Jimena Monteverde habla de su pase a El Trece, de su maestro televisivo Jorge Guinzburg y del guiño que le rinde con “La cocina rebelde” y su club de amigos

A poca gente se la extraña tanto en la televisión como a Jorge Guinzburg, uno de los grandes hacedores del medio, creador de La noticia rebelde, de La Biblia y el calefón y de las Mañanas informales, con las que hace 20 años despabiló la franja matutina del viejo Canal 13. Allí, en esa suerte de magazine de la alegría, el capitán había puesto en cancha a una cocinera que tenía experiencia pero no fama. Y hoy Jimena Monteverde es una de las caras más queribles de la pantalla chica, que se diferencia notablemente de los chefs que dan cátedra con ingredientes exóticos. Ella da tips para eso tan hermoso que es dar de comer. Y con esa fórmula, tan simple y generosa, “vuelve” este lunes a la pantalla en la que Guinzburg la hizo lucir masivamente.

Desde las 14.45 de este 5 de enero, conducirá La cocina rebelde -parafraseando al conductor y humorista que murió en 2008- con (casi) el mismo equipo con el que hasta hace unos días comandaba su Escuela de cocina por Elnueve.

Ese programa sigue, ahora al mando de un miembro de su ex equipo, Roberto Ottini. Y ella se mudó con gran parte de su selección de cocineros y oficios arrabales, a los que se sumaron nombres nuevos. El equipo, con Jimena a la cabeza, formará así: Coco Carreño, Paco Almeida, Mariana Corbetta, Natu Lalo, Rodrigo Cascón, Romina Pereiro, Facundo Pereyra, Pietro Sorba, Iwao y la actriz Luisa Albinoni.

Del otro lado de la línea, mientras corta zanahorias (la cuchilla se hace sonar con firmeza sobre la tabla) para la ensalada rusa de esa noche familiar, hace gala de una de sus virtudes: hacer bien varias cosas al mismo tiempo.

Hace unos días acaba de revalidar el título de abuela (su nieta Malvina cumplió dos años y ahora llegó Venancio), sigue siendo la cocinera oficial de Mirtha Legrand y Juana Viale para sus ciclos de El Trece (que regresan este verano) y ahora se prepara salir en vivo con programa propio en una pantalla caliente, contra una competencia difícil, por el lado de Telefe

-Si bien sos parte del canal, por trabajar en “La noche de Mirtha” y “Almorzando con Juana”, esto se ve con un regreso y, además, con un formato que patentó Guinzburg, el del “club de amigos”.

-Así lo vivo, te lo juro. A mí me gusta jugar en equipo. De hecho, cuando me dijeron de Kuarzo -la productora de su ex y actual programa- que El Trece me quería tener en su pantalla me encantó, pero dejé en claro que si iba era con mi gente, con mi grupo.

-No, costó un poco, porque se ve que el canal tenía otros planes, pero me escucharon, entendieron cómo me gusta laburar a mí. Y yo siento la cocina como un espacio en el que todos nos damos una mano, más allá de los roles o cargos. Y, además, así se la pasa mejor, se puede generar mejor clima… claro, siempre y cuando te lleves bien. Y nosotros venimos de Escuela de cocina y de otros lugares con una química ya aceitada. Tenemos una onda pocas veces vista en la tele.

-¿Qué estado tenés en la previa?

-Estoy ansiosa, algo estresada por este pasaje de fin de año a año nuevo sin descanso, pero contenta porque hay laburo para muchos en este nuevo proyecto. Y porque me entusiasma que me dejen hacer lo que me gusta: enseñar a cocinar en un clima relajado….

-¿Y seguirá vigente tu marca registrada en la cocina de “hacemos lo que podemos con lo que tenemos”?

-Por supuesto. A mí no me va enseñar platos, que sé hacer, con ingredientes carísimos o difíciles de conseguir. Yo prefiero estar más del lado del servicio que del lado de mostrar algo a lo que, por algún motivo, no todos pueden acceder.

¿El título del programa lo pusiste vos?

-No, lamentablemente no se me ocurrió a mí. Fuimos tirando varios y finalmente quedó éste, que termina parafraseando uno de los éxitos de Jorge. Es muy loco lo que pasó, porque lo elegimos, todos de acuerdo y luego nos dimos cuenta del guiño que significaba. Yo aprendí con Jorge a hacer tele en vivo, a pasarla bien y sin por eso perder seriedad en el laburo.

Monteverde tiene un largo recorrido en las cocinas y en la TV, pero a pesar de que nadie de APTRA la considera ni siquiera para una nominación a los Martín Fierro se volvió una figura necesaria para la pantalla chica, por su impronta y por su capacidad de hacer de las recetas un “paso a paso amigable”.

De hecho, lejos de ese rol de catedráticos que tienen algunos chefs en diferentes formatos televisivos, en La cocina rebelde “también nosotros vamos a tener que cumplir desafíos como hacen los participantes en otros programas. No estamos en ningún pedestal. Será como cocineros cocinando de verdad en vivo… y que salga lo que salga”. Que para esto está la rebeldía bien aplicada.

Cortesía de Clarín



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