Por Horacio Rivera
Otra vez López Obrador. Ahora apareció para tirarnos el sablazo con aquello de que hay que ayudar al pueblo cubano, en un momento en el que la dictadura está a punto de derrumbarse. ¿Pero qué credibilidad y qué autoridad puede tener el ex presidente para pedir dinero, cuando alguna vez tuvo el descaro de rifar un avión que nunca existió? Más allá de la ayuda que les pudiera llegar desde México, los cubanos deberían preguntarse si están listos para su “Segunda Transformación”
Es la cuarta vez que de López Obrador reaparece desde que dejó la presidencia. Ahora con el disfraz de humanista e hijo político de la Revolución cubana. Con el alma en un hilo nos dice sentirse profundamente consternado por los hermanos cubanos. Y nos tira el sablazo detrás de las faldas de la presidenta. ¿Y quién se supone que va administrar el dinero que se deposite en una cuenta de banco que, según se dice, pertenece a alguien muy cercano de López Obrador? ¿Va a haber algún órgano que vigile que se haga buen uso de ese dinero y que además haga una auditoría? Y es que la burra no era arisca. Ya en 2023, cuando el huracán Otis arrasó a Acapulco, el gobierno de López Obrador pidió a la gente que donara dinero y víveres para los damnificados. ¿En dónde terminó todo lo recibido? Nadie sabe, nadie supo. Por supuesto que los cubanos necesitan ayuda. Están al borde de una crisis humanitaria. Pero esa ayuda debería llegar directamente al pueblo y no a las manos de un puñado de lacras de un régimen político que apesta a podrido y que mal gobierna a ese pueblo.
Resulta inevitable preguntarse quién, en su sano juicio, se atrevería a transferirle un peso al ex presidente López Obrador; alguien que cuando gobernó no tuvo empacho en inventarse tamaño circo pata simular la rifa de un avión, de más de 200 millones de dólares, que nunca existió. Hasta billetes de lotería se imprimieron con la imagen del mentado avión. Es como tener un negocio y contratar de nuevo al mismo empleado que corrimos porque nos robó. No. Francamente ni el ex presidente ni sus más cercanos suenan muy confiables como para aflojarles una lana. Y ya no se diga al presidente cubano, Díaz Canel, y su pandilla de malandros. ¿Y que se supone qué se hará con el dinero recabado? ¿Para qué se usará? Por lo pronto, no sirve para comprar una de las cosas que más necesitan los cubanos. Petróleo. Los gringos mantienen un bloqueo infranqueable. Y aquel que se atreva a enviar un buque con petróleo a la isla ya sabe que ese buque no regresará. Si no es energía qué cosa más apremiante podría necesitar el pueblo cubano. Agua y comida. ¿Pero por cuánto tiempo? ¿Cuánto más pueden vivir los cubanos de la caridad?
La 2T de Cuba
Pero más allá del dinero que pudiese ser enviado desde México, tendrían que preguntarse los cubanos si están preparados para su “segunda transformación”. ¿Realmente están listos para lo que se avecina? El cambio se antoja brutal. Los cubanos han vivido dentro de la burbuja, que ellos mismo se inventaron, durante más de sesenta años. Una isla en la que el tiempo se detuvo. A diferencia de México, no se ve muy factible que los gringos le vayan a ofrecer caridad a los cubanos. Los gringos los van a poner a chambear y van a tratar de usar su fuerza de trabajo para producir a menor precio de lo que tendrían que pagar incluso en México. No sería raro que una vez que el régimen se desplome por completo, a la vuelta de poco tiempo, comencemos a ver maquiladoras en toda la isla, iguales a las que hay en Ciudad Juárez o en Tijuana. En tanto en México el gobierno se empecina en tratar a los cubanos como si fueran niños a quienes hay que salvar. ¿Cuando hemos escuchado de parte del morenismo reconocer que son los propios cubanos los únicos responsables de lo que les está ocurriendo? Y no es sólo responsabilidad de la cúpula del poder, sino también del pueblo, por haberse vuelto comodino y conformista a lo largo del tiempo.
El gran hermano ruso
Los cubanos se acostumbraron a vivir de la caridad. Y vaya que el régimen tuvo sus años dorados.
Los años de Fidel. Porque se puede simpatizar o no con Fidel Castro, pero el auto nombrado “comandante” fue uno de los mayores embaucadores de la caótica historia latinoamericana. Fidel era un viejo zorro, astuto y socarrón como ha habido pocos. Alguien que supo sacarle a los rusos una buena cantidad de dinero, armas y tecnología. Es innegable que bajo la tutela ideológica y política de la URSS, Cuba llegó a ser una potencia tanto en la ciencia como en el deporte. Asimismo fue por muchos años el único país latinoamericano donde prácticamente todos sabían leer y escribir. No solo de los rusos, Fidel obtuvo un aliado y un mecenas, sino también de los propios gringos, a quienes además, mantuvo a raya por décadas. Pero el dictador tropical un día se tenía que ir. Hoy el cambio es inminente, ya no hay vuelta atrás. Cuba no tiene más remedio que ponerse la pila y asumir el compromiso de reinventarse. Pero si su gente se aferra a las glorias de un régimen comunista que ya se fue, aquello se va a convertir en una lucha de consciencias. Una lucha que hará más difícil cualquier transformación. Los cubanos harían bien en ser pragmáticos. Aprovechar el momento y hacerse a la idea de que, además de su trabajo y su tierra, por ahora, no tienen mucho más que ofrecer. Y aprovechando que López Obrador anda tan generoso con el dinero ajeno, no sería mala idea que, a modo de “impuesto solidario”, de cada peso que se le mande a Cuba, veinte centavos sean destinados para apoyar a las madres que buscan a sus hijos desaparecidos en las fosas clandestinas que hay en todo el país. Aquí también hace aire. Y mucho.
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