
Hoy en día, la inteligencia artificial (IA) se ha convertido en un factor de suma importancia en el rumbo, la competitividad y la sostenibilidad de las organizaciones. Su impacto ya no se limita a la eficiencia operativa o a la automatización de procesos; sino que va más allá, influyendo directamente en la estrategia, la gestión de riesgos y la creación de valor de corto y largo plazo de las organizaciones. En este contexto, la inclusión de la IA debe ser unos de los principales puntos de las agendas de los Consejos de Administración, aplicándola en forma responsable y en forma alineada a las estrategias de los negocios.
Un estudio presentado por el programa Deloitte Global Boardroom en colaboración con el programa Deloitte Global CEO demuestra que un porcentaje importante de los Consejos de Administración y la C-Suite tienen entre sus prioridades en 2026, el poner mayo énfasis en los rápidos avances tecnológicos y en la disrupción digital, y es que, sin lugar a dudas, la IA tiene el potencial de transformar profundamente los modelos de negocio y la toma de decisiones, sin embargo, no se debe perder de vista que dicho potencial, solo se materializa cuando existe una supervisión activa desde el más alto nivel de gobierno corporativo. Así las cosas, el interés e involucramiento del Consejo de Administración en este ámbito resulta de suma importancia para verificar que la adopción y el uso de la IA en las empresas, se lleve a cabo con ética y que genere un valor sostenible para las organizaciones, evitando que el esfuerzo por adoptarla quede en una iniciativa experimental sin mayores resultados.
Uno de los principales retos para los consejos de administración es comprender que la IA no es únicamente una herramienta tecnológica, sino que es un facilitador estratégico cuyo uso no solo impacta a un área o departamento en las empresas, toda vez, que con un uso adecuado, puede influir en diversas áreas del negocio en beneficio de la organización.
Los Consejos de Administración deben saber que la IA impacta la relación con clientes, la cadena de suministros, la gestión del talento, la protección de datos, la ciberseguridad y el cumplimiento regulatorio, entre otros muchos aspectos, por ello, la IA debe ser gestionada desde una perspectiva integral, involucrando al Consejo de Administración para asegurarse que se están maximizando sus beneficios y en su caso, que también se están mitigando los posibles riesgos que de uso emanen. Hoy en día, los consejos más efectivos integran la IA en su agenda cotidiana, conectándola con la estrategia corporativa, el apetito de riesgo y los objetivos de negocio.
Al mismo tiempo, la adopción de IA, introduce riesgos relevantes que requieren la atención directa del Consejo de Administración. Entre ellos, destacan los sesgos algorítmicos, la falta de explicabilidad de los modelos, el uso indebido de información y los posibles impactos reputacionales derivados de decisiones automatizadas. La responsabilidad del Consejo de Administración es asegurarse de que existan políticas claras, controles sólidos y mecanismos de rendición de cuentas que permitan un uso ético y responsable de estas tecnologías.
Otro elemento crítico es la preparación del propio Consejo de Administración, toda vez que resulta de suma importancia, el fortalecer las capacidades digitales de los consejeros, ya sea mediante programas de capacitación, la incorporación de perfiles con experiencia tecnológica o el apoyo de asesores externos independientes. No se trata de convertir al consejo en un órgano técnico, sino de dotarlo del criterio necesario para formular las preguntas correctas y desafiar constructivamente a la administración.
La IA representa una oportunidad para que los consejos evolucionen su rol y refuercen su estrategia de negocios. Aquellos que asuman una postura activa, informada y responsable estarán mejor posicionados para guiar a sus organizaciones en un entorno cada vez más complejo y digital. En contraste, la pasividad o el desconocimiento pueden traducirse en riesgos significativos y pérdida de ventaja competitiva. La IA, bien gobernada, puede convertirse en un aliado estratégico del consejo; pero, mal gestionada, puede ser un factor de alto riesgo que comprometa la confianza y la sostenibilidad del negocio.
Cortesía de El Economista
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