Val Kilmer, actor que le puso el cuerpo a personajes de la talla de Batman y Jim Morrison en “The Doors”, y que formó parte de otros grandes éxitos del cine estadounidense de las décadas del ’80 y ’90 como “Top Gun” y “El Santo”, murió este martes a los 65 años.
La noticia fue confirmada por su hija, Mercedes Kilmer, al New York Times, que precisó también que el deceso del versátil artista, a quien en 2014 le habían diagnosticado un cáncer de garganta, se produjo en Los Ángeles.
Actor pero también sex symbol en los años previos al nuevo milenio, Kilmer había perdido la mayor parte de su voz por aquella enfermedad y casi no podía hablar. Sin embargo, en 2020 el artista californiano aseguraba que ya estaba recuperado. “Rezar ha sido mi tratamiento”, sostuvo en aquella ocasión.
“Extraño mi voz”, comentó luego de someterse en 2015 a una traqueotomía. “También, mi risa: ahora me río como un pirata”, agregó.
Kilmer, quien fue en su momento el actor más joven admitido a la prestigiosa Escuela Juilliard de artes, experimentó los altibajos en su carrera. Su gran oportunidad llegó en la parodia de espías de 1984 “Top Secret!” (“¡Super Secreto!”), seguida de la comedia “Real Genius” (“Academia de genios”) en 1985. Kilmer mostraría más tarde su talento para la comedia nuevamente en filmes como “MacGruber” y “Kiss Kiss Bang Bang” (“Entre besos y tiros”).
En 1986 se convirtió en el arrogante y silencioso aviador Iceman, rival y después amigo de Maverick (Tom Cruise) en la exitosa película “Top Gun”.
Su carrera cinematográfica alcanzó su cenit a principios de la década de 1990 cuando cobró fama como galán, protagonizando junto a Kurt Russell y Bill Paxton “Tombstone” (“Los justicieros”) de 1993, como el fantasma de Elvis en “True Romance” (“La fuga”) y como un experto en demoliciones y robos de bancos en la película de 1995 de Michael Mann “Heat” (“Fuego contra fuego”) con Al Pacino y Robert De Niro.
El actor, que siguió el método Suzuki de formación en artes, solía estar obsesionado hasta en los más mínimos detalles al momento de componer un personaje. Cuando interpretó a Doc Holliday en “Tombstone”, llenó su cama de hielo para la escena final, con el fin de imitar la sensación de morir de tuberculosis.
Para interpretar a Morrison, usó pantalones de cuero todo el tiempo, pidió a sus compañeros de reparto y al equipo que sólo se refirieran a él como Jim Morrison y escuchó The Doors durante un año.
Uno de los puntos bajos de su carrera fue interpretar a Batman en la extravagante “Batman Forever” de Joel Schumacher con Nicole Kidman y junto a Robin de Chris O’Donnell, antes de que George Clooney tomara el relevo en “Batman & Robin” de 1997 y después de que Michael Keaton interpretara al Caballero Oscuro en “Batman” de 1989 y “Batman Returns” (“Batman regresa”) de 1992.
Otro punto bajo en su trayectoria fueron los fracasos en grandes producciones a principios de los 2000, lo que lo llevó a pasar más de una década participando en películas de bajo presupuesto y segunda categoría.
Justo cuando comenzaba a resurgir en la década de 2010 con una exitosa obra teatral sobre Mark Twain, que planeaba llevar al cine, el cáncer truncó su carrera.
Val, un documental que retrata su ascenso meteórico y su posterior declive en Hollywood, se presentó en el Festival de Cannes en 2021.
Con información de agencias EFE y AP
Cortesía de Clarín
Dejanos un comentario: