Por Horacio Rivera
En México sólo tendrán lugar 13 de los 104 partidos que se jugarán en la Copa del Mundo. Eso sí, la inauguración ocurrirá en el estadio Azteca (ahora estadio Banorte). Pero sólo unos cuantos tendrán el privilegio de estar ahí. ¿Y el pueblo bueno? ¿Y los jodidos? Ellos tendrán que conformarse con las pantallas gigantes que, se supone, serán instaladas en el Zócalo. Seguramente no faltarán las chelas ni la camiseta verde clonada, como tampoco las falsas promesas de que esta vez sí, la Copa será nuestra
Cada Mundial es la misma cantaleta. Ahora, sí. Aunque llueva, truene, o relampaguee; aunque haya Ronaldos, Messis y Mbappés de por medio, con la gracia de Dios y de la Guadalupana, llegaremos a la Final. Cueste lo que cueste. Aunque los más moderados se darían por bien servidos con que la Selección del Vasco Aguirre llegara al sexto partido. No importa si se pertenece a la clase neoliberal o a la plebe, el sentir nacional es el mismo. A los mexicanos nos gusta recurrir a la ilusión y al autoengaño como anestesia para sobrellevar el dolor de nuestras derrotas. Si bien unos cuantos afortunados podrán ver en vivo y a todo color la inauguración en la comodidad de sus palcos o en las gradas del Azteca, seguramente Clara Brugada, jefa de Gobierno de CDMX, no dejará a la chilanga banda sin el gusto de ver a su Selección, aunque sea en pantallas gigantes, situadas estratégicamente en el Zócalo y sus alrededores. Pan y circo. No hay falla. La única condición es llegar con la camiseta (de la Selección) bien puesta. Aunque sea clonada, de origen chino y comprada en Tepito. “Mejor clonada, que robada”, suelen gritar los Jonathans y los Kevins al momento de ofrecer sus camisetas, precisamente allá en Tepis. Donde se montó un operativo para decomisar mercancía pirata de la Copa del Mundo, en cuanto Gianni Infantino, presidente de la FIFA, aterrizó en México para asistir al partido amistoso entre México y Portugal el pasado sábado.
¿Y las chelas?
Nomás habría que pedirle a la jefa Brugada que le dé chance a la afición de cargar chelas y botanas para chutarse la inauguración a gusto frente a las pantallas gigantes del Zócalo. Hasta una “cascarita” podría armarse, antes o después, del juego inaugural entre México y Sudáfrica. Una “cascarita” parecida a la que se armó en el Periférico el sábado de la semana pasada, cuando unos vecinos del sur de la ciudad, enojados porque el gobierno no les hace caso, decidieron boicotear el juego entre México y Portugal bajo el lema de “Nos vale madres el Mundial”. Otros, más politizados, aprovecharon la ocasión para colgar mantas de los puentes que cruzan Periférico con frases como: “Se necesitan dos estadios Azteca para que quepan los desaparecidos”.
Y si se cumple el anhelo de que el partido contra Sudáfrica lo gane la Selección, lo que correspondería sería el festejo en el Ángel de la Independencia. Ese Ángel que paciente y mudo ha resistido por igual terremotos que pintas feministas, se convertiría de nuevo en templo de celebración. Si no, ¿dónde? La pensión del Bienestar no está para andarla gastando en festejos en bares pedorros o congales de dudosa reputación. En cambio el Ángel es de todos los mexicanos. Además no cobran cover. ¿Y si el hipotético triunfo de la Selección en su primer partido nos agarra dentro de un vagón del Metro o a bordo de un infame pesero? Pues para eso está el celular que todavía le debemos a Coppel o a Elektra. Total, en tiempos de panbol cualquier pantalla es buena para saborear el triunfo. Es lo bueno de estar jodido, no se extrañan los lujos ni las frivolidades que jamás se han tenido. Muy distinto a la complicada existencia de los dueños de los palcos del estadio Azteca, quienes ya se quejaron ante la PROFECO de que les hayan prohibido ingresar a la inauguración del Mundial con sus propios alimentos y bebidas.
Boleto presidencial
La presidenta ya dijo en alguna de sus mañaneras que ella no piensa asistir a la Inauguración, que mejor le regala su boleto a una niña que lo necesite. Así lo dijo. Ah, caray. ¿Y de cuándo a acá el presidente de uno de los países anfitriones necesita boleto para entrar a la inauguración de un Mundial? La presidenta no lo dice, pero la razón por la cual no piensa a asistir al estadio Azteca el próximo 11 de junio es para que la clase fifí, la que puede pagar un boleto de ochenta mil pesos, no la haga pasar un trago amargo con sus silbidos y sus frases altisonantes. Puede que Sheinbaum sea muy popular y muy aceptada entre el pueblo, pero entre la burguesía no goza de tanta suerte. Los educados, los que sí leen y no mandan coperacha para Cuba, nomás están esperando la oportunidad de topársela.
Con todo el caos y la premura, pareciera que el Mundial tiene posibilidades de recuperar los miles de millones de pesos que se le han invertido en México. Bueno, siempre que el respetable y culto público no abuchee a la Selección y, menos, que le grite la “palabra maldita” desde las tribunas. Ya se vio en el México vs Portugal que la afición no anda muy de buenas con su equipo. Quienes asistieron al partido aseguran que por momentos el trato de la gente hacia los mexicanos era tan áspero, que daba la impresión de que el rival a vencer fuera la propia Selección Mexicana. Pero el disgusto del respetable no es gratuito. Malos resultados, incluida la derrota en la final de la “Nations League” ante los gringos, así como la voracidad de los directivos de la FMF, quienes se han llevado la mayoría de los juegos de la Selección Mexicana a estadios de Estados Unidos, han dado como resultado que muchos aborrezcan lo que tanto amaban. Aunque eso será temporal. Bastará con que el equipo del Vasco Aguirre anote el primer gol para que todos volvamos a creer. Así ha sido siempre.
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