Desde el inicio de los tiempos, el ser humano ha intentado recrear lo que observa en la naturaleza, buscando reproducir sus colores, sus formas e incluso imitar sus materiales. Y así ha ocurrido también con los diamantes. Lo que antes parecía un sueño que evocaba a la alquimia o a la ciencia ficción, hoy es una realidad: los diamantes de laboratorio van al auge.
Gracias a los avances tecnológicos, es posible recrear estas gemas en condiciones controladas, con una apariencia, composición y dureza prácticamente idénticas a las de los diamantes extraídos de la tierra.
Los diamantes de laboratorio han ganado popularidad en el sector joyero gracias a que permiten portar un lujo en hermosas piezas de joyería con un menor precio. Y aunque se trata de gemas creadas artificialmente, no quiere decir que sean diamantes falsos. Ambos son completamente reales y tienen un valor único. Su diferencia reside solamente en el proceso de crecimiento: uno se forma a cientos de kilómetros bajo la tierra y el otro, cuidadosamente, capa a capa, en un laboratorio.
De acuerdo con la plataforma global de datos Statista, el valor de mercado de los diamantes cultivados en laboratorio ascendió a más de 27 mil 200 millones de dólares al cierre de 2023, y se espera que experimenten un aumento significativo para 2032, alcanzando unos 59 mil 500 millones de dólares.
Cómo se forman los diamantes naturales y los de laboratorio
Un diamante natural puede tardar miles de millones de años en formarse. El proceso ocurre debajo de la tierra, a más de 200 kilómetros de la superficie, donde el carbono puro se somete a presiones extremas y altas temperaturas necesarias para la formación de la gema.
Una vez identificados los terrenos donde podría existir la formación de estos minerales, entra en acción el proceso de minería, que requiere extracción subterránea y a cielo abierto con grandes máquinas y largas jornadas de trabajo. De ahí pasan a las manos que medirán su kilataje y su potencial para convertirse en joyas de alto valor.
Es precisamente todo este proceso lo que da a los diamantes su alto precio, al estimar el tiempo y las condiciones que culminan en exclusivas piezas, muchas de las cuales se convierten en inversiones para quienes las poseen.
En contraste, los diamantes creados en laboratorio buscan simular los procesos de formación a partir de herramientas y técnicas especializadas. No dejan de considerarse gemas y son utilizadas en lujosas joyas, lo que explica el crecimiento de este mercado.

La joyería mexicana y el crecimiento de los diamantes de laboratorio
Aunque no hay todavía estudios en México que hablen sobre el comercio de los diamantes de laboratorio, de acuerdo con lo analizado por María Fernanda Vergara, de Joyería Salvador Vergara, pasaron de ser algo experimental a convertirse en una realidad que está transformando la industria. Se estima que pronto alcancen una participación del 40% en la comercialización de joyas con diamantes, lo que abre un debate necesario sobre estas gemas.
El Instituto Gemológico Internacional (IGI) es uno de los dos organismos que certifican la calidad de los diamantes, junto con el Instituto Gemológico de América (GIA). Ambos califican el color y la pureza tanto de los diamantes naturales como de los cultivados en laboratorio.
IGI explica que los diamantes de laboratorio con calidad de gema se cultivan mediante dos métodos: alta presión y alta temperatura (HPHT) y deposición química de vapor (CVD). Al cultivarse en ambientes controlados y no implicar minería, se han vuelto cada vez más populares por su producción considerada más ética y ecológica.
HPHT y CVD: métodos de creación de diamantes de laboratorio
En el método HPHT, la producción simula las condiciones extremas de presión y temperatura que se encuentran en las profundidades de la Tierra. Una pequeña semilla de diamante se coloca en una cámara que alcanza temperaturas de hasta 1,500 °C, sometida a presiones muy altas. El carbono se funde y se deposita sobre la semilla, formando un nuevo diamante capa a capa, en un proceso que puede tardar varias semanas.
María Fernanda Vergara recordó que fue en 1954 cuando General Electric diseñó esta forma de fabricar diamantes sintéticos industriales, de baja calidad, usados en aplicaciones técnicas e industriales. No fue sino hasta la década de 1990, tras años de perfeccionamiento, que comenzaron a producirse diamantes de laboratorio con calidad y pureza para joyería, los cuales empezaron a certificarse en la segunda década de los 2000.
En el método CVD, una semilla de diamante se coloca en una cámara a unos 800 °C. La cámara se llena con gases ricos en carbono, como metano, que se ionizan para formar un plasma. El carbono liberado se deposita sobre la semilla, permitiendo que el diamante crezca gradualmente. Aunque más lento que HPHT, el método CVD se considera productor de diamantes de mayor claridad.

Ética, sostenibilidad y debate en torno a los diamantes
La fabricación de diamantes cultivados ha sido vista como más ética y sostenible, al no implicar erosión ni malas condiciones laborales asociadas con la minería. Sin embargo, para expertos como Alejandro Villegas, esto es, en parte, un mito.
“No le podemos mentir al consumidor. Es menos complejo montar una planta de diamantes de laboratorio que tener una mina de gemas naturales; el proceso es más limpio, aunque no mucho más. Todo depende del fabricante. Así como existen minas con procesos adecuados, también hay fábricas sin controles ambientales ni uso de energías renovables”, señaló.
Riesgo de fraude: el reto de distinguirlos
La creciente producción de diamantes cultivados ha abierto otra discusión: el riesgo de fraude en la compraventa. El ojo humano es incapaz de identificar por sí mismo un diamante natural de uno de laboratorio, lo que supone un peligro para quienes invierten en joyas de alto valor.
Un ejemplo ocurrió a mediana escala con ELJA Joyería, una empresa familiar con más de 75 años de historia. Tras comprar a un proveedor, descubrieron que este había pasado de vender diamantes naturales a mezclar y luego sustituirlos por cultivados, sin informarles. Ante la denuncia de clientes, la joyería decidió revisar cada pieza, reemplazar las gemas y, finalmente, lanzar su línea Elaine by ELJA, especializada en diamantes de laboratorio, ahora con certificación garantizada.

Hoy, joyerías como Elaine, Salvador Vergara y Gemmex utilizan tecnologías de detección —como espectroscopía y análisis de conductividad térmica— para identificar el origen de las gemas. Incluso el GIA anunció que en 2025 dejará de aplicar las 4Cs tradicionales (corte, color, claridad y quilates) en diamantes cultivados, y en su lugar los clasificará en dos categorías: “premium” o “estándar”.
Diamantes naturales o de laboratorio: inversión frente a accesibilidad
Para los expertos, la gran diferencia está en la inversión y el acceso. Mientras los diamantes naturales, por su escasez, suelen mantener o aumentar su valor, los cultivados son más accesibles y permiten adquirir joyas de mayor tamaño a precios entre 30% y 90% más bajos.
María Fernanda Vergara explica que la producción masiva de diamantes cultivados tiende a bajar su precio con el tiempo, a diferencia de los naturales, que suelen apreciarse. Sin embargo, reconoce que los cultivados ofrecen versatilidad y han atraído a millennials y a la generación Z, quienes buscan lujo asequible y piezas más excéntricas, especialmente en anillos de compromiso.
Para dar certeza a sus clientes, la joyería Salvador Vergara decidió hacer una inversión importante en el equipo necesario para validar sus piezas y mostrar si se trata de un diamante natural o uno hecho en laboratorio, esto permite tranquilidad en relación al precio en el que se adquieren las piezas.
Identificación de diamantes de laboratorio y diamantes naturales
El futuro de la joyería: tradición e innovación
El auge de los diamantes de laboratorio ha generado lo que algunos joyeros llaman la “democratización” del diamante: una gema que antes parecía reservada para unos pocos, ahora está al alcance de más personas. Para otros, el verdadero valor sigue estando en la exclusividad de un diamante natural, formado durante millones de años en las entrañas de la Tierra.
Como concluye Cristóbal Gómez, de Elaine by ELJA: “El verdadero brillo no solo está en el material, sino en el significado que cada persona le otorga. Ya sea por tradición, innovación o convicción, lo importante es elegir con conciencia e información”.
Cortesía de El Informador
Dejanos un comentario: