Descubren en una cueva del siglo VII una comunidad con el primer caso de viruela medieval identificado en la península ibérica, endogamia extrema e infecciones animales

Durante siglos, las cuevas excavadas en la roca de Las Gobas, en el Condado de Treviño (provincia de Burgos), permanecieron como un enigmático testimonio pétreo de una comunidad medieval que dejó pocas huellas materiales… pero muchos secretos bajo tierra. Pero un estudio publicado en Science Advances ha desenterrado no solo los restos humanos de 41 individuos, sino también una compleja historia de aislamiento, endogamia, enfermedades y conflicto en un rincón olvidado del norte peninsular.

El trabajo, liderado por el investigador Ricardo Rodríguez Varela del Centre for Palaeogenetics de Estocolmo, ha logrado combinar datos arqueológicos, genéticos y antropológicos para reconstruir la vida de una comunidad cristiana rural entre los siglos VI y XI, situada en el borde de las zonas dominadas por el Islam durante la Edad Media. El resultado es tan fascinante como inquietante: una población casi inmóvil durante cinco siglos, con relaciones de parentesco extremadamente estrechas, signos de violencia mortal y enfermedades infecciosas adquiridas a través del contacto estrecho con animales.

Las Gobas: una “Cappadocia” ibérica

El yacimiento de Las Gobas se compone de un conjunto de trece cuevas artificiales, dos de ellas reutilizadas como iglesias, excavadas en un farallón rocoso a orillas del río Laño. Desde mediados del siglo VI, este asentamiento fue ocupado por un grupo que transformó el entorno natural en un espacio doméstico, funerario y religioso. Las primeras fases del lugar muestran que se trataba de una comunidad viva, que habitaba y enterraba en el mismo espacio. Pero a partir del siglo IX, el asentamiento residencial se trasladó al valle, quedando las cuevas únicamente como necrópolis.

Los análisis genéticos de 33 individuos, combinados con dataciones radiocarbónicas y estudios osteológicos previos, han permitido reconstruir árboles genealógicos con un nivel de detalle sin precedentes para este periodo. En uno de ellos, se ha identificado una línea familiar de al menos tres generaciones en las que varios niños murieron a edades tempranas, lo que sugiere tanto problemas de salud como de consanguinidad.

Vista del enclave de Las Gobas, un conjunto de trece cavidades talladas en la ladera rocosa, de las cuales dos fueron adaptadas como espacios de culto cristiano
Vista del enclave de Las Gobas, un conjunto de trece cavidades talladas en la ladera rocosa, de las cuales dos fueron adaptadas como espacios de culto cristiano. Foto: Grupo de investigación en Patrimonio Construido/ Universidad del País Vasco

Una comunidad marcada por la endogamia

El aislamiento geográfico de Las Gobas, rodeada de montañas y alejada de grandes núcleos urbanos, contribuyó a crear una comunidad extremadamente cerrada. El estudio genético ha revelado niveles inusuales de endogamia, con varios individuos que eran descendientes de padres consanguíneos, posiblemente primos. En algunos casos, los investigadores han detectado extensas regiones de homocigosidad en el ADN, lo que indica una consanguinidad comparable a matrimonios entre hermanos o padres e hijos.

Curiosamente, este patrón no se limita a una única fase del yacimiento. En las primeras ocupaciones, los lazos de parentesco son intensos y frecuentes, pero incluso en la fase posterior, cuando las cuevas ya no eran lugar de residencia, persiste la práctica de enterramientos de parientes cercanos. Este fenómeno refuerza la idea de un grupo fuertemente endogámico, con escaso contacto genético con otras poblaciones.

Violencia y muerte en la frontera cristiano-musulmana

El análisis osteológico de algunos individuos ha revelado heridas de espada en los cráneos, señal de enfrentamientos violentos. Dos de los hombres enterrados muestran lesiones claras: uno murió por un corte profundo en el cráneo, y otro sobrevivió a una herida similar. Las dataciones sitúan estos eventos en los inicios de la ocupación del yacimiento, en plena época de conflictos tras la caída del reino visigodo y las primeras oleadas de conquista musulmana en la península.

Estos hombres resultaron ser familiares cercanos, lo que añade una dimensión más humana —y trágica— a la historia: no se trataba de guerreros aislados, sino de miembros de un linaje fundacional. El estudio sugiere que, quizás, esta comunidad nació bajo la protección de un grupo militar o una élite local con cierta autonomía en una zona de frontera.

Una parte del yacimiento funerario muestra que la mayoría de los individuos sepultados estaban emparentados entre sí, formando una red de vínculos familiares que se extendía entre generaciones
Una parte del yacimiento funerario muestra que la mayoría de los individuos sepultados estaban emparentados entre sí, formando una red de vínculos familiares que se extendía entre generaciones. Foto: Asier Izaguirre/Sociedad de Ciencias Aranzadi

Enfermedades que hablan de animales y epidemias

Uno de los aspectos más innovadores del estudio ha sido la aplicación de análisis metagenómicos, que permitieron detectar patógenos antiguos en los restos humanos. En total, se identificaron seis enfermedades infecciosas, la mayoría de origen zoonótico, es decir, transmitidas por contacto con animales.

Entre ellas, destaca Erysipelothrix rhusiopathiae, una bacteria que provoca erisipeloide, una infección cutánea que suele afectar a quienes manipulan carne de cerdo o animales domésticos. Su hallazgo en varios individuos indica un contacto estrecho y constante con animales, probablemente a través de la ganadería.

Aún más llamativo fue el descubrimiento del virus causante de la viruela. Este caso, localizado en un individuo enterrado hacia el siglo X, representa la evidencia genética más antigua de esta enfermedad en el sur de Europa. Y, lo más revelador: el genoma viral recuperado se agrupa con cepas descubiertas en Escandinavia, Alemania y Rusia, lo que sugiere que la viruela entró en la península por rutas europeas, y no desde el norte de África como se había planteado en otras teorías.

Uno de los grandes interrogantes de la historia genética de la península ibérica es la magnitud de la influencia norteafricana tras la conquista islámica del 711. En el caso de Las Gobas, los resultados son claros: el componente norteafricano y del Cercano Oriente en los individuos analizados es muy bajo, e incluso decrece ligeramente a lo largo del tiempo. A diferencia de las poblaciones del sur, donde se han detectado niveles elevados de ADN de origen norteafricano, en este enclave del norte la presencia fue mínima.

Este dato, junto con la falta de movilidad observada y la endogamia persistente, apunta a una comunidad que, pese a estar relativamente cerca de la frontera política con Al-Ándalus, se mantuvo genéticamente aislada. Ni el paso de imperios, ni las guerras, ni las rutas comerciales parecen haber alterado su identidad genética de forma significativa.

Una historia íntima, escrita en los huesos

La historia de Las Gobas no es la de grandes batallas ni de reyes famosos. Es la historia silente de generaciones de hombres, mujeres y niños que vivieron, trabajaron, enfermaron y murieron en un pequeño rincón de la península ibérica. Una historia escrita en los huesos, que la genética ha logrado leer con una nitidez sorprendente.

Gracias a estudios como este, la historia medieval deja de ser solo la crónica de los poderosos para convertirse también en la historia íntima de los olvidados. Y Las Gobas, con sus cuevas silenciosas, emerge como uno de los testimonios más fascinantes de la vida rural en la Alta Edad Media.

Referencias

  • Ricardo Rodríguez-Varela, Reyhan Yaka, Zoé Pochon, Iban Sanchez-Pinto, José Luis Solaun, Thijessen Naidoo, Benjamin Guinet, Patxi Pérez-Ramallo, Vendela Kempe Lagerholm, Violeta de Anca Prado, Cristina Valdiosera, Maja Krzewińska, Lourdes Herrasti, Agustín Azkarate, Anders Götherström. Five centuries of consanguinity, isolation, health, and conflict in Las Gobas: A Northern Medieval Iberian necropolis. Science Advances, 2024; 10 (35) DOI: 10.1126/sciadv.adp8625

Cortesía de Muy Interesante



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