Durante décadas, los libros de paleontología han repetido una idea que parecía incuestionable: los dinosaurios con cuernos, como el célebre Triceratops, nunca llegaron a pisar Europa. A diferencia de sus primos asiáticos y norteamericanos, omnipresentes en los registros fósiles, el Viejo Continente parecía haber sido una tierra inhóspita para este linaje emblemático del Cretácico. Ahora, un reciente estudio publicado en Nature viene a dinamitar esa creencia.
La clave del giro ha estado, paradójicamente, en mirar más de cerca aquello que se tenía delante. Investigadores que reexaminaron fósiles antiguos descubrieron que varias especies de dinosaurios que se creían emparentadas con Iguanodon —otro gran herbívoro sin cuernos— eran en realidad ceratópsidos mal identificados. Un caso clásico de “error de familia”: criaturas confundidas con parientes que no eran suyos.
El protagonista de esta revisión es Ajkaceratops kozmai, un dinosaurio descubierto en Hungría hace años y que, por la fragilidad del fósil encontrado, había sido etiquetado con dudas. Gracias a técnicas modernas como las tomografías computarizadas (CT scan) y modelos 3D, los paleontólogos lograron reconstruir partes clave de su cráneo y revelar rasgos inequívocos de los ceratópsidos, como el característico pico en forma de gancho y el paladar abovedado. A partir de ahí, la historia comenzó a reescribirse.
El gran malentendido: ¿por qué se confundieron durante tanto tiempo?
La confusión entre ceratópsidos e iguanodóntidos no es tan descabellada como podría parecer. Ambas familias proceden de un ancestro común y, con el paso del tiempo, desarrollaron características similares de forma independiente, un fenómeno evolutivo conocido como convergencia. Esto incluye el caminar en cuatro patas, mandíbulas adaptadas a una dieta herbívora compleja y extremidades robustas. Cuando los restos son parciales o están mal conservados —como es común en Europa—, distinguir entre ambas familias se vuelve un desafío casi detectivesco.
Durante más de un siglo, se asumió que Europa, dividida en islas durante el Cretácico, había favorecido la evolución de linajes propios y exclusivos. Entre ellos destacaban los llamados rhabdodontidae, dinosaurios supuestamente únicos del continente. Sin embargo, al comparar en detalle los esqueletos de estos animales con los nuevos hallazgos de Ajkaceratops, los investigadores se toparon con sorpresas.

Una de las especies afectadas por esta revisión taxonómica es Zalmoxes shqiperorum, un dinosaurio rumano hasta ahora considerado parte de los rhabdodontidae. Tras el reanálisis, ha sido renombrado como Ferenceratops shqiperorum, integrándose en la familia de los ceratópsidos. El nombre homenajea al paleontólogo austrohúngaro Franz Nopcsa, pionero del estudio de los dinosaurios europeos.
Dinosaurios insulares: una fauna más conectada de lo que se creía
El hallazgo no solo tiene implicaciones para la clasificación de ciertas especies, también cuestiona ideas más amplias sobre la evolución de los dinosaurios en Europa. Hasta ahora, se creía que las islas europeas habían fomentado un ecosistema único, separado del resto del hemisferio norte. La ausencia de ceratópsidos servía como prueba de esta “excepción europea”. Sin embargo, si estos dinosaurios sí estuvieron presentes, aunque camuflados bajo identidades erróneas, el panorama cambia radicalmente.
Los nuevos datos apuntan a que Europa no fue una región tan aislada como se pensaba. La presencia de ceratópsidos refuerza la teoría de que hubo múltiples rutas de dispersión entre Asia y América del Norte a través del continente europeo. Si los dinosaurios pudieron recorrer archipiélagos saltando de isla en isla, entonces Europa pudo haber sido un corredor biogeográfico y no un callejón sin salida.
Además, este hallazgo devuelve protagonismo a los museos de historia natural europeos. Los investigadores destacan la importancia de revisar los fósiles ya existentes, pues muchos de ellos podrían haber sido clasificados de forma errónea en el pasado. En una época en la que las nuevas tecnologías permiten estudiar los fósiles sin dañarlos, los esqueletos ya almacenados en colecciones científicas se convierten en una mina de oro para reinterpretar la historia.
Ferenceratops, Mochlodon y Ajkaceratops: un linaje oculto a plena vista
La redefinición de especies no se ha limitado a un solo caso. Mochlodon, otro dinosaurio tradicionalmente incluido en los rhabdodontidae, también podría ser en realidad otro ceratópsido. De confirmarse, el linaje de los “dinosaurios con cuernos” habría estado mucho más extendido en Europa de lo que nadie sospechaba.
Lo que parecía una anomalía en el registro fósil —la ausencia de ceratópsidos en Europa— era simplemente una consecuencia de malentendidos acumulados. Ahora, con una nueva mirada y herramientas modernas, se ha puesto en marcha una suerte de “arqueología de la paleontología”, revisando viejas conclusiones con ojos del siglo XXI.
El caso de Ferenceratops shqiperorum es especialmente simbólico. No solo por ser una corrección de una especie mal clasificada durante décadas, sino porque devuelve al mapa a uno de los paleontólogos más curiosos de su tiempo: Franz Nopcsa, quien en el siglo XX ya sugería ideas revolucionarias sobre dinosaurios insulares, aunque sin los medios técnicos actuales para probarlo. Su legado, de alguna manera, ha quedado reivindicado.

Un continente que aún guarda secretos del Cretácico
Este descubrimiento tiene implicaciones mucho más profundas que una simple corrección taxonómica. Lo que está en juego es la forma en que entendemos la historia evolutiva del continente europeo durante el Cretácico. Si los ceratópsidos formaban parte de su fauna habitual, entonces Europa no fue una anomalía biológica, sino una pieza clave del puzle global de los dinosaurios.
A partir de ahora, cada fósil encontrado o ya almacenado en los museos podría tener una historia diferente a la que se le había asignado. La paleontología europea entra así en una nueva etapa: una de revisión, reinterpretación y humildad científica. Y quizás la lección más importante sea esa: incluso en la ciencia, lo que creemos saber puede ser solo el primer borrador de la verdad.
Referencias
- Susannah C. R. Maidment et al, A hidden diversity of ceratopsian dinosaurs in Late Cretaceous Europe, Nature (2026). DOI: 10.1038/s41586-025-09897-w
Cortesía de Muy Interesante
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