Por Horacio Rivera
Mucho más que un libro de denuncia, “Ni Venganza ni Perdón” (Julio Scherer Ibarra-Jorge Fernández Menéndez, Ed. Planeta 2026), es un intento de quien fuera consejero jurídico de López Obrador, por rendir culto y lavarle la cara al ex presidente. Salvo por un par de “revelaciones calculadas”, que no pasan de ser meras anécdotas del ejercicio abusivo del poder, Scherer se empeña en disculpar y justificar las grandes pifias del sexenio obradorista. Aunque también retrata a un presidente autoritario, ignorante y alejado de la realidad
La historia que narra “Ni Venganza ni Perdón” inicia en 1997, cuando Scherer conoce a López Obrador en el cuarto de hospital donde murió el líder izquierdista, Heberto Castillo. Y de ahí pal real. Scherer se dedica a narrar, a manera de entrevista, distintos momentos de su relación “cercanísima” -así la describe él- con López Obrador. Entre esos momentos sobresalen algunos eventos ocurridos durante el sexenio obradorista, los cuales levantaron todo tipo de críticas hacia el gobierno. Lo mismo se habla de la Pandemia, que de la creación de la Guardia Nacional o de la detención por parte de la DEA del general Cienfuegos en Los Ángeles, California. Mención aparte es el pasaje en el que Scherer acusa que documentos de inteligencia y testimonios (no aclara si los documentos y los testimonios surgieron en México o en Estados Unidos) indican que Jesús Ramírez Cuevas, ex vocero del Gobierno de López Obrador y actual Coordinador de Asesores de la presidenta Sheinbaum, se reunió nada más y nada menos que con Sergio Carmona, mejor conocido en los bajos fondos como el “rey del huachicol”. A Carmona, asesinado en 2021, se le vincula con el narcotráfico y con el contrabando de combustible y financiamiento ilícito de campañas de candidatos morenistas. Y tampoco es que Scherer se manche con la balconeada que le pone a Ramírez. Más pareciera una especie de venganza “light”, pactada de antemano en la cúpula del poder, que un bombazo destinado a desatar una investigación judicial contra Ramírez. Mucho ruido y pocas nueces. Todo queda en familia. Entre los morenistas se podrán destruir, pero jamás se harán daño.
Culto presidencial
En el libro de Scherer y Fernández Menéndez jamás leemos que López Obrador sea responsable de algo. Siempre son los demás, aquellos que estuvieron al lado del ex presidente, quienes con sus intrigas y su falta de experiencia, con su ambición y su torpeza, causaron buena parte de los entuertos que durante seis años sacudieron al gobierno mexicano. Llega un punto en el que las alabanzas al ex presidente se vuelven excesivas, serviles. Diera la impresión de que el mismo López Obrador revisó el texto de “Ni Venganza ni Perdón” minuciosamente allá en La Chingada. Y luego de un análisis riguroso, dio su beneplácito para que fuera impreso y publicado. Y como suele ocurrir en este tipo de libros, que se mueven entre la denuncia, el chisme de lavadero y la intriga, lo más interesante no es lo que se lee, sino lo que no se lee. Las deducciones del lector. Cierto es que esas deducciones pueden llegar a ser desoladoras. Y es que Scherer no tiene empacho en mencionar hasta el cansancio el grado de improvisación e ignorancia de aquellos que llegaron al poder con la 4T, comenzando por el propio presidente. Puras buenas intenciones en manos poco capaces. Muestra también el carácter autoritario y volátil de López Obrador. Su propensión a pedir 90 por ciento de lealtad y sólo 10 por ciento de experiencia a sus más cercanos colaboradores. Su desprecio e ignorancia sobre temas que son vitales para gobernar un país, como la economía y la administración pública. Su obsesión por recompensar con puestos públicos y prebendas a todos aquellos que lo acompañaron en su largo camino hacia el poder, aunque se tratara de gente sin talento alguno. Su desprecio por las leyes y las instituciones, las cuales se empeció en “transformar” sin un diagnóstico ni una estrategia.
Abogado del diablo
Cierto es que en el retrato que Scherer hace de su ex jefe, el propio Scherer no sale tan bien librado. Lo primero que se pregunta el lector es cómo pudo haber alguien como Scherer, el asesor jurídico del presidente, su abogado, que se prestara durante tres años a ser comparsa de las pifias y los disparates de un López Obrador ensoberbecido. Sí. Los mexicanos debemos a Scherer todas las maromas, chicanas y presiones para modificar cuantas leyes le estorbaban al ex presidente. Fue Scherer quien preparó el andamiaje para la aniquilación del Poder Judicial. Fue él quien hizo los tejes y manejes “legales” para la creación de una Guardia Nacional que resultó ser una bomba de tiempo. Era Scherer quien aconsejaba (y mal aconsejaba) a un presidente, que de leyes y jurisprudencia sabía muy poco. Sólo a alguien como López Obrador se le pudo ocurrir la creación de un Poder Judicial a partir de una tómbola.
Pero el capítulo dedicado a la creación de la Guardia Nacional es uno de los que mayor desasosiego despiertan en el lector de “Ni Venganza ni Perdón”. En él Scherer narra cómo surgió la idea de crear una institución de orden civil, pero con disciplina militar. Un experimento que terminó trayendo innumerables problemas para el gobierno. Según Scherer se hicieron reuniones y consultas, modificaciones constitucionales y todo tipo de análisis. Pero lo que por ningún lado se menciona es que el presidente, junto con su consejero jurídico, hicieran algo tan elemental como consultar a un policía de carrera acerca de qué se necesitaba para que la incipiente Guardia Nacional funcionara, pero no como una compañía militar, sino como un cuerpo policíaco. A nadie se le ocurrió preguntarle a los policías, los verdaderos expertos en el tema. El resultado es que hoy la seguridad del país está en llamas. “Ni Venganza ni Perdón” es uno más de tantos best seller, cuyo éxito se basa en balconear una serie de indiscreciones palaciegas, en este caso, del gobierno obradorista. Sus páginas son un breve y lamentable recuento de lo todo que puede ocurrir cuando la ignorancia y la soberbia llegan al poder.
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