El Manuscrito Voynich es uno de los enigmas más persistentes de la historia de la escritura. Desde que fue redescubierto en 1912, ha desconcertado a lingüistas, criptógrafos y científicos por igual. Se trata de un volumen del siglo XV, conservado hoy en la Universidad de Yale, lleno de ilustraciones fantásticas —plantas irreales, diagramas astrológicos, mujeres desnudas bañándose— y, sobre todo, de un texto que nadie ha logrado descifrar. Escrito con un alfabeto desconocido y sin traducción alguna en más de un siglo, el manuscrito ha alimentado teorías que van desde lo esotérico hasta lo meramente fraudulento.
En este contexto, el periodista científico Michael Greshko ha propuesto un enfoque novedoso. Su estudio, publicado en la revista Cryptologia, presenta un cifrado llamado Naibbe que transforma textos en latín o italiano en un lenguaje visual casi idéntico al del Manuscrito Voynich. Lo más llamativo es que este código se puede ejecutar completamente a mano, con materiales disponibles en el siglo XV, y reproduce muchas de las estadísticas internas del misterioso manuscrito. Aunque no se presenta como una solución definitiva, Greshko afirma que “el cifrado Naibbe cumple con todas las condiciones para producir textos con propiedades similares al Voynich”.
Un manuscrito sin traducción, pero con muchas teorías
A lo largo de los años, se han propuesto tres grandes hipótesis sobre el Manuscrito Voynich. La primera sostiene que es simplemente un fraude: un conjunto de palabras sin sentido, diseñado quizás para impresionar o engañar. La segunda sugiere que es una lengua real, pero desconocida. Y la tercera —la que explora el estudio de Greshko— plantea que el texto es un cifrado, es decir, una codificación de un idioma conocido, probablemente el latín o el italiano.
El Naibbe no descifra el texto original, pero demuestra que es posible crear algo extremadamente parecido. Lo consigue a través de un método de sustitución homofónica que asigna varias cadenas de glifos a cada letra o pareja de letras. Además, estas cadenas siguen una “gramática de ranuras” similar a la que se ha observado en el Voynich, lo que permite que el texto generado tenga una estructura coherente con el manuscrito original.

Así funciona el cifrado Naibbe
El proceso comienza con un texto en latín o italiano, al que se le eliminan espacios, signos y mayúsculas. Luego, se divide en unidades de una o dos letras, usando dados para decidir si se generará una palabra de una sola letra (unigrama) o de dos (bigrama). Después, mediante el uso de una baraja de cartas, se selecciona una de seis tablas de sustitución. Cada tabla contiene múltiples formas posibles de convertir esas letras en cadenas de glifos estilo “Voynich”.
Por ejemplo, si el texto original es “Arma virumque cano”, se convierte primero en unidades como “AR”, “M”, “AV”… y luego cada letra o pareja se transforma en glifos como o , según las combinaciones de cartas y dados. Este procedimiento asegura que el texto cifrado repita la longitud media de las palabras, la frecuencia de símbolos y la estructura morfológica del Voynich real .
Lo más fascinante es que este cifrado no depende de tecnología moderna: está diseñado para ser ejecutado con herramientas del siglo XV, como dados, cartas y escritura manual. Incluso se ha comprobado que el estilo gráfico del texto producido es ordenado y uniforme, como el del manuscrito original, lo que sugiere que pudo haberse hecho de forma artesanal sin mayor dificultad.
¿Y si el Voynich fuera un texto cifrado real?
La gran aportación del Naibbe es que permite que un texto cifrado conserve ciertas propiedades lingüísticas. Por ejemplo, mantiene la secuencia completa de letras del texto original, lo que genera distribuciones de palabras similares a las del Voynich y hace que el texto parezca tener sentido, aunque esté cifrado.
Además, el método genera características clave del manuscrito original: muchas palabras únicas, repeticiones controladas, baja autocorrelación (es decir, poco patrón predecible en las palabras sucesivas) y una distribución estadística de palabras que imita la llamada ley de Zipf, típica de los lenguajes naturales. Según Greshko, “el Naibbe produce cifrados que replican muchas propiedades del Voynich al mismo tiempo” .
Esto no significa que el Naibbe sea el sistema real usado en el siglo XV. Pero demuestra que un cifrado con esas características era posible en esa época, y que un texto con las propiedades del Voynich puede generarse de forma coherente y manual. Es una muestra clara de que la hipótesis del cifrado sigue viva.
Lo que todavía no resuelve este modelo
Sin embargo, el modelo también tiene limitaciones importantes. No logra replicar todos los tipos de palabras raras que aparecen en el Voynich ni ciertos patrones espaciales, como la posición de los glifos en las líneas o párrafos. Tampoco genera las correlaciones a largo plazo que se han observado en algunas partes del manuscrito, y que podrían estar relacionadas con el orden temático o la estructura del contenido.
A esto se suma el hecho de que el Naibbe tiene una densidad de información baja: por cada palabra cifrada, se codifican una o dos letras reales. Esto implica que el contenido original del Voynich sería mucho más corto de lo que parece. Según los cálculos del estudio, los aproximadamente 38.000 “tokens” del manuscrito podrían ocultar solo entre 57.000 y 76.000 letras, es decir, algo así como 10 o 12 páginas de texto latino convencional .
A pesar de estos límites, Greshko considera que las diferencias entre el cifrado y el manuscrito son valiosas: pueden servir para refinar el modelo y acercarse a una hipótesis más ajustada. Como él mismo indica, “los puntos de diferencia entre el cifrado y el manuscrito pueden señalar cómo fue realmente creado el texto”.

Un experimento útil para el presente
El Naibbe no pretende resolver el misterio del Manuscrito Voynich, sino establecer una referencia reproducible. Según René Zandbergen, uno de los mayores expertos en el manuscrito, lo valioso del estudio es que “demuestra que se puede encontrar un método así, y podemos asumir que puede haber otros” .
Esto abre la puerta a nuevas investigaciones. El cifrado de Greshko podría servir como punto de partida para comparar métodos y entender qué aspectos del manuscrito son producto de un diseño deliberado y cuáles son aleatorios. También puede ayudar a evaluar otras hipótesis, como la posibilidad de que se trate de un idioma inventado, un lenguaje artificial o incluso un sistema médico en clave.
Sea como sea, el Naibbe es una prueba concreta de que las propiedades estadísticas del Manuscrito Voynich no son únicas ni inalcanzables, y que podrían reproducirse con un sistema bien diseñado. Por ahora, el manuscrito sigue siendo un misterio, pero cada paso como este acerca un poco más la posibilidad de descifrarlo.
Referencias
Cortesía de Muy Interesante
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