La crisis de la vivienda es un síntoma; la enfermedad es la ineficacia de las democracias

Cualquiera que se haya acercado a Sol estos días y haya prestado algo de atención a lo que dicen las personas que ahí acampan y se manifiestan percibe que, si la crisis de la vivienda es el foco de la protesta, detrás de ella hay una gigantesca nebulosa de malestar sistémico, que tiene a que ver con el coste de la vida en general, la desigualdad, la precarización, la incertidumbre de perspectivas, la insuficiencia de los servicios públicos, la corrupción y mucho más. Cualquiera que haya pasado algo de tiempo en Sol estos días tiene la razonable sospecha de que la crisis de la vivienda es un síntoma, pero que la enfermedad es la ineficacia de la democracia en atender necesidades y derechos de amplias capas de la sociedad. Su fracaso en adaptarse y responder a los desafíos de la época.

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