
Tras las fiestas decembrinas, miles de familias mexicanas enfrentan lo que comúnmente se conoce como la “cuesta de enero”: un periodo en el que los gastos acumulados de diciembre (regalos, viajes, cenas y compromisos familiares) se suman a pagos recurrentes como colegiaturas, servicios, seguros y saldos de tarjetas de crédito.
Ante la falta de liquidez inmediata, una vez más mucha gente mira hacia las casas de empeño como una posible tabla de salvación financiera.
¿Aliadas o enemigas?
A primera vista, empeñar un bien, como un teléfono, una pantalla, joyería o herramientas, parece una solución rápida para obtener dinero. Este mecanismo consiste en dejar un objeto de valor como garantía a cambio de un préstamo inmediato y regresar por él una vez que se haya pagado con intereses y comisiones pactados.
Sin embargo, Profeco advierte en un artículo publicado en la edición de enero de la Revista del Consumidor que esta alternativa no está exenta de riesgos. Muchas personas aceptan condiciones poco claras o desfavorables por la urgencia de dinero, sin medir las consecuencias para su economía familiar.
Un factor clave es el Costo Anual Total (CAT) de estos créditos. En algunos casos puede superar el 150%, lo que encarece el préstamo más allá del valor real del bien empeñado y puede generar pagos que se vuelven difíciles de cubrir.
Realidad: lo que no te cuentan
Uno de los mayores riesgos de empeñar sin información es perder el bien definitivamente. Si no se paga el préstamo ni sus refrendos en las fechas acordadas, la casa de empeño tiene el derecho de vender la prenda para recuperar lo adeudado.
Aunque puede parecer dramático, existe una posibilidad que pocos conocen: si la casa de empeño vende tu objeto por más dinero del que debías, ese excedente, llamado demasía o remanente, te pertenece. Para recuperarlo, debes acudir con tu contrato vigente e identificación para solicitar el efectivo dentro del plazo establecido.
Mitos frecuentes
Mito 1: “Empeñar es fácil y barato.”
La realidad es que los préstamos prendarios son rápidos, pero no económicos. Cada peso prestado tiene un costo real que incluye intereses, comisiones por almacenaje y gastos de operación.
Mito 2: “Puedo empeñar cualquier cosa sin consecuencias.”
Profeco recomienda evitar empeñar objetos de uso diario o con alto valor sentimental, ya que su pérdida puede causar un impacto mayor que el beneficio económico momentáneo.
Mito 3: “Todas las casas de empeño están reguladas.”
No. Existen establecimientos que no están inscritos en el Registro Público de Casas de Empeño de Profeco; estos operan fuera del marco legal y pueden no ofrecer contratos válidos o garantías sobre los bienes.
Recomendaciones antes de empeñar
Si consideras esta opción para hacer frente a gastos urgentes, los especialistas recomiendan:
Comparar condiciones en al menos tres casas de empeño distintas, revisando tasas de interés, comisiones y plazos.
Verificar que el establecimiento esté registrado ante Profeco y que los datos de inscripción coincidan con el local.
Leer con atención tu contrato, asegurándote de entender los plazos, el CAT y las condiciones de recuperación del bien.
Guardar todos tus comprobantes de pago y refrendos; pueden ser útiles si surge alguna aclaración o disputa.
Acudir a Profeco si detectas irregularidades o el proveedor incumple lo pactado.
Por último, Profeco enfatiza que las casas de empeño pueden ser una alternativa temporal en emergencias, pero no deben verse como una solución permanente ni una fuente de ingresos sostenida.
La clave para enfrentar la cuesta de enero, subrayan los expertos, está en la planeación financiera, la educación sobre tus derechos como consumidor y la comparación informada de opciones antes de tomar decisiones impulsivas.
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Cortesía de El Economista
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