El descubrimiento del tesoro de Hastrup en el centro de Jutlandia constituye uno de los hallazgos más relevantes del Bronce Final nórdico en las últimas décadas. Se trata de un conjunto de más de doscientos fragmentos de bronce que, datados entre los siglos VIII y VI a. C., se depositaron de manera intencional en un periodo de profundas transformaciones económicas, sociales y culturales en Europa. Como han podido verificar los investigadores, la singularidad del conjunto no solo se explica por su tamaño, sino también por la procedencia de muchos de sus elementos. El tesoro de Hastrup, por tanto, se ha convertido en una de las fuentes arqueológicas más importantes para estudiar las redes de contacto a larga distancia en el Bronce nórdico.
Un conjunto que desafía las tradiciones locales
El hallazgo se produjo en 2019 en un entorno forestal apenas alterado, circunstancia que favoreció la conservación del depósito. Aunque no se pudo establecer una relación directa con las estructuras funerarias cercanas, el contexto paisajístico sugiere una continuidad simbólica del lugar desde el Neolítico hasta la Edad del Bronce. Según los arqueólogos, este hecho refuerza la interpretación del tesoro como una deposición ritual planificada.
Ya en los primeros análisis tipológicos, los objetos del tesoro de Hastrup mostraron rasgos ajenos a las tradiciones de la Edad del Bronce nórdica. Placas circulares decoradas, discos con grapas posteriores, pequeños apliques y láminas repujadas remiten de forma evidente al ámbito cultural de Hallstatt, sobre todo a su fase tardía (ca. 600-450 a.C.). Este contraste estilístico apunta a una circulación de objetos y de conocimientos técnicos que trascendía las fronteras geográficas y culturales.
El conjunto parece haber formado parte de uno o varios conjuntos coherentes, posiblemente vinculados a vestimentas femeninas, arreos de caballo o equipamientos de carros. La homogeneidad formal y técnica de varios grupos de piezas refuerza esta hipótesis y sugiere una producción coordinada más que una acumulación fortuita de objetos dispares.
Para comprender el origen del metal empleado en el tesoro de Hastrup, se llevó a cabo un exhaustivo estudio arqueometalúrgico basado en análisis químicos e isotópicos de cobre, estaño y plomo. Esta aproximación permitió identificar tanto las fuentes de las materias primas como las prácticas tecnológicas utilizadas en la fabricación de los objetos. Así, el estudio reveló un uso sistemático de aleaciones metálicas complejas y de procesos de reciclaje, característicos de los periodos de escasez y de la reconfiguración de las rutas de suministro.
Los resultados, publicados recientemente en Journal of Archaeological Science: Reports, muestran la coexistencia de cobres pobres en impurezas, típicos de minerales como la calcopirita, junto a cobres ricos en arsénico, antimonio y plata, propios de las menas denominadas fahlores. Esta combinación responde a una tecnología de aleación aplicada para obtener determinadas propiedades del metal forjado.

El análisis isotópico del plomo permitió rastrear el origen geográfico de parte del cobre utilizado. En varios objetos se identificó una firma compatible con los yacimientos alpinos meridionales, en particular con áreas mineras del Trentino, donde la explotación de cobre está bien documentada durante el Bronce Final. Este dato confirma que el metal del tesoro de Hastrup recorrió cientos de kilómetros antes de llegar a Escandinavia, probablemente a través de redes de intercambio complejas y escalonadas.
Otros elementos del conjunto presentan firmas isotópicas más difíciles de atribuir a un único yacimiento. Este dato sugiere el uso de metal reciclado procedente de objetos más antiguos. Aunque la reutilización habría diluido las señales originales, las piezas han permitido identificar las grandes áreas de procedencia, como los Alpes orientales o las montañas metalíferas de Eslovaquia.
Producción, reciclaje y talleres especializados
Los investigadores también han podido identificar lotes metálicos homogéneos utilizados para fabricar varios objetos distintos. Los grandes discos y las láminas decoradas parecen proceder de una misma colada, lo que implica una producción en un mismo taller o, al menos, bajo un control técnico unificado. Esta coherencia metalúrgica refuerza la idea de que el tesoro se componía de conjuntos completos que se fragmentaron antes de su deposición. En contraste, otros objetos muestran evidencias claras de haber sido sometidos a aleaciones sucesivas, lo que apunta a procesos de reciclaje en varias etapas.

El enigma del estaño y sus rutas de suministro
El estaño, elemento imprescindible para la fabricación del bronce, constituye otro aspecto clave del estudio. Los análisis isotópicos indican que los distintos grupos de objetos del tesoro emplearon estaño de fuentes diferentes. Aunque la atribución exacta resulte compleja por el solapamiento isotópico entre regiones, se pudieron descartar áreas como Cerdeña y algunas zonas de la Península Ibérica. Por el contrario, las regiones de procedencia más probables incluyen los montes Metalíferos (Erzgebirge) y el suroeste de Gran Bretaña, donde la explotación de estaño en la prehistoria está cada vez mejor documentada.
Los datos confirman, por tanto, que el abastecimiento de estaño requería de unas redes de intercambio que operaban a escala continental. Así, se refuerza la imagen histórica de una Europa del Bronce Final interconectada.

Un tesoro como reflejo de un mundo en transición
Gracias a este estudio de arqueometalurgia, el tesoro de Hastrup se convierte en un testimonio material de un periodo de grandes cambios. La combinación de estilos foráneos, metales de origen diverso y prácticas avanzadas de reciclaje refleja un mundo en el que las antiguas redes de la Edad del Bronce se estaban reconfigurando. El depósito encapsula, de este modo, el final de una larga tradición metalúrgica y el inicio de nuevas dinámicas económicas y sociales. El tesoro, por tanto, demuestra el potencial de la arqueometalurgia para iluminar procesos históricos complejos y subraya la importancia de analizar los objetos no solo desde el punto de vista formal, sino también como auténticos concentrados de información técnica, social y simbólica.
Referencias
- Felding, L., Berger, D., Lindblom, C., y Wrobel Nørgaard, H. 2026. “The Hastrup hoard: Metallurgical and typological links between South Jutland and Hallstatt Europe in the 8th to 6th centuries BCE”. Journal of Archaeological Science: Reports, 69, 105533. DOI:
Cortesía de Muy Interesante
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