
El poseer abundantes recursos naturales no es sinónimo de riqueza, ni de desarrollo. Es el Estado de Derecho, la existencia de instituciones y el respeto a las libertades económica, electoral, asociación, cátedra y opinión lo que, a lo largo de los siglos, ha demostrado empíricamente que genera riqueza y los elementos suficientes para que se distribuya correctamente. Tenemos el caso de Japón, un grupo de islas de piedra, inmensamente rico con una de las sociedades más igualitarias del mundo. En el extremo, está Venezuela con las reservas de petróleo más grandes aún por arriba de EU, Arabia Saudita y Rusia, con el 90% de la población viviendo en la pobreza, 8 millones de expatriados y una deuda pública creciente, y sin medios suficientes para garantizar luz, gas o agua potable. ¿Cuál es la diferencia entre ambas naciones? Justamente que, en una se cumplen los elementos descritos y en la otra, no. El gran maestro de ajedrez, el ruso Gary Kasparov señaló que, “Venezuela no es lo que pasa cuando el socialismo fracasa; es lo que pasa cuando el socialismo triunfa”. En términos de desarrollo al modelo socialista le cuesta trabajo entender la importancia de la existencia de la propiedad privada y, como es ya muy evidente; en Venezuela y todos sin excepción, los países de América Latina que lo aplicaron, las libertades de los ciudadanos le estorban. El Estado planificador y dador de todo, inequívocamente, es autoritario. El que un puñado de burócratas por más que hayan sido electos determine unilateralmente necesidades, deseos, aspiraciones y capacidades de millones de seres humanos, resulta imposible que produzca algo bueno. Cuando el Estado —grupo de burócratas en turno— es dueño del bien, de lo qué se hace con éste, cómo se hace y quién lo hace al igual de quién se beneficia, invariablemente lleva a la dictadura basada en una lealtad social forzada o comprada.
El petróleo en Venezuela llevó a aquella nación hermana a ser un botín de todo tipo de intereses, los cuales pocas veces eran los de los ciudadanos, ello provocó que el país se desarrollara de manera más lenta que naciones sin ese activo geológico, lo anterior ha sido ampliamente estudiado por Sachs y Warner (1995, 2001). En su momento Mehlum, Moene y Torvik (2006) han documentado que los recursos naturales bajo instituciones débiles premian la corrupción en lugar de la productividad, es el caso del regalo de petróleo a otros países para fines políticos. No es trivial la coincidencia del caso venezolano con el patrón Lane y Tornell (1996) que demuestra que las caídas del PIB coinciden con los años de mayor auge del precio del petróleo. La falta de libertades y de propiedad privada más la abundancia de petróleo condujeron a la dictadura Chávez-Maduro que hoy desmantela la potencia mundial que defiende precisamente el modelo económico de desarrollo antagónico al socialismo, es esa la razón, y no el petróleo, de la acción de EU en Venezuela.
Para Naomi Contreras de Rejón.
Cortesía de El Economista
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