El cuerpo es un territorio de desencuentro, conflicto y dolor. A veces cuesta habitarlo, comprenderlo o aceptarlo; se siente ajeno y extraño. Sin embargo, a través del arte puede recuperarse, renombrarse y volver a habitarse.
Con esta premisa llega al Museo Cabañas la exposición “Pared de carne donde antes lo ocular”, del artista tapatío Temoc Camacho, quien presenta sus inquietudes personales y artísticas en diálogo con el dramaturgo y poeta Antonin Artaud. Mediante un cruce entre plástica y teatro, Camacho aborda el cuerpo masculino como un espacio frágil y vulnerable, lejos de la imagen de fuerza con la que tradicionalmente se le asocia, y que en la vida cotidiana resulta tan distante de la realidad.
“Esta es una exposición en la que vengo trabajando desde hace algunos meses, son pinturas al óleo, la mayoría en papel, y giran en torno a ciertos conceptos y temas de carácter dramático, actoral, filosófico”, comenta el artista Temoc Camacho en conversación con EL INFORMADOR. “La exposición se centra particularmente en la figura masculina desde muchos aspectos, atravesándola primeramente por el desnudo masculino y la desmitificación del hombre como ser todopoderoso, constantemente asociado al poder”.
“Es una expresión que aborda la figura masculina intentando captarla desde un punto de vulnerabilidad. Esta muestra es, en cierto sentido, una continuación de lo que ya venía trabajando anteriormente: pinturas que abordan el desnudo masculino sobre materiales efímeros, como el papel o la tinta. Todas estas pinturas y muestras que podrán ver los tapatíos fueron hechas pensando en el Cabañas, todas diseñadas especialmente para ese espacio”.

Una propuesta a la confrontación
“Pared de carne donde antes lo ocular” surge de una invitación del Museo Cabañas para Temoc Camacho, y la exposición fue curada por Lorena Peña Brito. La exposición es una propuesta a la confrontación, a un dolor que debe ser enfrentado y cuestionado para que nazcan las preguntas y la imaginación, al papel que juega el cuerpo -nuestro único hogar verdadero- en este sistema económico y social que nos vuelve ajenos a nosotros mismos, que no nos deja preguntarnos quiénes somos, que nos impone una idea intransigente de lo que “debe” ser. En una época en constante cuestionamiento de lo que es ser masculino, todavía ciertas cadenas de ideas siguen pesando: finalmente somos humanos.
“El cuerpo, particularmente el masculino, tiene un papel central”, cuenta Temoc Camacho. “Yo vengo también de proyectos de danza, de danza experimental, donde las metodologías para construir piezas escénicas se abordaban desde un horizonte muy visual, muy contemplativo. Mi idea de relacionar la danza y otras artes vivas con la pintura viene desde el gesto: son pinturas que intento que sean muy gestuales, provocadoras, que transmitan la sensación visual de enfrentarse a la carne, a la experiencia efímera del cuerpo, aquello que nos acompaña durante nuestro paso por esta vida y que inevitablemente se deteriora”.
“Lo vinculo con el desnudo masculino porque creo que, en esta época donde estamos revisando nuestras identidades, hacer una revisión de la pintura al desnudo masculino resulta relevante. Además, se trata de un desnudo que no busca empoderar la figura masculina sólo por ser masculina, sino que muestra cuerpos más cercanos a lo real: vulnerables, maltratados, sometidos a la vida misma. Cuerpos simplemente humanos, con huellas y marcas. La idea de la perfección del cuerpo masculino que tantas veces nos pintaron ya no embona con la realidad. Esta muestra es una revisión de lo que soy y del cuerpo que habito”.
Temoc Camacho ve en “Pared de carne donde antes lo ocular” un momento importante en su trayectoria, pues el Museo Cabañas no sólo es uno de los espacios más importantes de Guadalajara, sino también una de sus casas, donde estudió desde que dejó la secundaria, donde se internó en el arte, y que ha estado presente en distintos periodos de su vida personal, y de su vida como artista.
“Estoy muy emocionado porque para el Cabañas es la muestra más importante que he tenido hasta ahora y, además, significa mucho porque es mi escuela. Ahí estudié desde que salí de la secundaria, después la carrera de pintura, y más tarde la universidad cuando la sede estaba ahí. El Cabañas, para mí, es uno de los lugares más importantes de Guadalajara; un espacio que me ha acompañado en diferentes etapas de mi vida, desde los cursos hasta la licenciatura”, finalizó el artista tapatío.
La revalorización de la artesanía como arte legítimo
La mirada artística ha dado una óptica intransigente a la artesanía, calificándola como un arte secundario, un arte menor. No obstante, sus maestros son artistas legítimos y es un arte en toda regla, por más que los críticos y quienes dictan lo que es el arte se empeñen a subcategorizarla.
Ahora, el Museo Cabañas, bajo la curaduría del artista Miguel Arelis, alista la exposición “Insistir el Arte Popular de la Colección Roberto Montenegro”, una muestra que precisamente busca resignificar y dar una nueva mirada -dignificar- el arte popular que se encuentra en esta colección del maestro tapatío, y que por medio siglo estuvo resguardada en el acervo del Museo Cabañas.
Miguel Arelis, curador de este acervo oculto en el tiempo, se propuso dar una nueva mirada a las artesanías como una fuerza que está viva y que palpita, que es política, que merece un justo reconocimiento.
“Esto surgió de una invitación que me hicieron en el Cabañas para hacer una lectura de la colección. Me hicieron la comisión de trabajar con esta colección de Montenegro, y relacionarla con lo que yo he venido investigando”, compartió el artista Miguel Arelis en entrevista con EL INFORMADOR.
“La colección fue formada por el propio Montenegro entre 1930 y 1934, cuando se inauguró el primer Museo de Arte Popular en México, alojado en el Palacio de Bellas Artes. Me pareció interesante porque uno de mis temas de trabajo es el reconocimiento del arte popular dentro del ámbito legitimado de las bellas artes. El arte popular ha sido históricamente infravalorado, ya que quienes lo han creado son, en su mayoría, indígenas, campesinos o personas de bajos recursos. Esto ha provocado que siga segregado: existen museos de arte popular, pero no suele mezclarse con los museos de arte legitimado”.
El papel de Roberto Montenegro en la revalorización de las artesanías como parte esencial del arte mexicano es fundamental; reconoció otras maneras de hacer arte, fue recopilador de todo tipo de objetos y de prácticas; siguiendo esta visión, Miguel Arelis da su merecido lugar a las piezas que él curó de esta colección, y que verán la luz en esta exposición del Museo Cabañas.
Para él fue sorprendente, mientras indagaba en los acervos del maestro, encontrar maneras de hacer arte de hace medio siglo en piezas únicas. Es decir, técnicas artísticas, objetos, que hoy en día ya no se realizan, que ya no son comunes de ver. Técnicas y objetos que en su momento llegaron a ser parte identitaria de Jalisco, de sus costumbres, de sus municipios.
“Lo que me pasó cuando estaba en la bodega viendo las piezas es que había cosas que ya no reconocía. Y no las reconocía porque ya son objetos que no se hacen”, comparte el curador.

“Esta colección se formó en 1930. Son piezas que ya no se producen o que se transformaron. No quisiera decir que desaparecieron, pero sí cambiaron o dejaron de elaborarse. Por ejemplo, en esta colección está la loza de Sayula, que hoy ya casi no se hace; existen proyectos que han intentado revivirla, pero en general pertenece más al pasado que al presente”.
“Otro caso es el de una loza de Guerrero que en los años setenta comenzó a modificarse por cuestiones comerciales. Así, las piezas seleccionadas son ejemplos de técnicas que dejaron de realizarse hace más de cincuenta años. Algo similar ocurre con los platos de barro, una técnica de Tonalá. Ya no se hacen como antes porque las prácticas cambiaron y se adaptaron a intereses comerciales. En las piezas antiguas se nota una mano más tosca, trazos libres y espontáneos”.
Sin duda, “Insistir el Arte Popular de la Colección Roberto Montenegro”, por Miguel Arelis es una búsqueda, un mirar al otro, darle lugar a todas esas otras voces que merecen ser escuchadas y reconocidas. “En la medida en que se reconozca esta noción, esta validación, también es darles el lugar, respetar y considerar a todos estos artesanos, a todas estas personas. Hay que dar igualdad, reconocimiento, visibilidad. Lo que quieren los artesanos es reconocimiento, posicionamiento, una mejor vida”, finalizó el artista.
Doble inauguración
La apertura de “Pared de carne donde antes lo ocular” e “Insistir el Arte Popular de la Colección Roberto Montenegro” será este sábado 30 de agosto, en el Museo Cabañas, a las 11:00 de la mañana.
CT
Cortesía de El Informador
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