Durante siglos, la narrativa sobre los orígenes de Inglaterra se apoyó en relatos escritos por monjes y cronistas de la Edad Media. Textos como la Historia ecclesiastica gentis Anglorum, de Beda el Venerable, y la Crónica anglosajona nos hablaban de oleadas de invasores germánicos que, tras la caída de Roma, llegaron a las islas británicas para fundar los reinos que, siglos después, acabarían conformando Inglaterra. Estas historias hablaban de “invasiones”, de momentos de ruptura total, de un antes y un después marcado por la llegada de sajones, jutos o vikingos.
Sin embargo, una nueva investigación publicada en la revista Medieval Archaeology ha desmontado muchas de estas ideas. Lo que este estudio revela no es una serie de migraciones puntuales, sino un flujo humano constante, ininterrumpido y mucho más diverso de lo que se pensaba. Y lo más fascinante es que, gracias a los avances en arqueología isotópica y genética, por primera vez es posible poner rostro –y origen geográfico– a muchas de las personas que vivieron en la Inglaterra entre los siglos V y XI.
El ADN del diente que lo cambió todo
La clave del estudio está en los dientes. Literalmente. El equipo de investigadores de las universidades de Cambridge y Edimburgo analizó más de 700 piezas dentales de individuos enterrados en Inglaterra entre los años 400 y 1100. Los dientes conservan un tipo de “firma química” vinculada a la composición del agua y los alimentos que una persona consumió durante su infancia, lo que permite saber si creció o no en el lugar donde fue enterrado.
Junto a estos análisis isotópicos, el estudio incorporó datos genéticos de más de 300 personas, lo que permite cruzar la información sobre movilidad con datos de ascendencia. El resultado es una de las radiografías más completas jamás realizadas sobre la migración en la Inglaterra medieval.
La conclusión principal es tan clara como revolucionaria: no hubo un solo “momento migratorio”, sino un continuo. Lejos de las grandes invasiones que presentan los textos, la población de Inglaterra fue recibiendo gentes de otras tierras a lo largo de más de 600 años, en un proceso sostenido que alcanzó su punto álgido entre los siglos VII y VIII.

Más allá de los sajones: desde el Ártico hasta el Mediterráneo
Uno de los aspectos más llamativos del estudio es el origen tan variado de los migrantes. Se detectaron personas que probablemente llegaron desde regiones frías del norte de Europa, como Jutlandia, pero también otras que crecieron en entornos cálidos como el Mediterráneo o incluso regiones atlánticas como Bretaña, Gales o Irlanda.
Los isótopos del oxígeno y el estroncio permiten distinguir entre personas locales y forasteras, y en muchos cementerios ingleses se encontró una proporción sorprendentemente alta de individuos que no crecieron allí. Algunas comunidades, especialmente en el noreste de Inglaterra, Kent y Wessex, muestran una movilidad femenina notable, mientras que en otras regiones los hombres fueron los que más se desplazaron.
Este patrón de movilidad, además, se adapta al clima: los cambios registrados en los dientes también permiten identificar eventos climáticos históricos como la Pequeña Edad de Hielo de la antigüedad tardía (siglos VI-VII), un enfriamiento global que pudo influir en el aumento de los desplazamientos humanos, o el inicio del período cálido medieval, un periodo más cálido que afectó las prácticas agrícolas y alimenticias de las poblaciones.
Un mapa humano en constante cambio
Los datos revelan que el panorama demográfico inglés en la Alta Edad Media era todo menos homogéneo. Mientras que algunas comunidades parecen formadas por personas nacidas y criadas localmente, otras muestran una mezcla de orígenes que cuestiona por completo la idea de etnias o culturas claramente definidas. La visión clásica del “anglosajón puro” queda totalmente desmontada: los ingleses medievales eran el resultado de un mestizaje prolongado, alimentado por contactos marítimos, comercio, alianzas y migraciones familiares.
Lejos de una supuesta invasión total y violenta, los resultados apuntan a una integración mucho más compleja: matrimonios mixtos, influencias culturales cruzadas y una flexibilidad identitaria sorprendente. De hecho, los objetos encontrados en las tumbas no siempre coinciden con el origen geográfico de los individuos, lo que sugiere que las personas adoptaban costumbres locales sin dejar de tener raíces foráneas. La movilidad no era solo física: también era cultural.

¿Y las mujeres? Más móviles de lo que se pensaba
Una de las grandes revelaciones del estudio es el papel de las mujeres en este proceso migratorio. Aunque los hombres presentan una movilidad algo más marcada en general, en zonas como Kent o el noreste del país, las mujeres migrantes fueron mayoría. Esto encaja con patrones de exogamia conocidos en muchas sociedades antiguas, donde las mujeres eran trasladadas como parte de alianzas matrimoniales o acuerdos entre clanes.
Además, la arqueología funeraria muestra que muchas de estas mujeres forasteras fueron enterradas con ornamentos de alto estatus, lo que indica que su origen extranjero no fue un obstáculo para su integración social. Es más: en ocasiones, sus tumbas son incluso más ricas que las de sus compañeros locales.
Este nuevo enfoque obliga a reinterpretar buena parte del relato histórico tradicional. Si bien las fuentes escritas no se equivocan al mencionar migraciones, lo que ahora sabemos es que estas fueron mucho más diversas, prolongadas y bidireccionales de lo que se pensaba. Los ingleses no solo recibieron migrantes: también formaban parte de una red más amplia de movilidad que conectaba buena parte de Europa occidental.
Más que invasiones, lo que vemos es una constante reconfiguración demográfica que, lejos de romper con lo anterior, convivió con elementos de continuidad local. Una población en transformación constante, en diálogo con el mundo.
Inglaterra, cruce de caminos
Este estudio no solo aporta nueva información científica: cambia por completo la imagen que tenemos de la Inglaterra altomedieval. Ya no podemos hablar de un pueblo aislado que recibe a unos invasores bárbaros y se transforma en anglosajón. Lo que emerge es una sociedad compleja, moldeada por contactos continuos con otras regiones de Europa y por un sinfín de trayectorias personales que cruzaron mares y fronteras.
Las migraciones no fueron la excepción, sino la norma. Y muchas de las personas que construyeron lo que hoy llamamos Inglaterra llegaron desde lejos, trayendo consigo su cultura, su lengua y sus dioses. En tiempos donde el debate sobre las raíces nacionales sigue siendo polémico, esta investigación ofrece una valiosa lección histórica: las identidades se construyen viajando.
Referencias
- Leggett, S., Hakenbeck, S., & C O’Connell, T. (2025). Large-Scale Isotopic Data Reveal Gendered Migration into Early Medieval England c ad 400–1100. Medieval Archaeology, 69(2), 280–308. DOI: 10.1080/00766097.2025.2583016
Cortesía de Muy Interesante
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