Identificada con la actual Elna, la antigua Illiberis ocupa una posición estratégica en la llanura del Rosellón, a pocos kilómetros del Mediterráneo. En un entorno clave para las dinámicas de contacto cultural del nordeste peninsular, desde finales del siglo V a. C., este asentamiento desarrolló una intensa actividad urbana que quedó reflejada tanto en su arquitectura y su cultura material como en el uso cotidiano de la escritura. Un reciente estudio publicado en la revista científica Revista d’Arqueologia de Ponent ha analizado los grafitos prerromanos de Illiberis para determinar cómo la escritura se integró progresivamente en la vida social, económica y simbólica de estas comunidades.
La escritura en una ciudad protohistórica del Mediterráneo noroccidental: un corpus epigráfico ampliado y revisado
Las investigaciones recientes han ampliado de manera significativa el corpus epigráfico conocido del yacimiento de Illiberis. Así, se han incorporado numerosos grafitos inéditos procedentes de las excavaciones arqueológicas de las últimas décadas. Este nuevo conjunto ofrece una base empírica sólida para analizar la práctica de la escritura entre los siglos V y I a. C. y para situar a Illiberis dentro de los grandes procesos históricos del Mediterráneo occidental.
El corpus documentado hasta el momento comprende 130 grafitos prerromanos, de los cuales cerca de 80 poseen valor textual. Los textos, en su mayoría, están escritos en lengua ibérica, aunque también se registran ejemplos en griego y latín, además de marcas figurativas y signos sin un valor lingüístico claro. La revisión sistemática de este conjunto ha permitido corregir lecturas antiguas y contextualizar mejor cada inscripción tanto en los arqueológico como en lo cronológico.
Los grafitos están inscritos mayoritariamente en cerámica, tanto de producción local como de importación, incluyendo vajilla de barniz negro, cerámicas grises rousillonenses, ánforas y recipientes no torneados. Su distribución espacial dentro del asentamiento es amplia, lo que indica que la práctica de la escritura no estuvo restringida a un único sector urbano ni a un grupo social limitado.

Lenguas y sistemas de escritura en contacto
Uno de los rasgos más relevantes del conjunto es la coexistencia de varios sistemas gráficos. Predomina la escritura ibérica nororiental, empleada tanto en su variante dual (característica de las fases más antiguas) como en formas más evolucionadas. La presencia de grafitos griegos y latinos, además, confirma la inserción de Illiberis en redes de intercambio cultural y comercial de largo alcance.
Los textos ibéricos incluyen, sobre todo, nombres propios, a menudo acompañados del elemento -ḿi, característico de las denominadas inscripciones parlantes (artefactos que llevan inscripciones escritas formuladas en primera persona, como si el propio objeto se dirigiera al interlocutor). Este rasgo sugiere una función de autoidentificación del objeto, como si el recipiente hablara en nombre de su propietario. En cambio, los grafitos latinos, más escasos y tardíos, reflejan ya la penetración de las convenciones onomásticas romanas en el cambio de era.

Las funciones sociales de los grafitos
El análisis funcional de los textos ha revelado una notable diversidad de funciones. Muchos grafitos pueden interpretarse como marcas de propiedad, destinadas a identificar al dueño de un recipiente en contextos domésticos o colectivos. Otros parecen responder a fines comerciales, relacionados con el control del contenido, la cantidad o la circulación de los productos. Algunos casos excepcionales apuntan incluso a usos votivos o simbólicos, lo que amplía el espectro de usos asociados a la escritura.
Junto a los textos propiamente dichos, se documentan grafitos monolíteros, cruces, estrellas y motivos geométricos. Aunque su interpretación no siempre resulta clara, su recurrencia indica que el acto de marcar los objetos con signos gráficos formaba parte de las prácticas habituales de uso y propiedad, sin estar necesariamente vinculado a la alfabetización plena.

Cronología de la práctica escrita en Illiberis
Desde el punto de vista cronológico, los grafitos más antiguos se remontan a finales del siglo V y al siglo IV a. C., una fase en la que el uso de la escritura ibérica comenzaba a generalizarse en el nordeste peninsular. Illiberis se sitúa así entre los asentamientos que cuentan con los testimonios más tempranos de escritura en la región.
Los estudiosos han podido confirmar que el número de grafitos aumenta de forma clara a partir del siglo II a. C., coincidiendo con la intensificación de los contactos con Roma tras la Segunda Guerra Púnica. Este crecimiento se inscribe en una tendencia que se verifica en otros yacimientos del ámbito mediterráneo noroccidental, donde la conquista romana actuó como catalizador de nuevas prácticas administrativas y económicas.

Escritura, economía y vida cotidiana
La relación entre la presencia de grafitos y los contextos de almacenamiento, como los silos, resulta especialmente significativa. Muchos textos se han localizado en recipientes vinculados a la gestión de los excedentes agrícolas, lo que sugiere un uso práctico de la escritura en la organización económica. Como sucede con otros ejemplos de escritura de la antigüedad, como el cuneiforme mesopotámico, la escritura se convierte en una herramienta funcional integrada en las actividades cotidianas.
Este uso pragmático no excluye, sin embargo, una carga identitaria en las formas escritas. Los nombres propios presentes en los objetos refuerzan la visibilidad social de los individuos y permiten rastrear fenómenos como la adopción de antropónimos de origen diverso, incluidos posibles nombres de tradición indoeuropea que se hubieran adaptado al sistema ibérico.

Illiberis en el contexto regional
En comparación con otros grandes yacimientos del entorno, como Ensérune, Ruscino o el Mas Castellar de Pontós, Illiberis muestra una evolución coherente, pero con rasgos propios. La densidad y la variedad del corpus epigráfico reflejan el dinamismo del asentamiento y su papel como nodo de intercambio entre el mundo indígena y las influencias mediterráneas. El estudio de sus grafitos contribuye de manera decisiva a comprender los inicios y la difusión social de la escritura en el Rosellón protohistórico.
Una comunidad que escribe antes de la llegada definitiva de Roma
El conjunto de grafitos prerromanos de Illiberis, por tanto, ofrece una imagen rica de la práctica de la escritura entre los siglos V y I a. C. Las evidencias epigráficas muestran que la escritura fue una herramienta que se utilizó de manera extensa, adaptándola a múltiples funciones y abierta a influencias externas. Illiberis emerge así como un laboratorio histórico para estudiar cómo las sociedades protohistóricas incorporaron la escritura a su vida cotidiana antes de la romanización.
Referencias
- Bénézet, J. y N. Moncunill. 2024. “La pratique de l’écriture dans l’ancienne Illiberis, à la lumière des nouveaux graffites sur céramique (Ve–Ier s. av. n. è.)”. Revista d’Arqueologia de Ponent, 34, 9–42. DOI: 10.21001/rap.2024.34.1.
Cortesía de Muy Interesante
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