La Agencia Espacial Europea se sorprendió al querer apagar una nave: no era suficiente con presionar un botón y tuvieron que destruirla

El observatorio espacial Gaia, lanzado al espacio en 2013, fue diseñado con un objetivo ambicioso: crear un mapa tridimensional de más de mil millones de estrellas en la Vía Láctea. Ahora, más de una década después, la Agencia Espacial Europea (ESA) ha decidido apagarlo… aunque no sin cierta resistencia por parte de la nave.

Así lo relata la propia agencia en una actualización de la misión, donde indica que Gaia —la nave responsable de generar “el mapa multidimensional más grande y preciso de nuestra galaxia jamás creado”— no facilitó precisamente su desactivación. De hecho, los ingenieros responsables tuvieron que llegar al punto de corromper su sistema operativo para asegurar su apagado definitivo.

Una nave diseñada para resistir

Según la ESA, Gaia superó con creces su vida útil original de cinco años. Al agotarse sus reservas de combustible, el equipo de control tomó la decisión de retirarla de forma segura, regresándola a su entorno cercano al segundo punto de Lagrange (L2), para evitar interferencias con otras misiones en esa misma región del espacio, como el James Webb.

Tiago Nogueira, operador de la nave, explicó que aunque “apagar una nave espacial al final de su misión parece bastante sencillo, las naves espaciales no quieren que las apaguen”. Y en el caso de Gaia, eso fue literal.

La nave fue construida para resistir múltiples eventualidades: tormentas de radiación, impactos de micrometeoritos e incluso la pérdida de comunicación con la Tierra. Contaba con sistemas redundantes que le permitían reiniciarse y continuar en operaciones en caso de cualquier interrupción.

Por eso, para asegurar su desactivación, los técnicos diseñaron una estrategia meticulosa. Consistió en desmontar y apagar de forma progresiva cada uno de los sistemas de redundancia que la protegieron durante más de diez años. El objetivo era evitar que, en caso de recibir luz solar en sus paneles, Gaia pudiera reactivarse y comenzar a transmitir señales nuevamente.

Una despedida definitiva

El pasado 27 de marzo, el equipo de operaciones de la ESA inició el proceso de “pasivación“. Primero, utilizaron los propulsores de Gaia para alejarla del punto L2 y posicionarla en una órbita estable alrededor del Sol, con la intención de mantenerla a una distancia segura —superior a los 10 millones de kilómetros de la Tierra— durante al menos el próximo siglo.

Luego, procedieron a apagar todos sus instrumentos y subsistemas, uno por uno. Posteriormente, se llevó a cabo la corrupción deliberada del software de la nave, y finalmente, se desactivaron sus sistemas de comunicación y su computadora central.

Todo este proceso, detalló Julia Fortuno, ingeniera de operaciones de Gaia, fue ejecutado para garantizar que el software a bordo no pudiera reiniciarse bajo ninguna circunstancia.

El legado científico continúa

A pesar de su retiro, el trabajo de Gaia está lejos de terminar. La ESA planea seguir con el proceso de explotación científica de los datos recopilados durante su misión, los cuales han sido clave para entender mejor la historia y la estructura de nuestra galaxia.

Entre sus logros más destacados, Gaia detectó evidencia de fusiones galácticas pasadas, identificó cúmulos estelares, y contribuyó al descubrimiento de exoplanetas y agujeros negros. También ayudó a cartografiar millones de cuásares y galaxias, rastrear cientos de miles de asteroides y cometas, y generar nuevas visualizaciones de cómo se vería la Vía Láctea desde el exterior.

La ESA anunció que la cuarta entrega de datos está prevista para 2026, mientras que los datos finales no llegarán antes de 2030. Estas futuras publicaciones permitirán a la comunidad científica profundizar aún más en el conocimiento del cosmos en los próximos años.

Cortesía de Xataka



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