cascada

Lo que esto significa es que los eventos se agrupan en cúmulos, periodos de gran actividad seguidos por intervalos más tranquilos. Esta estructura jerárquica se parece a una especie de “cascada” temporal donde los grandes cambios engendran otros menores, en una secuencia repetitiva que se replica en distintas escalas temporales. Es un comportamiento típico de los sistemas caóticos pero organizados, como los climas extremos, las turbulencias atmosféricas o los patrones de crecimiento económico.

Uno de los hallazgos más sorprendentes del estudio es la existencia de una “escala exterior” del sistema terrestre, un límite temporal a partir del cual las fluctuaciones dejan de amplificarse. Según los datos, esa frontera estaría alrededor de los 500 a 1000 millones de años. Es decir, para captar toda la complejidad y amplitud de los procesos que modelan nuestro planeta, los registros geológicos deben abarcar, al menos, medio gigaaño. Todo lo que ocurra en periodos más cortos corre el riesgo de ofrecer una visión sesgada, incapaz de revelar la auténtica magnitud del cambio planetario.

Un descubrimiento reciente desmonta la idea de que los eventos geológicos ocurren sin patrón
Un descubrimiento reciente desmonta la idea de que los eventos geológicos ocurren sin patrón. Foto: Istock/Christian Pérez

El equipo también introduce un nuevo modelo teórico que logra simular con precisión la forma en que se acumulan los eventos geológicos en el tiempo. En este modelo, un proceso multifractal (una forma de organizar la variabilidad) controla la probabilidad de que se produzca un evento según una lógica de Poisson, es decir, según una distribución estadística específica. El resultado no es una mera sucesión aleatoria de puntos en el tiempo, sino una estructura profundamente organizada, donde los cúmulos de eventos no son anomalías, sino parte del patrón.

¿Podemos predecir el futuro observando el pasado profundo?

Este descubrimiento tiene implicaciones enormes, no solo para la forma en que interpretamos el pasado, sino también para cómo podríamos anticipar el futuro. Si los cambios en el sistema Tierra —desde extinciones hasta crisis climáticas— obedecen a lógicas jerárquicas, entonces también podrían repetirse en ciclos o secuencias que podríamos llegar a prever. Y aunque eso no significa que podamos predecir exactamente cuándo ocurrirá el próximo gran colapso ecológico, sí sugiere que hay formas de anticipar cómo se acumulan las tensiones en el sistema antes de una transformación drástica.

Además, este nuevo enfoque también obliga a reconsiderar cómo usamos los registros fósiles y geológicos en nuestras investigaciones. Durante años, los paleontólogos y geólogos han lidiado con la llamada “paradoja de Sadler”: la observación de que los registros más detallados suelen parecer más incompletos, porque cuanto más fina es la escala temporal, más evidentes se hacen los huecos. Pero bajo este nuevo paradigma, esa aparente incompletitud se convierte en una característica natural del sistema, no en un fallo del registro.

También hay implicaciones para la interpretación de eventos catastróficos como el impacto que acabó con los dinosaurios. Aunque parezcan sucesos aislados, estos encajan dentro de un patrón multifractal más amplio, donde los eventos extremos se intercalan con otros más sutiles, formando un tapiz de crisis y recuperaciones a lo largo de millones de años. La historia de la Tierra no es una sucesión de sobresaltos aleatorios, sino un proceso de transformación organizado en múltiples capas de complejidad.

Gráficos que muestran la densidad de límites bioestratigráficos en distintos registros geológicos a lo largo de 500 millones de años
Gráficos que muestran la densidad de límites bioestratigráficos en distintos registros geológicos a lo largo de 500 millones de años. Fuente: Shaun Lovejoy et al, Earth and Planetary Science Letters (2025)

El estudio también plantea interrogantes fascinantes sobre el propio concepto de “normalidad” geológica. Si el comportamiento del sistema Tierra se organiza en estas estructuras jerárquicas, entonces los periodos “tranquilos” podrían ser simplemente escalas de tiempo donde aún no se manifiesta todo el rango de variabilidad. En otras palabras, lo que hoy consideramos estable podría ser solo una pausa en una secuencia mucho más larga de transformaciones aún por venir.

Como suele ocurrir con los grandes hallazgos científicos, este trabajo no cierra el debate, sino que abre nuevos caminos. A medida que se desarrollen técnicas más precisas para analizar los registros del pasado profundo, y que se recopile más información de eras aún poco exploradas como el Proterozoico o el Arcaico, podrían surgir nuevos patrones, quizás diferentes, quizás incluso más complejos. Lo cierto es que la forma en que entendemos el tiempo geológico ya no volverá a ser la misma.

OBRAS DE INFRAESTRUCTURA HIDALGO

Cortesía de Muy Interesante



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