Durante siglos, las aguas termales de Bath, en Inglaterra, han sido sinónimo de curación, espiritualidad y descanso. Allí, los romanos construyeron un impresionante complejo de baños que aún hoy atrae a millones de turistas. Pero ahora, más de dos mil años después, esas mismas aguas han revelado algo que ni los legionarios ni los emperadores podían haber previsto: un tesoro microbiano con potencial para enfrentarse a una de las amenazas sanitarias más graves del siglo XXI.
En un estudio pionero liderado por investigadores de la Universidad de Plymouth, científicos han identificado centenares de microorganismos desconocidos hasta ahora en el interior del complejo romano, algunos de los cuales podrían ser clave para desarrollar nuevos antibióticos. Lo que comenzó como una exploración biológica de una fuente termal histórica, ha acabado convirtiéndose en una inesperada vía para desafiar la resistencia antimicrobiana global, una amenaza silenciosa que ya causa más de un millón de muertes anuales.
De balneario romano a laboratorio biotecnológico
Las muestras fueron tomadas en dos puntos clave del recinto: el King’s Spring, el corazón del complejo termal donde el agua brota a más de 45 °C, y la Great Bath, una piscina central de temperaturas más templadas, cercana a los 30 °C. Estos cambios térmicos dentro del mismo sistema hídrico crearon hábitats diversos y extremos, lo que favoreció la aparición de comunidades microbianas únicas, jamás estudiadas antes con este nivel de detalle.
Se recolectaron muestras de agua, sedimento y biofilm, ese delgado tapiz biológico que recubre las superficies húmedas. La aplicación de técnicas de secuenciación genética permitió identificar más de 300 tipos de bacterias distintas. Algunas de ellas pertenecen a familias ya conocidas por su capacidad para generar compuestos antimicrobianos, como Actinobacteria o Myxococcota, mientras que otras fueron auténticos hallazgos inesperados.
Los investigadores aislaron 15 cepas que demostraron una notable capacidad para inhibir bacterias patógenas humanas. Entre ellas se encuentran especies capaces de atacar a Escherichia coli, Staphylococcus aureus y Shigella flexneri, tres enemigos frecuentes en hospitales, clínicas y centros de salud en todo el mundo.

Cuando el pasado y el futuro se dan la mano
Las aguas termales de Bath ya eran famosas en la Antigüedad por sus supuestas propiedades medicinales. Los romanos levantaron en torno a ellas un templo y un complejo balneario que combinaba higiene, espiritualidad y política. Durante siglos, los peregrinos acudían a sus aguas en busca de alivio. Lo que entonces se atribuía a los dioses, hoy podría tener una explicación biológica.
Este hallazgo no solo rescata el valor histórico de un sitio Patrimonio de la Humanidad, sino que lo proyecta hacia el futuro. La idea de que una fuente utilizada por los romanos podría ayudar a resolver un problema médico contemporáneo es casi poética: un legado vivo que, sin saberlo, ha estado esperando a que la ciencia moderna decodifique su verdadero potencial.
Los ambientes extremos, como las aguas termales, se están convirtiendo en un foco de interés para los científicos que buscan nuevas soluciones contra las “superbacterias”. Las condiciones adversas —altas temperaturas, bajos niveles de oxígeno, acidez— obligan a los microorganismos a desarrollar estrategias de supervivencia únicas, muchas de ellas basadas en compuestos químicos con propiedades antibióticas.
Hasta ahora, los esfuerzos por encontrar nuevos antibióticos en hábitats convencionales, como el suelo o el agua marina, han chocado contra un muro de redescubrimientos: se encuentran los mismos compuestos una y otra vez. Por eso, los entornos extremos, poco estudiados y con biodiversidad microbiana aún oculta, se han convertido en la nueva frontera de la bioprospección.
El caso de Bath es especialmente interesante porque se trata del único manantial termal de estas características en todo el Reino Unido. A pesar de estar en el corazón de una ciudad muy visitada, su biología subterránea era, hasta ahora, un misterio.
De la ciencia básica al potencial clínico
El estudio no se queda solo en una caracterización biológica. Los investigadores utilizaron cultivos bacterianos tradicionales para probar la actividad antimicrobiana de los microorganismos aislados. Uno por uno, fueron enfrentados a bacterias patógenas de alto riesgo para la salud pública.
Los resultados fueron prometedores: 92 aislamientos mostraron algún nivel de actividad antimicrobiana, y 15 destacaron por su eficacia contra múltiples patógenos. Algunos incluso resistieron bien en condiciones simuladas del cuerpo humano, lo que sugiere una posible utilidad terapéutica futura.
Aunque aún faltan años de investigación para convertir estos hallazgos en tratamientos reales, el primer paso ya está dado. De hecho, la universidad ya ha anunciado que ampliará el proyecto a través de un doctorado específico, el primero centrado exclusivamente en la exploración biotecnológica de manantiales termales británicos.

Una carrera contra el reloj
La Organización Mundial de la Salud ya ha advertido que, si no se desarrollan nuevos antibióticos, podríamos entrar en una “era post-antibiótica”, en la que infecciones comunes vuelvan a ser mortales. La resistencia a los antibióticos avanza con rapidez, mientras que la innovación farmacológica no consigue seguir el ritmo.
Por eso, este tipo de estudios son esenciales. No se trata solo de ciencia o curiosidad académica: es una búsqueda urgente por salvar millones de vidas. Cada microbio descubierto es un posible aliado. Y cada ecosistema olvidado, como el de las termas romanas de Bath, puede esconder la clave para evitar una tragedia sanitaria de escala mundial.
La historia, como tantas veces, vuelve a demostrarnos que tiene más respuestas de las que imaginamos. Quizás no en los libros, sino en las piedras calientes de un balneario romano.
Referencias
- Fina, E., Kiernan, M., Whatmough, B., Clark, N. J., Conway, J., Wieczorek, I. W., … Hutt, L. P. (2024). Physicochemical and metagenomic analysis of samples from the Roman Baths (Bath, UK) reveals high bacterial and archaeal diversity and a potential for antimicrobial discovery. The Microbe, 3(100075), 100075. DOI: 10.1016/j.microb.2024.100075
Cortesía de Muy Interesante
Dejanos un comentario: