Por: Juan Carlos Monroy Giraldo
Más de 50 años de trayectoria y casi 300 canciones grabadas prueban que Wilson Manyoma fue una de las voces emblemáticas de la música colombiana. Su personalidad introvertida adquiría una energía arrolladora en los escenarios y estudios de grabación donde, con su potente voz y habilidad para el soneo (improvisación), cantó muchos clásicos de la salsa colombiana y de música tropical.
Canciones que han pasado por varias generaciones y que, como el dicho popular, no pasan de moda. Por eso también se escuchan en las modernas playlist de las plataformas digitales y más después de su fallecimiento en Cali.
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Por eso, aunque en su juventud quiso convertirse en futbolista y llegar al equipo profesional del América de Cali, el destino le reservó otro camino. Y este no sería con el uniforme rojo escarlata y guayos, sino con trajes coloridos, pantalones ajustados bota campana y zapatos de tacón alto con los que empezó a ser visto entre 1966 y 1972 en los griles de Juanchito.
Desde pequeño, Wilson tuvo la marca de la música. En la casa de la familia en el barrio Alameda, la música siempre estuvo presente en los compases de los boleros y en los sonidos del Pacífico, en particular los de la marimba. A los oídos juveniles de Wilson llegó el son cubano en forma de discos de vinilo que traían en sus maletas los viajeros que desembarcaban en el puerto de Buenaventura.
El mayor acierto de su carrera fue ganarse con estilo y “saoko”, un lugar protagónico en la revolución musical que se vivió en la década de los setenta del siglo XX. Lo hizo en la banda de Fruko y sus Tesos.
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A esto se suma el impulso que para estas agrupaciones significó el auge de la industria musical, que para esa época tuvo el referente de Discos Fuentes. “A Medellín había que llegar a buscar disquera para grabar si uno quería triunfar en la música en esa época”, contó muchas veces Wilson Manyoma.
El junte y la revolución musical
Fue el propio Julio Ernesto Estrada Rincón quien en 1973 recibió en la sede de la disquera a un joven de 22 años, muy introvertido. El director musical recuerda que “el día que llegó traía un pantalón blanco con figuritas estampadas de Walt Disney, el pato Donald y Mickey Mouse y desde ese momento hubo empatía”.
Cuando le pidió que cantara, el novel cantante no supo cuál canción reconocida interpretar. Entonces con timidez le dijo que tenía una de su propia autoría, inspirada en un amor no correspondido: “Tú sufrirás”. La letra y su sentida interpretación convencieron a los músicos y los jefes de la disquera y de inmediato la incluyeron en el disco Fruko el Bueno-ayunando. La canción sonó y gustó.
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Fuera de las tarimas y los estudios de grabación Manyoma era una muy introvertido, desconfiado, por lo que los músicos empezaron a llamarlo “casasola”. Se radicó en Medellín y vivió en el barrio Holanda. El director musical supo que era “la voz que necesitaba en la orquesta por su potencia y el dominio de la síncopa y el soneo que no tenían los cantantes que habían entonces en Medellín”.
Por estas cualidades y el estilo del cantante caleño, cuyo referente musical fue el “sonero mayor” Ismael Rivera, los propietarios de la disquera lo convencieron de adoptar el nombre artístico que lo identificó toda su vida: Wilson Saoko. Fue el tercer cantante de la famosa orquesta después de Humberto Muriel González y Piper Pimienta Díaz.
Para ese momento, la música colombiana era dominada por la orquesta tropical de Lucho Bermúdez, los Corraleros de Majagual, el Conjunto Miramar, Los Hispanos, Los Graduados con Rodolfo Aicadi, Golden Boys, entre otros. Todavía Cali no era la “capital mundial de la salsa”.
Así comenzó una de las asociaciones más exitosas de la música colombiana y el surgimiento del sonido de la salsa en este país y su posterior exportación internacional. Con “Fruko y sus Tesos”, Wilson Manyoya alcanzó el reconocimiento al interpretar “Tú sufrirás”, “Tronco seco”, “El preso”, “Los charcos”, “El son del tren”, “El patillero” “El serrucho”, “Mi libertad”.
Es bien sabido que “El preso”, inspirada en una historia real de un colombiano encarcelado en Canadá, fue su canción más exitosa y aquella que lo inmortaliza tras su muerte.
En 1975 la letra llegó a manos de Julio Estrada. Wilson Manyoma improvisó el famoso verso de introducción:“oye, te hablo desde la prisión… Wilson Manyoma” Este clásico de la salsa es una de las canciones colombianas más importantes. Fue tan así que pocos años después unos delincuentes asaltaron a mano armada a Estrada y le robaron su vehículo con dinero e instrumentos musicales.
Pocos días después, lo llamaron para preguntarle si era Fruko, el de los tesos y al confirmarles que sí se disculparon con él, lo robaron sin conocer su identidad. “Me indicaron dónde me habían dejado el carro con todas mis pertenencias. Ahí me di cuenta que habíamos logrado con la música un reconocimiento social”.
Legado de un pionero
En ese movimiento cultural y musical Wilson Manyoma también fue un pionero como cantautor. Así lo destaca el cantante Mauricio Castillo, exvocalista del Grupo Niche, ahora solista y recordado por su actuación en la novela El Joe, interpretando a Manyoma.
“Él conocía el lenguaje de la música tropical y no solo tenía una voz muy potente y grave, sino una gran cualidad que no se da en muchos intérpretes y tiene que ver con la destreza para pasar entre las melodías y los diferentes ritmos con giros melódicos y sus soneos en la improvisación y cantar sobre el montuno”.
Y agrega que su “articulación estaba a la altura de los más grandes cantantes de este género y sobresalía como voz principal o en los coros y por eso hizo un gran dúo con Joe Arroyo. Sus interpretaciones tienen mucha alma”.
Su carrera musical continuó por cinco décadas como voz principal de The Latin Brothers, La Sonora Dinamita y Colombia All Stars. A comienzos de los 90, junto con su hermano, Hermes Manyoma, creó “La Decisión”. También grabó con el violinista cubano Alfredo de la Fe y volvió a juntarse con Joe Arroyo, su amigo y compañero de tarimas, en presentaciones musicales en varios países.
Pero como en toda gran historia, su vida también tuvo altibajos y problemas por el consumo de estupefacientes y alcoholismo que lo alejaron de los reflectores de la música. “Tuve una vida de excesos, hubo momentos en que me perdí. Pero la música siempre fue mi salvación”, confesó el músico en alguna ocasión.
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Aunque el reconocimiento como referente de la salsa colombiana continúo hasta su muerte, su carrera decayó en comparación con el éxito alcanzado por cantantes que empezaron su vida artística muy jóvenes, crecieron y triunfaron a su lado. Un ejemplo de ello fue Joe Arroyo. Algunas personas cercanas a su entorno musical cuentan que, pese a que su amistad perduró siempre, Manyoma llegó a “sentirse opacado” por su colega.
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“Sin duda es uno de los más importantes cantantes del género de la salsa. Pero después de su mejor época como cantante no tuvo el acierto y liderazgo que sí logró Joe Arroyo en la dirección de su propia orquesta. Tampoco un equipo de trabajo ni un buen manager que lo ayudaran a mantenerse más vigente”, afirma Álvaro Gómez Cuartas, representante de cantantes y agrupaciones nacionales e internacionales.
Al margen de estas circunstancias y altibajos, el aporte de Wilson Manyoma es valioso no solo por la calidad y vigencia de su obra musical, sino porque marcó un camino para varias generaciones de cantantes.
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“Él es uno de esos maestros que nos ayudaron a soñar a los demás porque iniciaron y construyeron un sonido original, a diferencia de lo que ocurre en actualidad que tanta gente tiene acceso a mucha tecnología, pero hay mucha música que suena igual”, reflexiona Mauricio Castillo.
Wilson Manyoma puede descansar en paz. Su legado trasciende su muerte y su saoco seguirá vivo.
Cortesía de El Colombiano
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