Descubren en el yacimiento de Tlatelolco una vivienda prehispánica que fue reutilizada como espacio funerario infantil

En el corazón de la Ciudad de México, bajo el pavimento moderno y a pocos metros de la Zona Arqueológica de Tlatelolco, los arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) realizaron un descubrimiento excepcional durante una intervención. El hallazgo ha puesto al descubierto una unidad doméstica prehispánica que se reutilizó posteriormente con fines funerarios. Su descubrimiento, que ha aportado información inédita sobre las prácticas sociales y rituales de los antiguos habitantes tlatelolcas y mexicas que vivieron en el área antes de la llegada de los europeos, tiene una importancia doble. Por un lado, permite comprender aspectos de la vida y la muerte en el México antiguo. Por otro lado, ayuda a redefinir los límites del antiguo islote de Tlatelolco, un importante centro político, económico y cultural del periodo Posclásico Tardío.

Un hallazgo inesperado bajo La Lagunilla

La intervención arqueológica se desarrolló entre octubre y diciembre de 2025 en un predio del Eje Central Lázaro Cárdenas, en la colonia Guerrero, en la zona conocida como La Lagunilla. Una de las áreas más transitadas de la capital en el presente, en la época prehispánica, este sitio formó parte de la corona habitada que rodeaba el islote tlatelolca. Se trata de una configuración geográfica que combinaba tierra firme con islas naturales y artificiales alrededor del lago de Texcoco.

Templo principal de Tlatelolco. Fuente: Thelmadatter/Wikimedia

La casa que contó tres historias

Los trabajos de excavación revelaron un contexto con una compleja secuencia estratigráfica. Se documentaron 24 capas arcillosas con evidencias de intervención humana para nivelar el terreno en al menos tres momentos diferentes a lo largo del tiempo. Cada una de estas fases aporta claves sobre cómo evolucionó el uso del espacio.

La primera fase, identificada a partir de fragmentos cerámicos dispersos, sugiere la presencia de grupos humanos de carácter posiblemente transitorio o de bajo estatus económico. Aunque no se han preservado estructuras completas ni ejemplos arquitectónicos significativos, la cerámica indica una actividad humana consistente en ese nivel.

La segunda fase corresponde a una unidad doméstica claramente identificable, con paredes, suelos y un tlecuil de piedra (un fogón de uso cotidiano). Todos estos restos se han interpretado como elementos propios de una vivienda estable. Este nivel incluye cerámica de estilo Azteca III, vasijas, malacates, cajetes y otros objetos domésticos, así como navajillas de obsidiana en múltiples colores. Los materiales sugieren que, aun sin pertenecer a una élite aristocrática, se trataba de un núcleo familiar con cierta capacidad económica.

La tercera fase representa una transformación significativa del espacio. La vivienda se reutilizó como lugar funerario y fue en este contexto donde se localizaron tres entierros humanos, todos en asociación directa con los restos arquitectónicos.

Excavaciones en Tlateloloco
Tlateloloco. Fuente: Melitón Tapia/INAH

Entierros humanos: niños en el umbral de la vida y de la muerte

Los tres individuos encontrados en esta última fase eran menores de edad. Este dato plantea preguntas relevantes sobre las prácticas mortuorias, la organización familiar y las concepciones del ciclo de vida entre los habitantes del sitio. En el pozo etiquetado como Pozo 2 se halló un infante de entre dos y cinco años de edad, colocado boca arriba. Junto a él, se identificó una ofrenda consistente en una copa bicónica de estilo Texcoco, de color rojo con una banda negra doble en el borde, acompañada de huesos de un animal aún por identificar.

Durante la excavación de este individuo, se localizó un segundo cuerpo. Se trataba de un neonato de entre 0 y 3 meses de edad, desprovisto de cráneo. Esta ausencia puede atribuirse tanto a los procesos de desintegración tafonómica como a posibles prácticas funerarias específicas. Este segundo individuo se encontró, con los pies orientados en sentido opuesto a los del infante mayor, un detalle que podría tener significados simbólicos o rituales.

En el área distinta del Pozo 10, por su parte, se recuperó el tercer entierro, correspondiente a un subadulto de entre 12 y 15 años. Esta osamenta también carece de cráneo. El subadulto se halló en posición fetal, lo que, según los investigadores, podría reflejar concepciones cosmológicas relacionadas con la vida, la muerte y el retorno a la tierra en la cosmovisión mesoamericana.

Zona arqueológica
Zona arqueológica. Fuente: TlatelolcoTV/Wikimedia

Elementos domésticos y rituales: un contexto integrador

La presencia de un tlecuil de piedra en el contexto de la unidad doméstica fue el elemento crucial que permitió confirmar que se trataba del interior de una vivienda. Este tipo de fogón se usaba para preparar alimentos y su ubicación dentro del espacio habitable indica la centralidad de las prácticas culinarias en la vida cotidiana. Su asociación con los restos humanos en la fase final sugiere, además, una posible relación entre lo doméstico y lo funerario que merece un análisis más profundo.

Junto con los restos humanos y arquitectónicos, los arqueólogos recuperaron una amplia colección de materiales. Entre ellos, se cuentan fragmentos de vasijas, figurillas antropomorfas, navajillas de obsidiana negra y de tonos verde, gris y dorado, y un sello decorado con la imagen de un mono asociado al dios del viento Ehécatl, una deidad de notable relevancia en el panteón mexica. La cerámica de estilo Azteca III corresponde a la última fase de la ocupación tlatelolca y mexica en la región, lo que ha permitido situar cronológicamente esta vivienda funeraria alrededor del periodo Posclásico Tardío (1325–1521).

Yacimiento
Recreación fantasiosa. Fuente: Midjourney/Erica Couto

Redefiniendo los límites del islote de Tlatelolco

La ausencia de sedimentos típicos de un lecho lacustre (es decir, de suelos lacustres asociados al antiguo lago de Texcoco) indica que el espacio excavado correspondía a tierra firme consolidada en época prehispánica. Este detalle es fundamental, pues implica que el islote de Tlatelolco pudo haberse extendido hacia el suroeste y el sur más allá de lo que se había estimado tradicionalmente. Por tanto, la ocupación permanente y la infraestructura constructiva pudieron abarcar un área mayor.

Este conjunto de evidencias constituye un aporte robusto para la arqueología mesoamericana. Además de recuperar restos materiales de gran valor histórico y cultural, también ofrece nuevas perspectivas sobre la ocupación, las prácticas funerarias y la organización del espacio en una de las urbes más importantes del México prehispánico.

Referencias

Cortesía de Muy Interesante



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