El Mundial del T-MEC: las jugadas que México debe asegurar

El estadio se ilumina rumbo a 2026. México, Estados Unidos y Canadá preparan la inauguración del Mundial, pero también afinan la estrategia para otro torneo decisivo. El tratado comercial entre los tres países (T-MEC) entra a su propia cancha, en la que cada pase cuenta, cada error se amonesta y cada jugada define el rumbo económico de Norteamérica.

En palabras de la presidenta Claudia Sheinbaum, la tribuna será inmensa. Advierte que miles de millones de personas observarán la inauguración y vivirán la justa mundialista en los tres países, un escaparate que desea elevar más allá del fútbol. Y ahí, en medio de la euforia, deja un mensaje que retumba como gol de larga distancia.

“Es un momento para no poner en el centro los problemas, sino al revés, poner en el centro los acuerdos y la gran relación que hay entre los tres países, y lo importante que ha sido el tratado comercial”, afirmó durante la presentación oficial de la Copa Mundial de la FIFA.

Primer tiempo

El silbatazo inicial llega con la primera instrucción para la selección mexicana. La presidenta encabeza la alineación. Al centro del campo aparece Marcelo Ebrard, titular de la Secretaría de Economía (SE). A un costado circula Luis Rosendo Gutiérrez, subsecretario de Comercio Exterior de la dependencia. Y desde la banca, exnegociadores del tratado levantan la voz. Coinciden en la primera jugada: impedir que la revisión del T-MEC se convierta en una renegociación. El balón no puede caer en ese portero.

Mónica Lugo, quien fuera directora general adjunta de Competitividad e Innovación en la Subsecretaría para América del Norte, de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), donde asesoró la ratificación del T-MEC y las negociaciones con Estados Unidos, levanta la mano y lanza un aviso que suena como advertencia de vestidor. Abrir los 34 capítulos del Tratado equivale a destapar una caja de Pandora, ya que un solo cambio obligaría a pasar por los congresos de los tres países y permitiría que sectores políticos de Estados Unidos inyecten exigencias que rompan el equilibrio. La defensa mexicana quedaría expuesta.

La renegociación pondría al país frente a la visión proteccionista de Donald Trump, cuya estrategia no busca asociaciones ni equilibrios. Su estilo apuesta por la imposición. Lugo lo describe sin rodeos, hay que hacer una buena contención. “México ha cedido demasiado. Preocupa mucho que llegue con esa postura”, advierte. Porque si México no evita la renegociación, podría permitir que un nuevo marco jurídico a largo plazo incluya medidas dañinas para la integración regional.

Rubisel Velázquez, quien también estuvo en las negociaciones del tratado, en ese entonces como director general de Disciplinas de Comercio Internacional en la SE, observa los espacios. Para él, la jugada maestra consiste en agotar la etapa de revisión y avanzar después, solo en caso inevitable, hacia una negociación acotada. Plantea llegar con posiciones ofensivas y defensivas claras, junto con una agenda propia que incluya intereses mexicanos y no solo respuestas a las exigencias de Washington.

Insiste en evitar la apertura total del Tratado. Cada reforma altera costos, beneficios y ritmos productivos. Advierte que una negociación amplia permitiría que Estados Unidos reviva propuestas archivadas en 2020, como límites a exportaciones agroalimentarias, reglas más duras para el autotransporte, restricciones al mecanismo de solución de controversias o presiones laborales más rígidas. Incluso podrían avanzar intentos para reducir instrumentos de protección a la inversión.

En la otra banda, Guillermo Malpica, quien participó en la negociación del T-MEC como jefe para los temas de servicios, inversión, energía y movilidad temporal, recuerda que la revisión debe mantener un carácter técnico. Una evaluación minuciosa, no una guerra abierta. “Se le debe dar la oportunidad de agotar esa instancia y de hacer un ejercicio real, meticuloso, profundo de qué ha funcionado y qué no en el tratado”, señala.

Subraya que ningún país posee el nivel de integración que México construyó con su vecino del norte. Esa ventaja no puede diluirse. Recomienda preservar el principio que guía la competencia regional: T-MEC igual o mejor, nunca menor.

Segundo tiempo

Los técnicos dan otra instrucción desde el borde del campo: alargar el partido. México debe buscar que los tres países acuerden extender el T-MEC por otros 16 años y eliminar la revisión sexenal que mantiene al acuerdo en incertidumbre permanente. El tratado establece que la revisión debe hacerse en el año seis y que, si no hay un acuerdo, las negociaciones pueden continuar en los años siete, ocho, nueve y así cada año. El tratado no desaparece, pero puede quedar atrapado en un ciclo de incertidumbre que espanta inversiones.

Lugo insiste en que esta jugada es vital para inversionistas y exportadores en un momento marcado por tensiones con China, nuevas reglas para tecnologías avanzadas y competencia feroz en semiconductores, minerales críticos e inteligencia artificial. Una extensión acordada en 2026 enviaría una señal firme de unidad frente a Asia.

Velázquez observa todo el tablero, no solo la portería rival. Describe dos partidos simultáneos. En una cancha avanzan los aranceles que Trump activa mediante distintas leyes estadounidenses, al margen del T-MEC y en violación de sus compromisos. En la otra se abre la puerta hacia la revisión del tratado. Si México concede demasiado en la primera, llegará a la segunda con pocas fichas para resistir la presión.

Desde el lado estadounidense llegan más señales. Donald Trump, Jamieson Greer, representante comercial y Howard Lutnick, secretario de Comercio, sugieren que la renegociación está sobre la mesa. Marcan el ritmo y recalcan su desconfianza sobre el cumplimiento mexicano. Trump lo declara frente a cámaras: “tenemos una negociación durante el próximo año para ajustarlo o rescindirlo”, afirma.

Malpica observa dos lecturas posibles. La primera es que Estados Unidos desea usar la revisión para corregir cada molestia acumulada en cinco años en energía, biotecnología, reglas de origen, acero, aluminio y agricultura. La segunda, que Washington puede buscar una salida del tratado bajo el argumento de que el país obtuvo beneficios insuficientes, aunque es poco probable, es latente. Las dos rutas tensan la cancha.

La tabla de escenarios

El 1 de julio el proceso que definirá el futuro del T-MEC entra en su momento más álgido. Para el comercio de América del Norte, marca un punto de inflexión. No es una jugada más. De acuerdo con un análisis de Oxford Economics, el resultado de esta revisión puede redefinir el intercambio regional y las perspectivas económicas de México y Canadá durante varios años, en un contexto de mayor proteccionismo en Estados Unidos.

Plantea cuatro escenarios sobre la cancha:

El escenario base, con una probabilidad de 50%, asume una renegociación relativamente rápida después de julio. En este caso, la mayoría de los aranceles de Estados Unidos a México y Canadá se eliminarían a mediados de 2026, con excepciones puntuales para productos canadienses como acero, aluminio y lácteos. El resultado permitiría que las tasas arancelarias efectivas regresen a niveles cercanos a los previos a la era Trump.

El segundo escenario, el del statu quo, describe un partido sin acuerdo inmediato. El T-MEC seguiría vigente, pero los aranceles actuales se mantendrían de forma indefinida. México y Canadá evitarían una recesión, aunque su crecimiento perdería fuerza. Para 2027, el PIB mexicano quedaría casi un punto porcentual por debajo del escenario base, mientras que el de Canadá caería cerca de 0.7 puntos.

El escenario más adverso, con una probabilidad de 10%, supone el fracaso de la renegociación y la eliminación de las exenciones del T-MEC. Esta jugada elevaría de forma significativa los aranceles y provocaría una contracción económica en México y Canadá desde finales de 2026. Oxford Economics advierte daños estructurales de largo plazo en exportaciones e inversión, como una lesión que deja secuelas más allá del torneo.

El escenario optimista, el menos probable (5%), plantea una extensión inmediata del tratado con aranceles cercanos a cero solo para los socios norteamericanos. El impacto positivo sería moderado, pero reforzaría a la región como un bloque atractivo para la inversión y enviaría una señal de estabilidad a los mercados.

México, el equipo con más puntos

La tabla de posiciones ubica a México en la cima. El crecimiento de las últimas tres décadas no tendría el mismo ritmo sin los tratados de libre comercio. La integración norteamericana multiplicó exportaciones y transformó la estructura productiva desde el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) al T-MEC.

Los números lo narran mejor que cualquier comentarista. En 1994, México exportaba 51,619 millones de dólares a Estados Unidos. En 2024 la cifra llegó a 512,711 mdd, 10 veces más, según Banxico. El comercio con Canadá también despegó, de 1,519 mdd a 18,906 mdd, doce veces más.

Canadá triplicó sus exportaciones hacia Estados Unidos y multiplicó por ocho sus ventas a México. Estados Unidos también triplicó su presencia en Canadá y aumentó 6.5 veces sus exportaciones a México, de acuerdo con el Departamento de Comercio de Estados Unidos.

La integración cambió hábitos, precios, productos y la vida diaria. Antes del TLCAN, acceder a bienes de los socios norteamericanos no era sencillo. Hoy, la variedad forma parte del día a día.

La predicción

Marcelo Ebrard observa la cancha completa. Declara que la integración regional seguirá su marcha pese a las tensiones. Las tres economías consolidaron un entramado productivo que resiste choques externos. La historia confirma que la interdependencia sostiene cadenas de valor esenciales.

Frente a nuevos riesgos, Ebrard explica que México debe impulsar una transformación productiva que eleve contenido nacional y reduzca la dependencia de insumos extrarregionales. Afirma que el mundo atraviesa una ola de políticas industriales para reducir las vulnerabilidades. En ese terreno, destaca el papel del Plan México, orientado a innovación, infraestructura y un tejido industrial más sólido.

Cierra con una promesa que busca calmar a la afición económica. “El tratado va a permanecer. El tratado va a sobrevivir”, asegura.

El triunfo no sería simbólico, porque México se juega su crecimiento. La Secretaría de Hacienda y Crédito Público estima que en 2026 la economía avanzará entre 1.8% y 2.8%. El pronóstico enfrenta riesgos, pues el deterioro del proceso de revisión del T-MEC puede aumentar la incertidumbre jurídica y comercial y abrir la puerta a medidas desfavorables para el sector exportador.

Cortesía de Expansión



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