La batalla por las universidades: cómo OpenAI y Anthropic compiten por el futuro académico

La inteligencia artificial ha dejado de ser una promesa futurista para convertirse en una herramienta cotidiana, especialmente en el entorno académico. En los últimos meses, dos gigantes del sector, OpenAI y Anthropic, han intensificado su apuesta por la educación superior, lanzando iniciativas casi simultáneas para seducir a estudiantes universitarios. Detrás de esta competencia no solo hay un interés comercial: se trata de moldear el modo en que la próxima generación aprenderá, investigará y entenderá el mundo.

Ahora mismo hay bebés naciendo que mirarán atrás cuando sean adultos y toda esta batalla les parezca cosa del pasado.

Un nuevo campo de batalla: el campus universitario

El anuncio más reciente de Anthropic llegó un miércoles a las ocho de la mañana: su modelo Claude se adapta al entorno educativo con un enfoque claro en el pensamiento crítico. Al día siguiente, a la misma hora, OpenAI respondía con una oferta igualmente ambiciosa: la versión de pago de ChatGPT, valorada en 20 dólares al mes, se ofrecía gratis para todos los estudiantes universitarios de EE. UU. y Canadá hasta mayo. Esta sincronía no es casual. Ambas compañías buscan posicionarse como la herramienta por defecto en el día a día de millones de jóvenes. ¿Será solo un preludio para lo que llegará a España pronto?

Fuente: Midjourney / E. F.

¿Qué ofrece Claude for Education?

Anthropic ha presentado su propuesta con una estrategia interesante: una IA que no da respuestas directas, sino que formula preguntas. Esta modalidad, llamada modo aprendizaje (Learning Mode), se basa en el método socrático, y busca que el estudiante reflexione y construya por sí mismo el conocimiento. En lugar de simplemente entregar una solución, Claude puede preguntar: “¿Cómo abordarías este problema?” o “¿Qué evidencia apoya tu conclusión?”.

Este enfoque no es anecdótico. Representa una ruptura con la visión de la IA como asistente que resuelve tareas, y plantea un modelo más cercano al de un tutor virtual. En palabras del presidente de la London School of Economics, Larry Kramer: “Como científicos sociales, estamos en una posición única para entender y moldear cómo la IA puede transformar positivamente la educación y la sociedad”.

Claude for Education se ha lanzado en colaboración con universidades como Northeastern, LSE y Champlain College, así como con entidades técnicas como Internet2 e Instructure, creadores de la plataforma educativa Canvas. El objetivo declarado es garantizar un acceso equitativo a herramientas que potencien la integración de la IA en la enseñanza.

Fuente: Midjourney / E. F.

ChatGPT Edu: el modelo consolidado

Frente a la novedad de Anthropic, OpenAI lleva meses de ventaja. En mayo de 2024 lanzó ChatGPT Edu, una versión de su popular chatbot adaptada al contexto universitario. Desde entonces ha establecido alianzas con más de 15 universidades a través del NextGenAI Consortium, con una inversión inicial de 50 millones de dólares. También firmó un acuerdo con el sistema universitario de California para extender el uso de ChatGPT Edu a todos sus campus.

La propuesta de OpenAI es más directa. Su chatbot ayuda a los estudiantes a preparar exámenes, redactar ensayos, analizar datos o estructurar proyectos. Con la versión gratuita de ChatGPT Plus hasta mayo, los alumnos tendrán acceso a funciones avanzadas como la carga de archivos extensos, búsquedas profundas o interacción por voz.

Leah Belsky, vicepresidenta de Educación en OpenAI, subraya que el objetivo es algo más que enseñar a usar la tecnología: “Los estudiantes actuales afrontan una presión enorme por aprender más rápido, resolver problemas más complejos e insertarse en un mercado laboral moldeado por la IA. Apoyar su alfabetización en inteligencia artificial va más allá de mostrar cómo funcionan estas herramientas”.

Logos de Openai y Antrophic.

¿Por qué las universidades?

La educación superior representa un entorno estratégico. Por un lado, es donde se forman los futuros profesionales, científicos y líderes. Por otro, es un espacio que históricamente ha servido de campo de prueba para nuevas tecnologías. Captar a estudiantes universitarios no solo significa millones de usuarios: implica convertirse en parte del tejido formativo de una sociedad.

Además, los estudiantes suelen ser los primeros en adoptar nuevas herramientas digitales. Si una IA se convierte en su compañera de estudios, es muy probable que la sigan usando en su vida profesional. Esto convierte cada campus en una cantera de futuros usuarios y defensores de marca.

Por eso, tanto OpenAI como Anthropic buscan más que una cuota de mercado: aspiran a establecer una relación simbiótica con el sistema educativo. La empresa que logre ser el “Google” de la nueva era del conocimiento tendrá una ventaja incalculable.

¿Cómo afecta esto a la enseñanza?

La pregunta clave es cómo cambia el rol del profesorado en este nuevo escenario. Si los alumnos pueden consultar cualquier tema con una IA, ¿qué sentido tiene la clase magistral? Si un chatbot puede generar un ensayo con estilo académico, ¿qué valor tiene la escritura universitaria?

La respuesta no es sencilla. Pero iniciativas como el modo aprendizaje de Claude apuntan a una posible solución: en lugar de sustituir al docente, la IA puede convertirse en un instrumento para reforzar las habilidades cognitivas del estudiante. La clave está en cómo se diseña la interacción.

Esto implica repensar la evaluación, fomentar la creatividad, y diseñar entornos donde la IA no haga el trabajo por el alumno, sino con él. Un ejemplo podría ser un examen donde el uso de ChatGPT esté permitido, pero se valore la capacidad de análisis del alumno para contrastar, interpretar y criticar lo que propone la IA.

Fuente: Midjourney / E. F.

Los dilemas presentes

Sin embargo, no todo son ventajas. El acceso desigual a estas herramientas puede ampliar la brecha educativa. Aunque OpenAI y Anthropic están facilitando versiones gratuitas, su disponibilidad sigue dependiendo del idioma, la conectividad y las políticas institucionales.

También hay desafíos éticos. ¿Hasta qué punto se puede confiar en los datos que ofrece un chatbot? ¿Qué ocurre si un alumno copia y pega contenido generado por IA sin comprenderlo? ¿Quién es responsable si la IA ofrece una respuesta errónea en un contexto académico sensible?

Además, se plantea el riesgo de una dependencia tecnológica: si los estudiantes se acostumbran a resolver todo con ayuda de un asistente inteligente, ¿qué pasará con su capacidad de razonamiento independiente?

La vicepresidenta de Educación de OpenAI, Leah Belsky, lo resume así: “Mi objetivo en este rol es poner la IA en manos de cada estudiante y cada profesor… y también brindarles las habilidades para aprender a hacerlo de manera responsable y efectiva”, afirmó en una entrevista con Reuters.

El futuro del aula

Más que una moda, la presencia de ChatGPT y Claude en la universidad anuncia un cambio estructural. Nos dirigimos hacia un aula híbrida donde la interacción humano-máquina será parte del proceso de aprendizaje. En ese contexto, el reto no es evitar la IA, sino integrarla de forma crítica, ética y pedagógicamente sólida.

El profesorado deberá formarse no solo en el uso técnico de estas herramientas, sino en su dimensión filosófica: ¿cómo enseñar cuando el conocimiento ya no se transmite, sino que se co-crea? ¿Cómo formar ciudadanos en lugar de simples consumidores de respuestas automatizadas?

Cortesía de Muy Interesante



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