Desde 1877, el monumental portal del Palacio Stanga ocupa un lugar destacado en las salas del departamento de esculturas del Museo del Louvre. Durante más de un siglo, los visitantes que se aproximaban a esta obra maestra del Renacimiento lombardo solo pudieron contemplarla bajo una apariencia alterada, que ocultaba buena parte de su riqueza formal y simbólica. Un reciente proyecto de restauración ha permitido revertir esa situación para devolver al conjunto su apariencia original.
El museo parisino ha definido el resultado de la intervención como una auténtica metamorfosis. La intervención ha permitido recuperar de manera integral el significado histórico, material e iconográfico de esta obra excepcional, atribuida al escultor lombardo Pietro da Rho y concebida en el último cuarto del siglo XV para una de las familias más influyentes de la Cremona renacentista.
El Palacio Stanga y su contexto histórico
El portal del Palacio Stanga se construyó en Cremona en la última década del siglo XV por encargo de Cristoforo Stanga. Stanga fue una figura clave en la órbita política del ducado de Milán, del que Cremona dependía en aquel momento. Su residencia, por tanto, debía reflejar tanto su prestigio social como su adhesión a los valores culturales del humanismo renacentista.
En sus más de cinco siglos de historia, el edificio ha experimentado profundas transformaciones. En el siglo XVIII pasó a manos de la familia Rossi, que lo remodeló según el gusto barroco dominante y alteró sustancialmente su fisonomía original. Una serie de nuevas intervenciones en 1870 culminó con el desmontaje del antiguo portal, que se separó de su contexto arquitectónico original.

Del coleccionismo privado al museo universal
Tras su desmontaje, el portal inició un nuevo itinerario que lo llevaría fuera de Italia. En 1875, el coleccionista marsellés Édouard Vaïsse se lo vendió al Museo del Louvre. Dos años más tarde, la pieza se presentó oficialmente ante el público parisino. Desde entonces, la obra se ha integrado en el discurso museográfico del Louvre en diálogo con otras piezas maestras de la escultura renacentista, como las célebres Prisiones de Miguel Ángel.
Sin embargo, las intervenciones decimonónicas en el portal alteraron su apariencia. La aplicación de capas de pintura oscura y ceras protectoras, habituales en el siglo XIX, acabó por uniformar la superficie del mármol y ocultar los matices del modelado escultórico.
Pietro da Rho y la escultura del Renacimiento lombardo
La autoría del portal se atribuye a Pietro da Rho, escultor lombardo documentado en Cremona entre 1480 y 1508. Su obra representa uno de los momentos más destacados de la escultura renacentista en el norte de Italia, caracterizada por la asimilación creativa de los modelos clásicos y por una notable destreza técnica en el trabajo del mármol.
Con más de siete metros de altura, el portal del Palacio Stanga se concibió casi como un arco de triunfo. Su escala monumental y su complejísimo programa iconográfico lo convierten en una afirmación visual del poder y la cultura del comitente, siguiendo un lenguaje simbólico inspirado directamente en la Antigüedad clásica.

Un programa iconográfico de raíz clásica
El núcleo simbólico del conjunto lo constituyen las figuras de Hércules y Perseo, héroes paradigmáticos del imaginario mitológico antiguo. Ambos personajes encarnan virtudes como la fuerza, el valor y la victoria sobre el caos, cualidades que el comitente deseaba asociar a su propia imagen pública.
En el registro inferior del portal se representan cuatro de los trabajos de Hércules: la lucha con Anteo, la derrota de la hidra de Lerna, el león de Nemea y las aves del lago Estínfalo. Estas escenas se disponen sobre los basamentos triangulares que sostienen las semicolumnas, de manera que se integran orgánicamente en la arquitectura.
Dos medallones centrales enriquecen la narración mitológica. Uno muestra la hidra de siete cabezas, mientras que el otro representa las cabezas de las Gorgonas junto a Pegaso, el caballo alado nacido de la sangre de Medusa tras ser decapitada por Perseo. A ambos lados del arco, las figuras monumentales de Hércules y Perseo refuerzan la lectura heroica del conjunto.

Batallas, emperadores y fantasías ornamentales
El registro superior despliega una sucesión de relieves con escenas de batalla y centauromaquias, alternadas con bustos de perfil y medallones de emperadores romanos. Este repertorio visual conecta de manera explícita el mundo mitológico con la historia imperial romana y establece así una continuidad simbólica entre la Antigüedad y el presente renacentista. Los capiteles ricamente decorados, los frisos con criaturas fantásticas y la profusión de detalles ornamentales completan el programa escultórico.
El mármol de Candoglia y las alteraciones del siglo XIX
El portal se talló en mármol de Candoglia, el mismo material empleado en la construcción del Duomo de Milán. Se trata de un mármol de gran calidad, pero sensible a las intervenciones agresivas, lo que dificultó el proceso de restauración. Los tratamientos con cera y las capas de pintura marrón oscura, aplicadas en el siglo XIX y compuestas en gran parte por oxalatos, habían alterado profundamente la superficie. Estas intervenciones habían aplanado los volúmenes y oscurecido los relieves.
Antes de iniciar la restauración, por tanto, se desarrolló un amplio programa de estudios preliminares, coordinado por Hubert Boursier y con la participación del Centre de recherche et de restauration des musées de France (C2RMF). Las investigaciones científicas permitieron identificar con precisión la naturaleza de los depósitos superficiales y trazar un plan de intervención respetuosa con el material original.
Tras numerosas pruebas, el equipo dirigido por las restauradoras Adèle Cambon y Annabelle Sansalone optó por una limpieza con láser, combinada con un tratamiento químico muy controlado para eliminar las ceras. Esta solución permitió retirar los estratos añadidos sin comprometer la integridad del mármol.

Un monumento renacentista que vuelve a cobrar vida en el Louvre
La eliminación de las capas oscuras ha revelado una leve tonalidad dorada residual en el mármol, vestigio de las antiguas intervenciones. Los restauradores decidieron conservar esta pátina ligera para evitar que un uso excesivo del láser hubiese podido dañar la superficie original.
Gracias a esta decisión, hoy pueden apreciarse con claridad los perfiles, las draperías, los medallones y las incrustaciones de piedra negra que subrayan el trazado ornamental. La restauración, por tanto, ha devuelto profundidad a los relieves y ha restituido la compleja articulación entre luces y sombras de esta pieza única.
Referencias
Cortesía de Muy Interesante
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