El ADN de Ötzi, el mítico hombre de hielo, y un fósil de Siberia cuestionan una teoría clave: ya portaban un tipo de VPH de alto riesgo

Hasta hace poco, la historia del Virus del Papiloma Humano tipo 16 (HPV-16), responsable de la mayoría de los cánceres de cuello uterino y muchos otros tumores, se contaba con base en modelos evolutivos y genéticos que miraban al pasado desde el presente. Pero un nuevo estudio ha dado un giro inesperado a ese relato. Dos individuos prehistóricos, separados por 40.000 años y miles de kilómetros, han revelado en su ADN las huellas del VPH más peligroso para la especie humana.

El hallazgo se produjo al reanalizar los datos genómicos de dos de los fósiles humanos más célebres y mejor conservados del mundo: Ötzi, el Hombre de Hielo hallado en los Alpes italianos y fallecido hace unos 5.300 años, y el hombre de Ust’-Ishim, que vivió hace 45.000 años en Siberia. Ambos presentaban fragmentos del genoma del HPV16, lo que los convierte en los testimonios más antiguos conocidos de la existencia del virus en humanos modernos.

Ötzi, una cápsula del tiempo biológica

El cuerpo momificado de Ötzi, descubierto en 1991 en el paso montañoso de Tisenjoch, es una auténtica máquina del tiempo. Durante años, ha revelado secretos sobre la dieta, enfermedades, herramientas, e incluso los tatuajes de nuestros ancestros del Neolítico. Ahora, también se suma a la historia evolutiva de los virus que han acompañado a la humanidad desde sus inicios.

En los restos de su piel, los investigadores detectaron fragmentos genéticos que corresponden al linaje A1 del HPV16, el mismo que hoy predomina en Europa. La reconstrucción de este fragmento viral, realizada con técnicas específicas para ADN antiguo, mostró un genoma parcialmente conservado, con patrones de daño propios de restos de miles de años de antigüedad, lo que descarta una contaminación moderna.

Más sorprendente aún fue el hallazgo en el individuo de Ust’-Ishim, uno de los Homo sapiens más antiguos que se han secuenciado con éxito. A partir de un único hueso de la pierna, se recuperó ADN humano en excelente estado, y en él también se detectó material genético del HPV-16, esta vez del sublinaje A4, más frecuente en Asia. Esta coincidencia geográfica y genética refuerza la idea de que el virus ya estaba diversificado mucho antes del inicio de la agricultura o de la escritura.

La momia de Ötzi, el Hombre de Hielo, fue descubierta en 1991 en una zona montañosa de los Alpes italianos
La momia de Ötzi, el Hombre de Hielo, fue descubierta en 1991 en una zona montañosa de los Alpes italianos. Foto: Wikimedia

Un virus más antiguo que la historia

Durante años, una hipótesis ampliamente aceptada sostenía que el linaje más agresivo del VPH (el 16A) había llegado a los humanos modernos a través del mestizaje con los neandertales. Se creía que nuestros primos evolutivos actuaron como portadores del virus, transmitiéndolo a través del contacto sexual con los Homo sapiens durante su convivencia en Eurasia.

Pero este nuevo descubrimiento desafía esa idea de forma contundente. Si ya existía HPV16 en Homo sapiens antes o durante esos encuentros, la teoría de que fue “heredado” exclusivamente de los neandertales pierde fuerza. De hecho, podría ser al revés: los humanos modernos podrían haber sido los portadores originales del virus y haberlo transmitido a otras especies humanas con las que se cruzaron.

Este cambio de perspectiva es más que una simple curiosidad evolutiva. Reescribe nuestra comprensión de la relación entre humanos y virus, mostrando que ciertos patógenos nos han acompañado —y coevolucionado con nosotros— desde antes del surgimiento de la civilización.

¿Cómo se descubrió el virus en los fósiles?

El equipo de investigadores utilizó una técnica consistente en alinear los fragmentos de ADN recuperados con secuencias conocidas del virus. El análisis fue especialmente riguroso: se descartaron datos de baja calidad, se analizaron patrones de daño típicos del ADN antiguo y se compararon los resultados con controles aleatorios para evitar falsos positivos.

La presencia de HPV16 fue confirmada con una alta significancia estadística, y los fragmentos encontrados mostraban señales claras de degradación compatibles con su antigüedad. En el caso de Ötzi, el virus estaba tan bien preservado que se pudo reconstruir un genoma casi completo.

Además, se identificaron algunas variantes genéticas del virus en las regiones más importantes para su acción oncogénica: los genes E6 y E7. Aunque la cobertura de estas zonas no fue suficiente para extraer conclusiones definitivas sobre su potencial patológico, sí se pudo comprobar que la estructura general del virus era muy similar a la de sus descendientes modernos.

La momia de Ötzi, el Hombre de Hielo, conservada en el Museo Arqueológico de Bolzano (Italia), contiene restos de una cepa del virus del papiloma humano asociada al desarrollo de cáncer
La momia de Ötzi, el Hombre de Hielo, conservada en el Museo Arqueológico de Bolzano (Italia), contiene restos de una cepa del virus del papiloma humano asociada al desarrollo de cáncer. Foto: Andrea Solero

El virus y nosotros: una relación de miles de años

Este descubrimiento no solo cambia lo que sabemos sobre la historia del VPH. También invita a reflexionar sobre cómo algunos virus no son solo amenazas modernas, sino compañeros invisibles en nuestro viaje como especie. El VPH, lejos de ser un “nuevo enemigo”, lleva milenios compartiendo nuestro cuerpo, adaptándose a nuestras células, viajando con nosotros por continentes y generaciones.

El hecho de que el HPV-16 sea hoy en día el principal causante de cánceres relacionados con infecciones no es casualidad. Su antigüedad y su afinidad con los humanos le han permitido afinar sus mecanismos de evasión del sistema inmune y de manipulación del ciclo celular. En cierto modo, el cáncer que provoca es el resultado de una larga convivencia evolutiva, en la que el virus ha aprendido a persistir en silencio.

Más allá del descubrimiento: lo que queda por saber

Aunque este hallazgo supone un hito en la paleovirología, todavía quedan muchas preguntas abiertas. ¿Cómo y cuándo surgieron los diferentes linajes del VPH? ¿Cuál era la frecuencia real de la infección en las poblaciones prehistóricas? ¿Podrían otros fósiles humanos contener pistas adicionales sobre la evolución de virus que aún hoy nos afectan?

El estudio también demuestra el valor oculto de los archivos genómicos antiguos. Ni Ötzi ni Ust’-Ishim fueron analizados originalmente con fines virales. Sin embargo, su ADN, secuenciado y guardado en bases de datos públicas, ha resultado ser una mina de información inesperada. Este tipo de análisis retroactivo promete nuevos descubrimientos sobre la relación entre nuestros ancestros y las enfermedades infecciosas.

Mientras tanto, el VPH, ese virus diminuto y casi indetectable que acompaña a millones de personas hoy en día, resulta ser también uno de los más antiguos y persistentes testigos de nuestra historia evolutiva.

Referencias

  • Oncogenic HPV types identified in Paleolithic and Chalcolithic human genome sequencing data from Ust’-Ishim and Ötzi. Juliana B. Yazigi, Caio O. Cyrino, Cristina M. Peter, Renata C. Ferreira, Juliana T. Maricato, Luiz M. Janini, Marcelo R.S. Briones. bioRxiv 2025.12.14.694221; doi: 10.64898/2025.12.14.694221

Cortesía de Muy Interesante



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