Una de las preguntas más habituales de los psicólogos en terapia es la relación con los padres. Por mucho que parezca que no tiene ningún tipo de conexión con los problemas o con el motivo por el que vas, algunos expertos han investigado cuál es la razón de vincular la personalidad con la crianza.
La teoría del apego
En los últimos años, se ha visto por redes sociales mucho contenido que defiende que la psicología relaciona algunos rasgos de personalidad a una causa originada durante la infancia y adolescencia.
Esta idea la defiende la teoría del apego, sin embargo, se ha llevado al extremo en estas plataformas, ya que ha perdido fundamento científico. Se ha podido comprobar en libros, películas, chistes o en simples conversaciones con amigos o por Internet que la idea de “echarle la culpa” a los padres es algo frecuente.
“El padre perfecto”
Es por este motivo que desde hace unos años podemos notar la presencia en redes de “gurús de la crianza” que tienen la fórmula perfecta para criar a hijos estables y felices sin tener en cuenta los factores externos que pueden intervenir en el desarrollo de la personalidad del niño.
Si bien es cierto que los progenitores influyen en la manera de ser del niño, la comunidad científica denuncia la tendencia a magnificarlo.
¿Dónde nace esta teoría?
El psicoanalista John Bowly fue quien desarrolló la teoría en los años 50, que sugería en un primer momento que la relación de un bebé con su adulto de referencia dependía de la atención que el pequeño recibía cuando estaba molesto. Entonces, el tipo de apego que se definiese influiría en el comportamiento del bebé a lo largo de su vida.
En el 78, la psicóloga Mary Ainswoth complementó la teoría con un experimento: una madre dejaba a su bebé con un extraño y, según la reacción del crío, se determinaba el tipo de apego que había construido con su progenitora. De aquí nacieron las clases de apego que ahora conocemos: ansioso, evitativo, seguro y desorganizado.
Las críticas
A pesar de la fama de la teoría, desde un primer momento, fue criticada por parte de la ciencia. El psiquiatra Michael Fitzgerald elaboró un artículo que revelaba que ya en el 52, Hilda Lewis, no pudo demostrar en su experimento la conexión entre el patrón de comportamiento del niño y la relación con su madre.
Estudios posteriores han demostrado que los vínculos que construye una persona son condicionados por el contexto: familia, amigos, trabajo o la pareja, pero no únicamente por la manera en la que nos relacionamos con nuestros progenitores.
Un artículo del psicólogo Ramón Nogueras, que está en contra de la idea de que los padres marquen el futuro de los hijos, recoge a todos aquellos psicólogos y expertos que han hecho estudios cuyos resultados desmienten las ideas de la teoría del apego.
Genética y entorno
Diferentes corrientes científicas han obtenido resultados distintos sobre el tema, mientras que la teoría del apego no ha parado de crecer, sobre todo, entre los más jóvenes.
Si cómo te has relacionado con tus padres no afecta (tanto como se ha hecho ver) en tu personalidad, ¿qué es lo que influye? Pues se ha entendido de manera bastante unánime entre los expertos que el desarrollo de la personalidad depende tanto de la genética como del entorno -sin ser limitado a la familia-, así como la interacción entre ambos factores.
Aunque “culpar” a la infancia de rasgos de nuestra personalidad sea el camino más sencillo, es necesario escuchar a la ciencia y valorar los muchos otros aspectos que entran en juego en el desarrollo de nuestra manera de ser.
Cortesía de El Periodico
Dejanos un comentario: