Descubierto en Marruecos un fósil que aclara el origen común de sapiens, neandertales y denisovanos

Durante décadas, el origen de nuestra especie ha sido un relato contado a medias, escrito con huesos fragmentados, lleno de silencios geológicos y convertido en un rompecabezas del cual, aunque intuíamos la forma, veíamos que aún faltaban piezas clave para poder apreciar la imagen completa. Gracias a la genética, sabíamos que ‘Homo sapiens’, neandertales y denisovanos compartieron un ancestro común que vivió hace entre 765.000 y 550.000 años. Pero hasta ahora nadie sabía ni cómo ni dónde vivieron esas poblaciones que, con el tiempo, dieron forma a los distintos linajes humanos. Según anuncia este miércoles la revista ‘Nature’, un equipo internacional de científicos ha hallado en Marruecos unos fósiles de unos 773.000 años que podrían resolver este enigma y ayudarnos a entender un poco mejor de dónde venimos.  

El descubrimiento, liderado por el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, se basa en el análisis de unos restos hallados en el yacimiento prehistórico de Thomas Quarry I, en Casablanca. Se trata de restos de mandíbulas, dientes, vértebras y fragmentos óseos hallados en la llamada Grotte à Hominidés, una ‘cápsula del tiempo’ formada por la acción del mar y después sellada posteriormente por la acumulación de sedimentos. Los análisis del lugar indican que en su día este espacio pudo haber sido una antigua guarida de carnívoros ya que, por ejemplo, algunos de los fémures presentan marcas de mordeduras. Pero hoy, tal y como explican los investigadores, este lugar ofrece una oportunidad única para asomarse a la vida y la biología de unas poblaciones humanas muy antiguas, situadas en un momento clave de la evolución.

Los fósiles fueron hallados en una cueva que guarda aún las huellas de la última gran inversión magnética del planeta

Tras el hallazgo de los fósiles, los investigadores se enfrentaron a uno de los mayores retos de la paleoantropología que es averiguar con exactitud cuándo vivieron esos homininos. Para ello, más allá del estudio de los huesos, el equipo de Jean-Jacques Hublin llevó a cabo un análisis magnético de alta resolución de 180 muestras de sedimentos de la cueva, ya que estos conservan la huella de los cambios del campo magnético terrestre a lo largo del tiempo. Gracias a este método, los científicos pudieron demostrar que los restos se depositaron durante la última gran inversión magnética del planeta, ocurrida hace unos 773.000 años. La cronología también ha sido respaldada por otros los fósiles de fauna y evidencias indirectas halladas en la cueva.

Combinación de rasgos arcaicos y modernos

Los análisis anatómicos demuestran que el homínido que vivió hace 773.000 años en Marruecos tenía una “combinación de rasgos arcaicos y modernos“. Por ejemplo, las mandíbulas y los dientes conservan características primitivas heredadas de formas antiguas de los primeros ‘sapiens’, pero al mismo tiempo muestran proporciones y estructuras internas que se aproximan a las de poblaciones posteriores del Pleistoceno medio. El estudio detallado de la unión entre esmalte y dentina también indica que estos individuos no encajan con poblaciones ni de ‘Homo erectus’ ni de ‘Homo antecessor’ sino que representan “una rama africana temprana” muy cercana al punto en el que se separaron los linajes de los ‘sapiens’, neandertales y denisovanos.

El hallazgo de estos restos sitúa a África y no a Eurasia como el nexo que une a los distintos linajes de homínidos

Este hallazgo refuerza de forma contundente la idea de que todos los humanos actuales tenemos una ascendencia profundamente africana porque, en el fondo, sitúa en África (y no en Eurasia) como cuna del nexo que une a los distintos linajes de homínidos. El estudio, de hecho, sugiere que la raíz compartida de toda la humanidad se encuentra en África y que las diferencias que hoy reconocemos entre poblaciones humanas son el resultado de una diversificación posterior, fruto de migraciones, aislamientos regionales y adaptaciones locales, pero con un origen común africano. “Estos fósiles indican que todos somos de ascendencia africana“, resumen los autores del trabajo, que tras se perfila como un punto de inflexión en el estudio de los orígenes humanos.

Vínculo con las poblaciones de Atapuerca

El fósil de Marruecos guarda una relación interesante con los hallazgos de Atapuerca, donde se descubrió ‘Homo antecessor’. Los expertos afirman que ambos fósiles podrían “casi contemporáneos” ya que, entre otras cosas, muestran una mezcla de rasgos antiguos y más modernos aún perteneciendo a poblaciones distintas y situadas en los extremos opuestos del Mediterráneo. Mientras que los homínidos de Atapuerca se acercan más a la línea que dio lugar a los neandertales, los de Marruecos representan una rama africana vinculada a los antepasados de los ‘sapiens’. “En un futuro, habrá que comparar estos nuevos restos norteafricanos con los fósiles de Homo antecessor en Atapuerca”, afirma el paleontólogo Juan Luis Arsuaga, director científico del Museo de la Evolución Humana de Burgos, tras la publicación de este hallazgo.

Todo apunta a que el hallazgo del fósil de Casablanca abrirá un nuevo capítulo en los estudios sobre los orígenes de nuestra especie. Sobre esta cuestión se pronuncia Juan Ignacio Morales, investigador Ramón y Cajal en IPHES-CERCA, quien recuerda que el “último antepasado común” no es un individuo, sino una población o conjunto de poblaciones, y es muy difícil que un fósil concreto sea “el” antepasado común. “Los restos de Thomas Quarry (África) y los de Gran Dolina (Europa) son las formas humanas más cercanas halladas hasta ahora del último antepasado común de sapiens y neandertales. Son, probablemente, dos de los mejores candidatos fósiles para aproximarnos a poblaciones cercanas a esa divergencia, sobre todo por su posición temporal”, comenta el especialista en un comentario remitido al Science Media Centre España.

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Cortesía de El Periodico



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