El amor eterno sale a la luz en Pompeya: hallan un delicado relieve de un matrimonio esculpido entre cenizas y reliquias de hace 2.000 años junto a una de las puertas de acceso a la ciudad

Cuando la tierra habla desde las entrañas de la historia, a veces lo hace con el susurro pétreo de una escultura. No es nueva la fascinación por Pompeya, la ciudad congelada por el Vesubio en el año 79 d.C., pero de tanto en tanto, entre las capas de ceniza y piedra, se descubren revelaciones que reconfiguran lo que creíamos saber. Este ha sido el caso del descubrimiento de una tumba monumental en la zona oriental de la antigua ciudad, en la necrópolis de Porta Sarno, donde un relieve tallado en piedra muestra a una mujer romana con una presencia que desborda los límites de lo doméstico: una posible sacerdotisa, representada en un gesto ritual, como si aún custodiara los secretos de su culto más de dos mil años después.

Una tumba que no era como las demás

El yacimiento, aunque excavado hace algunos años, sigue siendo objeto de análisis detallado. Fue durante una intervención que buscaba comprender mejor la necrópolis descubierta en 1998 cuando un equipo internacional de arqueólogos abrió una zanja de apenas cuatro metros por lado. Lo que inicialmente parecía una revisión técnica acabó convirtiéndose en una puerta abierta al pasado: un muro de opus incertum decorado con yeso pintado, varias hornacinas para urnas de cremación, y, sobre ellas, un relieve escultórico de tamaño natural.

La escena representa a una mujer y a un hombre, probablemente colocados como si flanquearan un acceso simbólico al más allá. Aunque no se ha hallado inscripción alguna que confirme su identidad o vínculo familiar, todo en la composición sugiere que formaban parte de la élite local. Sin embargo, es ella quien acapara la atención. Su atuendo, su postura, los objetos que sostiene y los detalles cuidadosamente esculpidos sugieren un estatus religioso excepcional, que muy pocas mujeres podían alcanzar en la sociedad romana.

Un gesto ritual petrificado en el tiempo

La figura femenina aparece velada, cubierta por un manto que cae sobre su túnica con pliegues minuciosamente tallados. Su mano derecha sostiene un aspergillum, una ramita de laurel pintada de verde, utilizada en ceremonias de purificación. La otra mano sujeta un objeto cilíndrico que ha sido interpretado como un posible contenedor de incienso o incluso un rollo de papiro. Todo en su pose transmite solemnidad: está representada no como una esposa piadosa, sino como una figura en plena acción litúrgica, intercediendo entre lo humano y lo divino.

El hombre y la mujer podrían representar a una pareja casada, aunque los investigadores no descartan otras posibles relaciones debido a la falta de inscripciones
El hombre y la mujer podrían representar a una pareja casada, aunque los investigadores no descartan otras posibles relaciones debido a la falta de inscripciones. Foto: Parque Arqueológico de Pompeya / Christian Pérez

Lo más intrigante, sin embargo, es su collar. En el centro pende una lunula, un amuleto con forma de media luna que las niñas romanas llevaban para protegerse del mal hasta que se casaban. Su presencia en una mujer adulta casada puede parecer contradictoria, pero adquiere pleno sentido si se interpreta dentro del culto a la diosa Ceres. Asociada con la fertilidad, la agricultura y los ciclos lunares, Ceres fue una de las deidades más veneradas en el sur de Italia, especialmente en Campania. La lunula, en este contexto, no es solo un talismán infantil, sino un símbolo de la conexión entre la sacerdotisa y los poderes regenerativos de la naturaleza.

Ritos, perfumes y monedas para el más allá

El entorno arqueológico del relieve también ha aportado pistas fascinantes sobre los rituales funerarios practicados en la tumba. Frente a la hornacina de la figura femenina, los arqueólogos hallaron una columella —una pequeña estela sin inscripción— con un rostro esquemático y un moño, típico de representaciones femeninas. En el interior, fragmentos calcinados de huesos humanos descansaban junto a un frasco de ungüento roto y un espejo de bronce, también partido.

Estos elementos no son casuales. El ungüento, probablemente perfumado, era derramado sobre los huesos como parte de un gesto de despedida impregnado de sentido religioso y emocional. El espejo, por su parte, tiene una doble lectura: instrumento cotidiano y objeto ritual, vinculado en la antigüedad a prácticas de adivinación y magia. Su rotura podría haber sido intencionada, simbolizando el corte del vínculo entre la vida y el alma reflejada en él.

Junto a estos objetos, se halló una moneda con la imagen del dios Neptuno. Lejos de ser una simple ofrenda económica, esta moneda se interpreta como un obolo destinado a Caronte, el barquero del Hades, encargado de trasladar las almas a través del río Estigia. Todo el conjunto funerario está impregnado de una liturgia compleja que mezcla lo íntimo con lo colectivo, lo cívico con lo espiritual.

La figura femenina sostiene un ramo de laurel, una planta que los sacerdotes y sacerdotisas romanos empleaban en rituales de purificación de espacios sagrados
La figura femenina sostiene un ramo de laurel, una planta que los sacerdotes y sacerdotisas romanos empleaban en rituales de purificación de espacios sagrados. Foto: Parque Arqueológico de Pompeya / Christian Pérez

¿Quién era esta mujer?

Las pruebas antropológicas revelan que la mujer era de edad madura y presentaba signos de artrosis vertebral, lo que sugiere una vida larga, quizá activa, no limitada al hogar. En una época en la que las mujeres estaban relegadas casi siempre al ámbito doméstico, ser sacerdotisa era una de las escasas vías de acceso al prestigio público. En Pompeya, hay constancia epigráfica de al menos siete sacerdotisas dedicadas a Ceres, todas ellas pertenecientes a familias influyentes.

Este relieve, sin embargo, aporta una novedad: no solo es una representación honorífica, sino una escena que retrata a la mujer en ejercicio de sus funciones. A diferencia de otras esculturas donde las sacerdotisas aparecen idealizadas o pasivas, aquí se muestra activa, con los objetos litúrgicos en mano. Es, por tanto, una fuente visual única para comprender cómo estas mujeres vivieron su papel religioso, y cómo eran percibidas en su comunidad.

Entre la memoria y el olvido

A pesar de su monumentalidad, la tumba fue víctima de los terremotos previos a la erupción del Vesubio. Parte de la estructura colapsó antes de quedar sepultada por cenizas y piedra pómez. La cabeza de la sacerdotisa se desprendió del resto de su cuerpo, un símbolo involuntario pero potente del paso del tiempo y la fragilidad de la memoria. Durante siglos, permaneció oculta, silenciosa, hasta que una excavación la devolvió al presente.

Este descubrimiento no solo amplía nuestro conocimiento sobre la religiosidad en Pompeya, sino que invita a revisar el papel de las mujeres en la Roma antigua. Lejos de ser figuras pasivas o decorativas, las sacerdotisas desempeñaban funciones esenciales en la vida pública y espiritual de la ciudad. La escultura de Porta Sarno no es simplemente una obra de arte funerario: es un testimonio, un mensaje que atravesó los siglos para recordarnos que también ellas —las mujeres del pasado— dejaron huella en la historia.

Referencias

  • Alapont L, Cava R, Alfonso Llorens J, Ruiz Lopez JJ, Miguélez González A, Mas Hurtuna P, et al. A monumental tomb with a relief of two spouses in the funerary area of Porta Sarno. E-Journal Scavi di Pompei. Parco Archeologico di Pompei.

Cortesía de Muy Interesante



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