El 17 de enero se conmemora el nacimiento de Benjamin Franklin, figura clave de la ciencia, la política y la curiosidad ilustrada. Su influencia ha llegado tan lejos que incluso da nombre a un cráter en la superficie lunar, visible desde la Tierra. Pero si su nombre está grabado en el lado más familiar de nuestro satélite, el verdadero misterio ha estado siempre en el otro hemisferio: la cara oculta de la Luna.
Durante décadas, los científicos han observado una asimetría profunda entre ambos lados. El hemisferio visible es oscuro, liso y marcado por grandes llanuras de basalto. En cambio, el oculto es más claro, más alto y completamente lleno de cráteres. Esa diferencia desconcertante ha dado pie a muchas teorías, aunque ninguna lo había explicado del todo… hasta ahora. Un nuevo estudio publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences aporta por fin una explicación basada en datos isotópicos de hierro y potasio obtenidos por la misión china Chang’e-6. Este trabajo, liderado por Heng-Ci Tian y su equipo de la Academia China de Ciencias, no solo resuelve un viejo enigma lunar, sino que también muestra cómo un impacto masivo ocurrido hace miles de millones de años pudo modificar en profundidad el manto de la Luna y dejar una huella química permanente.
La Luna, un satélite con cicatrices
Las diferencias entre las dos caras de la Luna no se limitan a su aspecto superficial. La cara oculta también tiene una corteza más gruesa y muestra menos signos de actividad volcánica pasada. Desde la misión soviética Luna 3, que logró fotografiarla por primera vez en 1959, se ha intentado comprender esta asimetría sin resultados concluyentes.
El estudio de Tian y colaboradores se centra en muestras recogidas por la misión Chang’e-6 en la región del Polo Sur-Aitken, una de las mayores cuencas de impacto del sistema solar. Estos fragmentos basálticos fueron analizados con instrumentos de altísima precisión para determinar su composición isotópica. El resultado fue claro: los isótopos de potasio y hierro en estas rocas son significativamente más pesados que los presentes en las muestras de las misiones Apolo y Chang’e-5.
Esta diferencia isotópica sugiere que el manto de la Luna bajo esta zona sufrió un proceso que no afectó de la misma forma al resto del satélite, y ese proceso no es otro que un gigantesco impacto.

Lo que cuentan los isótopos
Uno de los puntos clave del estudio fue analizar la composición atómica de las rocas traídas por Chang’e-6, en concreto la proporción de ciertos isótopos de hierro y potasio. Estas variaciones, aunque mínimas, actúan como una huella química: permiten saber si el material ha sufrido procesos extremos, como altas temperaturas o pérdida de elementos volátiles.
Los resultados mostraron que las rocas de la cara oculta tienen una proporción más alta de isótopos pesados, tanto de hierro como de potasio, en comparación con las muestras recogidas en el lado visible por las misiones Apolo o Chang’e-5. Esta diferencia no puede atribuirse al tipo de roca ni a alteraciones posteriores, como la exposición al espacio o la actividad volcánica. Todo apunta a que el origen está en el manto lunar mismo, justo debajo de la zona del impacto.
“Los datos requieren una fuente del manto con una composición isotópica de potasio más pesada en la cara oculta que en la visible”, señala el estudio, apuntando directamente a un evento violento y localizado: el impacto que creó la gigantesca cuenca del Polo Sur-Aitken.
Pero ¿qué son los isótopos?
Los isótopos son versiones de un mismo elemento químico que tienen distinta masa, porque contienen diferente número de neutrones. Por ejemplo, el potasio siempre tiene las mismas propiedades químicas, pero puede presentarse en formas más ligeras o más pesadas.
Cuando ocurre un proceso extremo —como una colisión a gran escala—, los isótopos más ligeros tienden a evaporarse primero. Lo que queda atrás es un material enriquecido en isótopos pesados. Detectar esa diferencia es como encontrar una firma del impacto en el interior de la Luna, incluso miles de millones de años después.

Un impacto que cambió el interior de la Luna
El modelo propuesto por los investigadores se basa en un fenómeno llamado evaporación isotópica por impacto, según el cual un choque extremadamente violento genera suficiente calor como para vaporizar elementos volátiles como el potasio. Esto provoca una fracción significativa de isótopos más ligeros que escapan al vacío del espacio, dejando atrás una firma química más pesada en las rocas.
Según el estudio, “una pérdida del 2 % de potasio por evaporación sería suficiente para explicar las firmas isotópicas observadas” en las muestras de Chang’e-6. Esa pérdida no afectaría por igual a toda la Luna, sino que se concentraría en la región del impacto, lo que coincide con la ubicación del material analizado.
Este tipo de evidencia permite afirmar con solidez que el impacto que formó la cuenca Polo Sur-Aitken no solo remodeló la superficie lunar, sino que modificó el propio manto del satélite, alterando su composición química a gran profundidad. Esta idea, que hasta ahora era solo una hipótesis, queda validada por los datos isotópicos.
La importancia de los elementos volátiles
Uno de los aspectos más interesantes del trabajo es que se apoya en el análisis de elementos moderadamente volátiles, como el potasio y el hierro, que tienen puntos de condensación relativamente bajos y, por tanto, son sensibles a procesos de evaporación.
Mientras que otros isótopos utilizados en geología, como los del estroncio o el plomo, se ven afectados por la evolución magmática y son menos eficaces para detectar huellas de impactos, los isótopos estables de elementos volátiles permiten rastrear mejor estos eventos extremos, incluso cuando ocurrieron hace miles de millones de años.
Además, el hecho de que estas firmas pesadas no puedan explicarse por procesos internos del manto lunar refuerza la tesis del impacto como causa principal. Según el estudio: “la composición isotópica pesada del potasio debe haberse originado en el propio manto antes de la formación del basalto”, es decir, durante o inmediatamente después del impacto.
Más allá de la Luna: claves para entender otros cuerpos planetarios
Aunque el estudio se centra exclusivamente en la Luna, sus implicaciones van más allá. Los impactos masivos han sido comunes en la historia del sistema solar. La formación de planetas, lunas e incluso atmósferas está profundamente influida por estos eventos violentos. Saber cómo afectan al interior de un cuerpo celeste ofrece una nueva herramienta para interpretar datos de otras misiones, por ejemplo en Marte, Mercurio o incluso asteroides.
El equipo subraya que la técnica empleada en este trabajo, basada en mediciones isotópicas de altísima resolución, puede aplicarse también a muestras de meteoritos o de futuras misiones de retorno. En este sentido, las misiones como Chang’e-6 demuestran el enorme potencial de traer material directamente del espacio para analizarlo con precisión en la Tierra.
La conclusión no es solo que el impacto fue real y profundo, sino que alteró la Luna de forma permanente. Y lo que es más sorprendente: esa alteración es todavía medible en las rocas, miles de millones de años después.
Ni desequilibrada ni partida en dos: lo que tienes que saber
Que la Luna tenga dos caras tan distintas ha sido fuente de confusión durante décadas. Pero la investigación reciente ofrece una explicación clara: no se trata de un desequilibrio interno ni de una fractura geológica, sino del resultado de un único impacto colosal que alteró de forma permanente su estructura interna. Estos son los puntos esenciales para entender qué le pasó realmente a nuestro satélite:
- La Luna es asimétrica, pero no caótica: su forma actual tiene una causa concreta y no es producto del azar.
- El lado oculto es más elevado y lleno de cráteres, mientras que el lado visible tiene grandes llanuras volcánicas.
- La misión Chang’e-6 trajo muestras directamente del hemisferio oculto, algo nunca hecho antes.
- Esas rocas mostraron una firma atómica distinta, con más isótopos pesados de potasio y hierro.
- Esa diferencia solo puede explicarse por un impacto violento, no por procesos internos comunes.
- Ese impacto creó la cuenca del Polo Sur-Aitken, una de las mayores del sistema solar.
- El calor del choque vaporizó elementos volátiles, alterando la composición del manto lunar justo bajo la zona golpeada.
- Lo que vemos hoy en la Luna es el resultado de ese único evento colosal, grabado en su química profunda.
- Gracias a estas muestras, ahora entendemos mejor no solo la Luna, sino cómo evolucionan otros cuerpos del sistema solar.
Referencias
- THeng-Ci Tian, Chi Zhang, Wen-Jun Li, Dingshuai Xue, Jing Wang, Wei Yang, Yan-Hong Liu, Yangting Lin, Xian-Hua Li, Fu-Yuan Wu. Isotopic evidence for volatile loss driven by South Pole-Aitken basin–forming impact. Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS). Vol. 123, n.º 3 (enero 2026). DOI: https://doi.org/10.1073/pnas.2515408123.
Cortesía de Muy Interesante
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