El enigmático globo de Bailly reabre el debate sobre su origen en un estudio que cataloga 199 globos antiguos en España

En una biblioteca silenciosa, entre estanterías de madera oscura y mapas olvidados, un objeto esférico polvoriento atrajo la atención de un investigador. No era un libro, sino un globo celeste del siglo XVIII, una esfera azul cubierta de estrellas doradas, como si alguien hubiese intentado encerrar el cielo en papel y cartón. Aquella esfera no solo mostraba constelaciones; sus detalles hablaban de ciencia, arte, política y curiosidad humana. Lo más sorprendente era que ese no era un hallazgo aislado. Como acaba de demostrar un estudio reciente, existen 199 globos antiguos conservados en instituciones públicas españolas, un tesoro silencioso que apenas había sido catalogado hasta ahora.

El artículo científico firmado por Miguel Querejeta, astrónomo del Real Observatorio de Madrid, constituye el primer catálogo completo de globos terrestres, celestes, esferas armilares y planetarios antiguos en España. El estudio documenta objetos fabricados antes de 1900 y conservados en museos, bibliotecas y universidades. Aunque la mayoría no fueron fabricados en España, el hallazgo revela la riqueza patrimonial de un país que ha sido receptor y custodio de instrumentos científicos únicos. El catálogo permite ahora comprender mejor no solo la historia técnica y visual de estos objetos, sino también las redes de conocimiento y poder a las que estuvieron ligados.

Una colección dispersa pero monumental

El trabajo presenta un total de 199 globos históricos, entre ellos 57 celestes, 82 terrestres, 48 esferas armilares, 11 planetarios mecánicos (orreries) y un raro globo lunar. Esta colección dispersa se encuentra principalmente en Madrid (95 piezas), seguida por Cataluña (22), Galicia (19) y Castilla y León (17). Los objetos están repartidos en museos (54%), bibliotecas y universidades (33%) e institutos históricos (9%).

En cuanto al origen, Francia lidera con el 36% de los globos catalogados, seguida por Inglaterra (19%)España (15%) y Países Bajos (9%). El predominio francés se debe al aumento de importaciones durante el siglo XIX, mientras que los globos más antiguos —anteriores a 1700— son en su mayoría neerlandeses, reflejo de la influencia de la familia Blaeu. Los datos confirman que aunque España no fue un gran productor, ha sido un notable conservador de estas esferas del saber.

Imagen ilustrativa. Fuente: ChatGPT

El misterioso globo de Bailly: ¿un fraude o una joya mal interpretada?

Uno de los hallazgos más intrigantes del catálogo es el globo metálico del Museo Lázaro Galdiano de Madrid, atribuido tradicionalmente a Robert de Bailly y fechado en 1530. Sin embargo, el estudio dirigido por Miguel Querejeta ha reabierto el debate sobre su autenticidad. El objeto lleva inscrita la frase “ROBERIVS DEBAILLY 1630” en dos lugares distintos, lo que hace muy poco probable que se trate de un simple error de grabado. Aunque la cartografía de América, África y Asia coincide casi exactamente con la de un globo conservado en la Morgan Library de Nueva York —firmado por Bailly y claramente datado en 1530—, la representación de Europa y el norte de África es tan rudimentaria que no se corresponde con los conocimientos cartográficos del siglo XVI.

El globo está realizado en plata dorada, mide 14 cm de diámetro y puede abrirse en dos mitades, a modo de copa. Aparece sostenido por una figura masculina inspirada en el mito de Atlas. La calidad de su ejecución es desigual: mientras algunos elementos decorativos, como un elefante en África, son casi idénticos a los del globo de Nueva York, los topónimos están plagados de errores ortográficos (como “ERRAANA” en lugar de “VERRAZZANA”, o “SCGDKANA” en vez de “SOGDIANA”). Esto sugiere que fue copiado por alguien sin conocimientos de latín ni formación cartográfica. La hipótesis que plantea el autor es que el globo del Lázaro Galdiano no es una falsificación, pero sí una copia posterior, posiblemente realizada en la primera mitad del siglo XVII, inspirada en el original de Bailly.

Un objeto entre el arte, la copia y la confusión

El globo apareció en el mercado en los años 40 del siglo XX y fue adquirido en Nueva York por José Lázaro Galdiano, coleccionista y mecenas, poco antes de la donación de su patrimonio al Estado español. Antes de eso, había pertenecido al banquero Carl Mayer von Rothschild, lo que sugiere una larga trayectoria en colecciones privadas europeas. En el catálogo CER.ES del museo, aún se menciona 1530 como fecha tentativa, interpretando la inscripción de 1630 como un error. Sin embargo, el análisis del nuevo estudio desmonta esta suposición con argumentos sólidos y observaciones directas que no se habían documentado hasta ahora.

El autor subraya que esta pieza, aunque no original del siglo XVI, tiene un valor excepcional como testimonio del modo en que se copiaban y reinterpretaban globos en siglos posteriores. En lugar de despreciarla como una falsificación, propone considerarla una versión derivada, posiblemente hecha por un orfebre o artesano centroeuropeo con acceso a modelos anteriores, pero sin la preparación necesaria para entenderlos por completo. El globo resulta así un ejemplo claro de cómo la circulación de saberes y objetos científicos no siempre implicaba una comprensión plena de su contenido.

Globo de Robert de Bailly, en el Museo Lázaro Galdiano. Fuente: Ministerio de. Cultura

Una incógnita aún abierta

A pesar del análisis detallado, la pieza sigue envuelta en incógnitas. ¿Quién la fabricó realmente? ¿Con qué propósito? ¿Fue encargada como un objeto decorativo, como réplica de lujo o como intento de engaño? Tampoco está claro si el globo reproduce directamente el modelo de Bailly o si ambos derivan de una fuente común. Lo cierto es que las incoherencias internas, los errores lingüísticos y la desproporción en la calidad cartográfica entre continentes hacen pensar en un proceso de copia artesanal muy alejado de los estándares científicos del siglo XVI.

Con todo, el estudio defiende que su inclusión en el catálogo tiene pleno sentido: es una muestra excepcional de cómo se transmitían, transformaban y reproducían los saberes geográficos en el contexto europeo de los siglos XVI y XVII. Más que un fraude, se trataría de una pieza híbrida, a medio camino entre la copia, el recuerdo y la reinterpretación, cuya conservación permite reconstruir parte de esa historia material de la ciencia que tantas veces ha quedado al margen.

El primer globo terrestre español que ha sobrevivido

Otro hallazgo destacado es un globo terrestre fabricado por Tomás López, conservado en la Biblioteca Nacional de España. Este cartógrafo fue una figura clave del siglo XVIII y, según registros, poseía “varias bolas para globos, con los cobres, 6”. Sin embargo, hasta ahora solo se conoce un globo firmado por él, y es precisamente el que recoge este catálogo.

El análisis del autor permite afinar la datación entre 1770 y 1780, en parte gracias a una inscripción cartográfica cerca de Alaska que reza: “…de 30 años a esta parte”, frase idéntica a la usada en un mapa de López de 1771 para referirse a las expediciones rusas. Este detalle, junto con el estilo de las costas españolas y australianas, ofrece una ventana cronológica más precisa que la asumida previamente, lo que lo convierte en el globo terrestre español más antiguo que se conserva.

Una esfera celeste azul que pudo ser regalo real

Entre los objetos más peculiares figura un globo celeste de 68 cm de diámetro, de color azul oscuro y decorado con estrellas doradas, conservado en la Biblioteca Nacional. No lleva firma ni cartucho, lo cual es extremadamente raro en globos del siglo XVIII. Restaurado en 1997, su estilo, soporte y detalles técnicos apuntan a un posible vínculo con el taller de instrumentos del Real Observatorio de Madrid, activo entre 1794 y 1808.

Según una hipótesis del estudio, este globo pudo haber sido elaborado en Madrid como regalo para el rey Carlos IV, quien era un apasionado de la astronomía. Es probable que, al huir con Godoy en 1808, parte de su biblioteca (incluido el globo) terminara en la Biblioteca Nacional. Lo que refuerza esta teoría es su gran similitud con un globo firmado por Dudley Adams conservado en el Museo de América. Comparten tamaño, estilo y base de madera. Esta conexión sugiere que pudo haberse usado como modelo o incluso como base para una intervención artística española.

Esferas armilares e instrumentos olvidados

El catálogo recoge también dos esferas armilares atribuidas al Real Observatorio de Madrid, una geocéntrica y otra heliocéntrica, probablemente fabricadas en el mismo taller que el globo azul. Están hechas en latón y muestran inscripciones en francés, lo que se explicaría porque el director del taller, Pierre Mégnié, era de origen francés.

En la misma línea, destaca una colección significativa de globos producidos en Barcelona por Antonio Monfort, entre 1825 y 1831, y también los fabricados posteriormente por Faustino Paluzie, que dan cuenta de una tradición más fuerte de lo que suele reconocerse en Cataluña. Algunos incluso incluyen mecanismos que permiten su uso como orreries, pequeños planetarios mecánicos.

Globos dentro de relojes, cristales con constelaciones y otras rarezas

La mezcla de arte, ciencia y mecánica alcanza su máxima expresión en los relojes astronómicos. El llamado “reloj Atlas” del Palacio Real de Madrid es una pieza única: un globo celeste azul decorado con constelaciones doradas, montado sobre una figura de Hércules, y que contiene en su interior un planetario mecánico. Su mecanismo simula incluso las órbitas elípticas de los planetas, lo que lo sitúa a la vanguardia técnica de su tiempo.

También existen cinco ejemplos de globos celestes de vidrio que albergan orreries en su interior, repartidos entre museos y antiguos institutos. Uno de ellos se encuentra en el IES Padre Suárez (Granada), otro en el Museo Marítimo del Cantábrico. La fragilidad del vidrio no impidió que este tipo de instrumentos ganara popularidad durante los siglos XVIII y XIX. Su transparencia permitía representar, de forma realista, la esfera celeste que, desde la antigüedad, se imaginaba como una cúpula cristalina.

Una historia silenciosa que ahora sale a la luz

El estudio dirigido por Querejeta revela una verdad poco conocida: España conserva un patrimonio de globos científicos mucho más extenso y valioso de lo que se pensaba. A través de este catálogo riguroso, que incluye detalles técnicos, fechas, fabricantes y procedencias, se hace visible una tradición cultural que enlaza a bibliotecas, museos, científicos y artesanos desde hace más de cinco siglos.

Lejos de ser meros objetos decorativos, estos globos fueron herramientas de navegación, enseñanza, poder simbólico y exploración científica. Su estudio permite entender cómo la representación del mundo cambió a lo largo del tiempo, y cómo se entrelazaron en ellos la ciencia, la política, la estética y la educación.

Referencias

  • Miguel Querejeta. A catalog of old globes in Spanish public collections. Preprint disponible en arXiv: https://doi.org/10.48550/arXiv.2512.15730.

Cortesía de Muy Interesante



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