La frase de Bob Dylan sobre su historia de amor con Joan Baez: “Es difícil estar enamorado y ser sabio al mismo tiempo”

Ni “La respuesta está flotando en el viento”, ni “Mamá, sacame esta insignia, estoy tocando las puertas del cielo”, ni “los que no están ocupados naciendo, están ocupados muriendo”.

Hay una frase que no está en ninguna canción de Bob Dylan y, sin embargo, pega primero y más fuerte.

En No Direction Home, el documental dirigido por Martin Scorsese, Dylan dispara sin protegerse: “You can’t be wise and in love at the same time”.

En castellano: “Es difícil estar enamorado y ser sabio al mismo tiempo”.

Una frase que podría ser el epílogo de un libro, un epitafio, una novela entera. Menos es más: es la línea con la que Bob —visiblemente incómodo, pero sonriendo— intenta explicar su relación mítica con la poeta del folk: Joan Baez.

Antes de que empiece una de las historias de amor más comentadas, sufridas y míticas de la música del siglo XX, Baez ya era famosa. Mucho más que Dylan. En 1959 había pegado fuerte en el circuito folk de Greenwich Village de Nueva York y, en poco tiempo, cantaba a sala llena.

Su nombre ya era contraseña del folk. Tenía discos, giras, una presencia que no pedía permiso. Hermosa a cara lavada y pelos al viento. Era talentosa e influenciaba a la gente,

Dylan apareció después. En 1961, una actuación suya en Gerde’s Folk City le llamó la atención a Baez. Ahí empieza el big bang del folk, la sociedad artística más joven e idealista. Cantando en marchas, con el mundo mirándolos como si fueran la voz de algo nuevo.

El sonido del futuro. Después vendría -además de la respuesta flotando en el viento para todo el mundo- la tormenta privada.

En el medio pasó Baez lo presentó, lo empujó, lo animó. Él creció a velocidad de incendio. Dylan se electrificó. Como el Charlie Parker del cuento de Cortázar: tocaba la música del mañana.

Ella era la convicción y la dulzura, la esperanza de un folk politizado con una voz que deja sin aire y amenaza con arreglar el mundo. Ese triángulo imposible —ella empujándolo al centro, él escapándose hacia otro lugar— armó y anudó la leyenda.

El nudo se deshilachó en la gira de Inglaterra de 1965, cuando Dylan la invitó pero no la subió a cantar. La gira siguió. El amor se bajó en la siguiente estación.

Diez años después, lo improbable: llega la gira Rolling Thunder Revue de 1975 que reúne viejos y nuevos amigos de Bob. Una especie de circo y teatro de variedades que da vueltas por Estados Unidos. La historia y el pasado se cruzan otra vez.

En el escenario Dylan y Baez se buscan y se esquivan. Abren juntos en la oscuridad y maquillados con Blowin’ in the Wind. Después Baez hace su set.

Y cuando la gira termina, otra vez, cada uno sigue por su lado.

Hoy, con Baez recién cumplidos los 85, esa frase del documental dicha décadas después vuelve a quedar filosa. No como recuerdo: como cierre.

Ambos siguen, más que vivos y en la escena intelectual y musical. Dylan anunció gira 2026. Baez se presentará el 8 de febrero de 2026 en un show benéfico de Sweet Relief en San Francisco, para juntar fondos para músicos . En diciembre firmó una carta pública con Amnesty pidiendo el cierre de centros de detención de ICE.

La frase vuelve. Como flotando en el aire: habla de una de las más apasioantes hisotrias de amor entre dos artistas. O de cualquiera que haya intentado sostener dos cosas al mismo tiempo.

“Es difícil estar enamorado y ser sabio al mismo tiempo” es refrán y proeza. Un amor contado en diez palabras, y de paso el de muchos. Porque hay dos cosas que parecen hechas para ir juntas —amor y lucidez— y sin embargo, cuando de verdad pasa, casi nunca se dejan.

Cortesía de Clarín



Dejanos un comentario: