El cierre de una era: Joana Marcús despide su bilogía y abraza su nombre de autora


Joana Marcús habla con la serenidad de quien ha aprendido a caminar entre miles de lectores sin perder de vista a la adolescente que fue. La escritora española llega a esta edición de la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara para presentar “Sempiterno“, el cierre de su bilogía “Extraños“, y para confirmar —aunque aún lo diga con un pudor casi involuntario— que ya no es la joven que dudaba si podía llamarse escritora. Hoy lo es. Y lo sabe.

Marcús recuerda que, cuando comenzó a escribir la historia que cerraría ocho años después, tenía apenas diecisiete, dieciocho años, y sobre todo una certeza incómoda: “empecé a asumir que no iba a poder ser escritora, que era un sueño bastante complicado porque no había referentes, al menos en España, de mi edad o una edad similar que se pudieran dedicar a ello“. Y confiesa que ese inicio estuvo marcado por una tristeza silenciosa, por la percepción de que el camino literario sería un terreno ajeno. Sin embargo, al publicar la serie completa y verla crecer en lectores, encontró algo que la sorprendió: “estoy empezando a asumir que sí soy escritora y de que esto puede durar“. 

Ese tránsito —de la inseguridad absoluta a una seguridad que todavía se abre paso— es el arco que define tanto su serie como su vida profesional.

Marcus Joana:
Marcus Joana: “estoy empezando a asumir que sí soy escritora y de que esto puede durar”. EL INFORMADOR / A. Navarro

La FIL Guadalajara, con su multitud de jóvenes que la buscan, la abrazan y la leen, también le ha enseñado a pensarse de otra manera. Marcús cuenta que, aunque disfruta las presentaciones, existe una presión inherente al reconocimiento: “una parte bastante importante de presión, de preguntarte constantemente si estás a la altura, si otra persona lo haría mejor“. Esa duda, dice, convive con un reconocimiento íntimo: si la siguen es por algo, y ese algo tiene que ver con ser ella misma. “Te están siguiendo a ti y es por algún motivo. Igual deberías ser tú misma y no plantearte tanto qué esperan que seas“.

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El camino de la escritora

Como mujer joven en el mundo literario, sabe que su presencia abre caminos para otras. Por eso le conmueve especialmente saber que las chicas que la leen la observan como un referente posible. “Se siente bien bonito“, admite. “Yo recuerdo que cuando tenía 15 años era la rara de la clase porque leía. Y ahora siento que el raro es el que no lee“. 

La literatura juvenil, asegura, dejó de ser un rincón solitario para convertirse en un territorio fértil donde miles encuentran historias que dialogan con su propia vida. Ahora, dice, las nuevas generaciones ya no ven a la escritura como un sueño imposible: es una carrera alcanzable, aunque compleja, y sobre todo es un espacio que ya tiene rostros como el suyo.

La construcción de la bilogía “Extraños” tuvo un proceso más meticuloso de lo que la gente suele imaginar. Marcús, que desarma el mito romántico del escritor, confiesa que la historia no surgió con sobresaltos ni epifanías. Desde el principio sabía cómo iban a terminar los libros y cómo se dividiría la historia. “Para mí siempre hubo dos libros, clarísimo. El primero es la cimentación del mundo, de quiénes son los personajes, cómo funcionan sus habilidades. El segundo es la conclusión“. 

El primer tomo, recuerda, pasó por muchas modificaciones: personajes que surgieron a última hora y se volvieron favoritos, tramas que se ajustaron hasta encontrar su ritmo. Pero el final siempre estuvo ahí, esperando. Cuando lo alcanzó, lo sintió como la despedida natural de unos hijos que finalmente pueden marcharse por su cuenta. “Durante toda la parte final del libro te sientes como si tus hijos ya estuvieran mayores y se fueran de casa. Y ya en el final del libro dices: ya no me necesitan. Puedo soltarlos“.

El reto de derribar los prejuicios en torno a la literatura juvenil

Una de las preguntas constantes que rodean a Marcús es cómo aborda temas intensos —relaciones complicadas, trauma, escenas sexuales, drogas, abuso— en libros dirigidos a jóvenes. Ella sostiene que el prejuicio sobre la literatura juvenil parte de una infantilización persistente. “Siempre me he sentido muy infantilizada“, dice. “Y siendo adolescente, sentía que los adultos me hablaban como si yo no tuviera capacidad de determinar qué está bien y qué está mal“. 

Para Marcús, la juventud no es un territorio inocente: es una etapa en la que ya se conocen las dinámicas de poder, el acoso escolar, las relaciones tóxicas, las sustancias, el miedo y el deseo. Por eso rechaza la idea de edulcorar los libros para lectores jóvenes: “ya saben perfectamente cómo funciona el mundo”. Cuando narra situaciones delicadas, lo hace desde un respeto consciente, pero sin negar la complejidad que sus lectores ya viven. “No necesitas que te lo explique. Te voy a enseñar cómo este personaje sale de aquí“.

La literatura juvenil, asegura Marcús, dejó de ser un rincón solitario para convertirse en un territorio fértil donde miles encuentran historias que dialogan con su propia vida. EL INFORMADOR / A. Navarro
La literatura juvenil, asegura Marcús, dejó de ser un rincón solitario para convertirse en un territorio fértil donde miles encuentran historias que dialogan con su propia vida. EL INFORMADOR / A. Navarro

El trauma, la culpa y el destino también atraviesan la bilogía. Marcús explica que los libros reflexionan sobre cómo las decisiones —incluso las aparentemente pequeñas— construyen el camino de los personajes. El destino, dice, no es algo predeterminado, sino la consecuencia directa de los actos. “Los personajes van dándose cuenta de que mi destino no es algo que ya esté escrito: tengo que apechugar con las consecuencias de mis actos“. Y esa idea también parece tender un puente hacia su propia trayectoria, hacia la escritora que se atrevió a publicar en Wattpad cuando esa plataforma todavía cargaba con prejuicios.

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Wattpad, reconoce, fue un territorio que muchos miraban con desdén. Por momentos, incluso ella misma dudó si lo que escribía podía llamarse literatura. “¿Puedo llamarme escritora? ¿Vale la pena lo que escribo?“, se preguntaba. Pero fue justamente esa comunidad de lectoras la que le dio la confianza que necesitaba. Hoy mira hacia atrás con cierta indignación lúcida frente al menosprecio histórico que ha rodeado a la literatura juvenil y, sobre todo, a la literatura escrita por y para mujeres jóvenes. 

Marcús reconoce que la industria editorial tradicional sigue arrastrando una brecha de género profunda: “si no hubiera tenido éxito tan temprano, nadie me habría dado una oportunidad“. Por eso habla con tanta insistencia sobre la importancia de abrir puertas para quienes vienen detrás. “Si yo no me empodero, la siguiente chica que quiera escribir un libro va a tener que pasar por todo lo mismo“.

Lo que viene

Su próxima novela será un romance, esta vez desde un enfoque más adulto. No quiere revelar demasiado —sus lectoras, dice, son detectives profesionales—, pero adelanta una pista: “es mi novela más adulta, pero no cambia el tono, cambia el enfoque. Los personajes son más profundos, más melancólicos, más centrados en buscar su propio camino“.

En la FIL Guadalajara, rodeada de lectoras que la siguen con devoción, Marcús parece habitar por fin esa palabra que antes le daba vértigo: escritora. Ha aprendido a sostenerse en la voz que construyó desde adolescente, cuando escribía en silencio sin saber que un día estaría aquí, en la mayor feria del libro en lengua española, celebrando el cierre de un ciclo narrativo que también es el cierre de una etapa personal. Ahora sabe que puede decirlo sin temblar: es escritora. Y no está sola. Miles la escuchan.

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FF

Cortesía de El Informador



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