
No tengo claro en qué momento los políticos —alcaldes y gobernadores— decidieron que su trabajo era cortar listones, entregar medallas y asistir a eventos, lo cierto es que cada vez más la agenda de la clase política del Estado se va en eso y en tomarse fotos y generar “contenidos” para redes, olvidándose de lo que es su función sustantiva: gobernar.
Gobernar, que viene del latín “gubernare”, que a su vez tiene su origen en la palabra griega kybernáô que no es otra cosa que pilotear, dar rumbo o dirección a un barco. Curiosamente es la misma raíz de la palabra cibernética que fue aplicada en los años cuarenta del siglo pasado a los sistemas de control. Hoy, los gobernantes se parecen menos a los afanados capitanes, viejos lobos de mar, que tenían claro que su misión era llevar a la nave al destino trazado y que todos llegaran con bien. Hoy, los políticos se parecen más a los capitanes de crucero que repiten la ruta semana tras semana mientras ellos se dedican a cenar con los clientes y tomarse fotos memorables.
Los políticos de hoy dedican más tiempo a atender la agenda de eventos que a hablar con sus secretarios. No es una agenda estratégicamente planeada, sino derivada de una inercia. Hay que ir porque todos los gobernadores o presidentes municipales anteriores han ido. Hay que asistir a X o Y evento, porque fuimos a este o a aquel, y no se vayan a sentir. Hay que hablar en todos los eventos, aunque no se tenga nada que decir.
Si algo han de aprender de López Obrador los políticos en edad de merecer, y algunos de los que ya merecieron, no son las mañas y gestos autoritarios, sino entender las diferencias entre atender la agenda y marcar la agenda; seguir el rumbo o trazar el rumbo. Los políticos que trascienden son aquellos capaces de dar un nuevo rumbo al territorio que gobiernan o al menos de corregirlo. Sin un proyecto de Gobierno claro las decisiones del capitán se vuelven caprichosas, y la función de los colaboradores inocua, cuando no estorbosa.
Cada día es más frecuente ver en un acto público poco trascendente para el rumbo de un Estado o municipio (podrá serlo para los organizadores, pero definitivamente no lo es para el destino de los ciudadanos) al gobernador, dos o tres alcaldes, hasta cinco secretarios y un montón de desquehacerados diputados. Cuando alguien requiere “ser visto” en este tipo de eventos es porque su trabajo, el que debería de estar haciendo y para el cual se le asigna un sueldo y un presupuesto que pagamos los ciudadanos, no tienen trascendencia alguna.
La diferencia entre atender la agenda y marcar la agenda es lo que hace trascender a un político.
Cortesía de El Informador
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