La importancia de tener metas claras y plan para alcanzarlas

Hace muchos años que no hago propósitos de año nuevo. Nunca los cumplía. Aún no terminaba enero y ya se me habían hasta olvidado. Se quedaban simplemente en buenos deseos.

De hecho, es normal que mucha gente tenga los mismos propósitos año tras año. “Ahora sí” voy a hacer ejercicio y bajar de peso”. “Ahora sí” voy a empezar a ahorrar.

Me di cuenta que más que propósitos, necesitaba metas especificas, medibles, relevantes (alineadas a mis valores), alcanzables y con un horizonte de tiempo definido. También que necesitaba un plan de acción concreto para cada una de ellas.

Vamos a dar un ejemplo en el contexto financiero. Mucha gente sabe que debería ahorrar más y hace de esto un propósito. Pero ¿Ahorrar para qué objetivo específico? ¿Qué cantidad cada mes o quincena? ¿Realmente puedo ahorrar esa cantidad o debería empezar con menos? ¿Cómo le voy a hacer? ¿En cuánto tiempo alcanzaré ese objetivo?

Ahorrar por ahorrar no tiene ningún sentido. Se necesita un objetivo concreto. Por ejemplo: quiero tener 150,000 pesos en mi fondo para emergencias y lo quiero lograr en dos años. O bien, en tres años quiero poder comprarme un departamento y necesitaré al menos 400,000 pesos para el enganche. Sin dejar de lado lo más importante: en 30 años quiero retirarme y necesitaré tener acumulado 10 millones de pesos (valor presente, cantidad que actualizaré cada año con la inflación) para poder vivir el reto de mi vida con un ingreso similar al que tengo hoy.

Cuando uno tiene un objetivo así de claro, concreto, medible y con un horizonte definido, entonces uno puede hacer un plan.

Por ejemplo: hoy tengo ya 80,000 pesos ahorrados para emergencias. Me faltan 70,000 para lograr mi objetivo de 150,000 en dos años. Así puedo saber que necesitaré ahorrar 3,000 pesos al mes para cumplirlo.

Un plan es simplemente eso: trazar una ruta que nos pueda llevar desde donde estamos hoy, hasta donde queremos llegar.

Lo curioso es que mucha gente no tiene idea de lo uno ni de lo otro. No sabe cómo están sus finanzas personales hoy, no tiene claras sus prioridades ni ha establecido metas concretas.

Entonces hay que empezar por ahí. La planeación financiera personal es un proceso que nos ayuda a darnos cuenta de nuestra situación financiera actual, determinar nuestras metas y objetivos, priorizar y desarrollar un camino, una estrategia, que nos lleve hacia lo que queremos lograr.

El camino es diferente para cada persona. Hay algunos que hoy tienen deudas, compromisos financieros que les detienen y les quitan capacidad de ahorro. Parte del dinero que ganan no es para ellos ni lo pueden destinar al ahorro, porque tienen que pagar a sus acreedores. Por eso se tienen que enfocar, primero, en salir de ellas. Antes de hacer otros planes.

Otros manejan su dinero de forma desordenada y aunque no tienen deudas, nunca pueden ahorrar. Dinero que les llega, se lo gastan. Si reciben un aumento, se les va rápidamente y no saben ni en qué ni por qué. La prioridad en este caso debe ser un plan de gastos que les permita tomar el control de su dinero. Es un proceso iterativo y evolutivo: no se domina de la noche a la mañana.

Todo esto sin olvidar la visión mayor, el objetivo final que debería ser la formación de un patrimonio que nos dé libertad financiera al menos a los 65 años (edad de retiro) o incluso antes. Porque a todos nos llegará el momento en que ya no podremos trabajar y necesitaremos vivir de lo que hemos acumulado en nuestra vida. Eso incluye el patrimonio que tenemos en la Afore, que podría traducirse en una pensión. Pero seguramente no será suficiente.

Un plan nos permite delinear un camino que pueda ser adecuado para nosotros. Nos da un rumbo. Sin él, es fácil perderse. Por eso es tan importante.

Pero además, un plan nos brinda otras cosas. Nos puede ayudar a evitar graves errores, como por ejemplo, caer en un espiral de endeudamiento o posponer indefinidamente nuestro ahorro para el retiro.

Ejemplos hay muchos. Tengo un amigo que hace tiempo me buscó porque pensaba meterse con una reparadora de crédito. Hablamos varias horas, me platicó su situación financiera y lo mucho que estaba endeudado. Ya no le alcanzaba para pagar sus tarjetas. Me sorprendió, porque ganaba muy bien, pero tenía un tren de vida que excedía sus posibilidades. Afortunadamente me hizo caso y no contrató a la reparadora, que le hubiera costado mucho dinero. Hizo un plan y en un par de años logró salir adelante. Tuvo que hacer muchos sacrificios, pero valió la pena y aprendió.

Ojalá que en este 2026 tengas metas y prioridades claras y un plan adecuado para ti.

Cortesía de El Economista



Dejanos un comentario: