El placer de comer tiene su propio circuito cerebral: así lo controla la dopamina durante la ingesta, según nuevo estudio

La alimentación hedónica es el acto de comer por placer, sin necesidad fisiológica. Esta conducta suele estar motivada por el sabor agradable de ciertos alimentos y puede fomentar el sobrepeso. Hasta ahora, los mecanismos neuronales que sostienen esta fase del apetito eran poco conocidos, en especial el papel de la dopamina en la prolongación del consumo.

Un nuevo estudio, publicado en Science por investigadores del Howard Hughes Medical Institute y la Universidad de California, revela el papel clave de las neuronas dopaminérgicas del área tegmental ventral (VTA). Estas neuronas, llamadas VTADA, modulan específicamente la fase de consumo durante la ingesta de alimentos placenteros, reforzando el deseo de seguir comiendo.

El cerebro responde distinto según el momento de la comida

El proceso de comer se divide en tres fases: búsqueda, consumo y saciedad. Cada una está controlada por circuitos neuronales distintos. Aunque se ha investigado ampliamente la señalización de hambre y saciedad, la fase de consumo —cuando se mantiene la acción de comer— ha recibido menos atención.

Los autores del estudio evitaron manipulaciones globales de la dopamina que podrían generar resultados contradictorios. En su lugar, utilizaron una técnica de optogenética calibrada para activar o inhibir las neuronas VTADA solo durante el acto de comer. Así lograron aislar el papel preciso de estas células durante la alimentación hedónica.

El placer de comer tiene su propio circuito cerebral, así lo controla la dopamina durante la ingesta
Durante el consumo de alimentos placenteros, el sistema de recompensa cerebral libera dopamina, reforzando la duración y el disfrute de la comida. Ilustración artística: DALL-E / Edgary Rodríguez R.

Más dopamina, más comida sabrosa

Los experimentos en ratones mostraron que la actividad de las neuronas VTADA se sincroniza con el tiempo que dura la ingesta de comida placenteraCuanto más sabroso el alimento, mayor era la actividad dopaminérgica. Además, el hambre incrementaba aún más esta respuesta.

Al estimular artificialmente estas neuronas durante el consumo, los ratones comían durante más tiempo. Por el contrario, al inhibirlas, la ingesta disminuía. Curiosamente, activar estas neuronas cuando los animales no estaban comiendo no aumentaba su apetito, lo que confirma que su efecto depende del contexto del consumo.

Cómo la saciedad farmacológica interfiere con este circuito

Los investigadores también exploraron cómo se comporta este circuito ante el uso de fármacos saciantes. Utilizaron semaglutida, un agonista del receptor GLP-1R aprobado para el tratamiento de la obesidad. Este compuesto reduce el apetito al activar circuitos de saciedad.

Tras la administración de semaglutida, la actividad de las neuronas VTADA disminuyó durante el consumo de alimentos sabrosos, y los ratones redujeron su ingesta. Sin embargo, después de perder peso con el tratamiento, la actividad dopaminérgica aumentó de nuevo, al igual que el consumo hedónico. Esta recuperación se pudo revertir, inhibiendo de nuevo las neuronas VTADA.

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Las neuronas dopaminérgicas del VTA regulan la duración del consumo hedónico, amplificando la ingesta ante alimentos sabrosos y reduciéndola ante señales de saciedad. Gráfico: Science.

Una conexión indirecta amplifica el placer de comer

El estudio identificó también el papel de otra población neuronal, las neuronas glutamatérgicas del peri–locus ceruleus (periLCVGLUT2). Estas células se inhiben durante la alimentación hedónica, especialmente ante comida muy sabrosa.

Aunque no inician el comportamiento de búsqueda de comidasu inhibición durante el consumo prolonga la ingesta, actuando sobre las neuronas VTADA a través de un camino indirecto. Las neuronas periLC envían señales a interneuronas inhibidoras (VTAVGAT), que a su vez regulan las neuronas dopaminérgicas del VTA.

Dopamina frente a saciedad: un equilibrio dinámico

Los resultados del estudio revelan un sistema de control del apetito basado en el equilibrio entre placer y saciedad. Mientras que los fármacos como la semaglutida activan vías de saciedad, el circuito dopaminérgico identificado en este trabajo contrarresta ese efecto al reforzar el consumo por placer.

Este hallazgo puede ayudar a explicar por qué algunos pacientes recuperan el apetito por alimentos sabrosos después de un tratamiento exitoso con GLP-1R agonistas. También sugiere que las diferencias individuales en la adaptación de este circuito podrían influir en la eficacia del tratamiento contra la obesidad.

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Inhibir la actividad de estas neuronas durante la comida reduce la duración de la ingesta, sin afectar el inicio de la alimentación, revelando su papel exclusivo en la fase de consumo. Ilustración artística: DALL-E / Edgary Rodríguez R.

Implicaciones para el tratamiento de la obesidad

La obesidad es una condición multifactorial que va más allá del simple control de calorías. Este estudio demuestra que los mecanismos de recompensa neuronal pueden anular las señales de saciedad farmacológica, lo que representa un reto para los tratamientos actuales.

Los autores plantean que el desarrollo de terapias que combinen agonistas del GLP-1R con intervenciones dirigidas al circuito dopaminérgico de consumo podría mejorar la eficacia del tratamiento y reducir el riesgo de recaída alimentaria.

Un nuevo blanco terapéutico en el control del apetito

El estudio ofrece una comprensión más profunda del papel de la dopamina en la alimentación hedónica. Las neuronas VTADA modulan específicamente el tiempo que dedicamos a comer alimentos sabrosos, y lo hacen de forma independiente a la sensación de hambre o saciedad.

Estos hallazgos abren nuevas posibilidades para diseñar tratamientos combinados que regulen tanto la recompensa como la saciedad, un enfoque clave en la lucha contra la obesidad. Comprender cómo el cerebro equilibra el placer de comer con las señales de saciedad podría ser la clave para una intervención más efectiva.

Referencias

Cortesía de Muy Interesante



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