Desafíos de la longevidad y la silverización


En el mundo están ocurriendo transformaciones profundas. Algunas son muy visibles, como el cambio climático. Otras, como la revolución cultural impulsada por la Inteligencia Artificial (IA), también capturan la atención global. Sin embargo, existe otro punto de inflexión tan amplio, profundo y desafiante como los anteriores, aunque menos evidente: el cambio en la estructura demográfica, especialmente pronunciado en América Latina.

FERIA DE SAN FRANCISCO

Cada vez nacen menos niños y crece la cantidad de personas mayores de 60 años. La tasa de fecundidad cayó a nivel global de cinco hijos por mujer en los años 50 a alrededor de 2.3 en la actualidad. En países como Chile, la cifra es incluso más baja: 1.16 hijos por mujer.

Paralelamente, la esperanza de vida ha aumentado significativamente: de 46 años en los años 50 a más de 73 hoy. En México, este índice es de 75 años, mientras que en Chile alcanza los 82, superando a la mayoría de los países latinoamericanos.

Este fenómeno —que se intensificará hacia 2050— responde a múltiples factores. El mayor protagonismo de la mujer en el ámbito laboral y la complejidad de la vida urbana han reducido la motivación para tener hijos. A la vez, los avances médicos y las mejoras en las condiciones de vida han extendido la esperanza de vida en casi tres décadas. Cada vez es más común encontrar personas nonagenarias y centenarias.

La longevidad no solo debe verse como un logro científico —que ciertamente lo es—, sino también como un gran desafío y una fuente de oportunidades. Esto es lo que hoy se conoce como “silver economy” o economía plateada.

La irrupción de esta nueva longevidad, este proceso de “silverización” de la sociedad, está derribando mitos y transformando la percepción del envejecimiento. En Chile, por ejemplo, solo el 20 % de los mayores de 60 años requiere cuidados de terceros. El 80 % son personas autovalentes, activas, que consumen, producen y desean seguir aportando a la sociedad. Quieren continuar trabajando —en condiciones acordes a su edad—, aprender para adaptarse a los cambios tecnológicos, viajar, hacer deporte y disfrutar la vida.

Los gobiernos y el sector empresarial serán los primeros en sentir las consecuencias del envejecimiento poblacional si no toman conciencia de este cambio demográfico. ¿Qué sentido tiene seguir obligando a las personas a jubilar a los 60 o 65 años? ¿Qué se espera que hagan en los 30 o 40 años que podrían vivir después? ¿Por qué desaprovechar su experiencia, responsabilidad y conocimientos, especialmente cuando habrá cada vez menos jóvenes para reemplazarlos?

Personas activas son personas con cuerpo y mente sanos hasta edades avanzadas. Desde el punto de vista de la salud pública, la economía y el orden social, es crucial fomentar una longevidad activa, digna y con propósito.

Si la sociedad comprende el alcance de este desafío social y cultural, podrá diseñar políticas inteligentes. Así, se reducirán los costos en salud y pensiones, y las empresas podrán beneficiarse de un valioso contingente “platinado”, tanto en su fuerza laboral como entre sus consumidores. Porque no debemos olvidar: sin empleados y sin clientes, una empresa no vale nada.

OBRAS DE INFRAESTRUCTURA HIDALGO

Cortesía de El Informador



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