Fuente de la imagen, Chico Reyes
Chico Reyes Rosas tenía previsto pasar solo 10 horas en Texas.
Es lo que duraba su última escala en el aeropuerto de Houston antes de regresar a Managua el pasado 28 de agosto.
Tras un viaje de trabajo y placer a Europa, el YouTuber de 27 años se disponía a retomar su agenda de compromisos con promotores y reencontrarse con familiares y amigos en la capital de Nicaragua, su país de origen.
Pero, cuando pidió su pase de abordaje en el mostrador de facturación de United Airlines en Houston, los representantes de la aerolínea le comunicaron que no podía subir al avión.
¿El motivo? estaba en la lista negra del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, que en los últimos años ha intensificado su represión contra todas las voces ajenas al discurso oficial del partido único de facto, el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN).
Se cree que miles de nicaragüenses forman parte de esta lista secreta y no oficial de personas consideradas “apátridas”, a quienes se prohíbe regresar a su propio país si salen al exterior.
Varado en una ciudad desconocida, Chico Reyes ha tenido que comenzar su vida de cero y reconvertir su carrera profesional.
Señalado por “puchito”
Ferancisco Reyes Rosas, a quien todos conocen como Chico, estudiaba geología en la Universidad Nacional Autónoma de Managua cuando, hace unos siete años, comenzó a crear contenido.
“Hacía videos sobre viajes y blogs locales en Nicaragua. Mostraba las comidas, las ciudades, la cultura… quería mostrar Nicaragua al mundo”, explica en su entrevista con BBC Mundo.
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Fuente de la imagen, Chico Reyes
Poco a poco se fue haciendo conocido y su canal de YouTube superó los 100.000 seguidores, lo que le brindó patrocinios y una fuente estable de ingresos, además de permitirle viajar a Estados Unidos y Europa para ampliar el repertorio de sus vídeos.
Reyes era consciente de que en Nicaragua hay una línea que no se puede cruzar: criticar al gobierno liderado por el presidente Daniel Ortega y su esposa, la antes vicepresidenta y ahora copresidenta Rosario Murillo.
Organismos internacionales han denunciado la deriva autoritaria de Ortega, que gobierna en su quinto mandato tras ganar las últimas elecciones de 2021 con la mayoría de opositores en la cárcel y acusaciones de fraude desde la comunidad internacional.
El régimen sandinista ha ido endureciendo en los últimos años sus represalias contra las voces disidentes, a quienes castiga con la cárcel o el destierro.
En este contexto, el joven YouTuber explica que siempre evitó criticar públicamente al gobierno, aunque sí mencionó en sus vídeos ciertos problemas del país como la pobreza, el alto costo de la vida o la excesiva politización de los espacios públicos, donde la propaganda del FSLN y sus líderes es omnipresente.
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Fuente de la imagen, Chico Reyes
“En mi contenido también incitaba a que las personas vieran más allá de Nicaragua, que salieran a explorar, que abrieran los ojos, porque así se darían cuenta de lo mal que están muchas cosas en el país”, explica.
Esto, asegura, no le generó problemas serios al margen de algunos insultos de sandinistas que lo llamaban “puchito”, palabra que él describe como “una forma despectiva de referirse a quienes no están de acuerdo con la ideología política” del partido único de facto.
Sin embargo, su relación con el gobierno empeoró cuando accedió a hacer de guía en Nicaragua para Óscar Alejandro, un conocido YouTuber venezolano radicado en Miami que a su regreso criticó al régimen de Ortega en uno de sus vídeos.
Aunque el nicaragüense no participó en ese vídeo, comenzó a tener problemas con las autoridades de su país.
“¿Vos sos el YouTuber que grabaste con la persona que vino de Estados Unidos para hablar mal del gobierno?”, recuerda Reyes que le preguntó un agente del gobierno de Nicaragua a su vuelta de un viaje a Costa Rica, donde lo sometieron a un tenso y largo interrogatorio.
Atrapado en Houston
Chico Reyes nunca pensó, en todo caso, que le impedirían regresar a su país.
Tras recorrer Europa durante un mes para hacer turismo y grabar contenido, el pasado 28 de agosto emprendió el largo viaje de regreso desde Madrid a Managua con escalas en Washington DC y Houston, esta última de 10 horas con United Airlines.
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Fuente de la imagen, Chico Reyes
Como solo había recibido pases de abordaje de los dos primeros vuelos, se acercó al mostrador de la aerolínea en Houston para solicitar el tercero.
En vez de entregárselo, le formularon una extraña pregunta: “¿Usted tiene problemas con el Gobierno de Nicaragua?”.
“Yo respondí que no, y me dijeron: ‘En nuestro sistema aparece que no tiene permitido el acceso al país'”, recuerda.
Minutos después recibió una notificación de United Airlines por correo electrónico para explicarle que le negaban el embarque por figurar en una lista negra de las autoridades de migración nicaragüenses.
En el documento “me comunican que no podían dejarme abordar el vuelo porque Nicaragua tiene un sistema en el que 24 horas antes de que llegue cualquier vuelo ya saben quién va en ese avión”.
“Me dijeron que las autoridades le notifican a la aerolínea: ‘Este no ingresa, este sí, este no, este sí’. Así es como funciona”, agrega.
Qué se sabe de la lista negra de Ortega
La Fundación para la Libertad de Nicaragua, una ONG con sede en Estados Unidos que promueve la apertura política en el país centroamericano, lleva tiempo analizando las denegaciones de ingreso del régimen de Ortega a parte de sus ciudadanos.
“Esta modalidad es la que se ha vuelto masiva. Nosotros ya perdimos la capacidad de monitorear los casos, pero te puedo asegurar que hay miles y miles de personas afectadas”, declara a BBC Mundo el político, académico y activista nicaragüense exiliado Félix Maradiaga, presidente de la Fundación.
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Fuente de la imagen, Getty Images
Maradiaga explica cómo funciona: “La base de datos está en el Ministerio del Interior, que obliga a las aerolíneas a enviar el nombre de las personas que van a viajar en cada vuelo para compararla con su lista”.
Según las investigaciones de su organización, el gobierno de Ortega busca indicios de disidencia o críticas al gobierno en publicaciones de redes sociales o acusaciones anónimas, entre otras fuentes, para agregar nombres a la base de datos.
Y, como la lista negra de pasajeros es no oficial, secreta y completamente arbitraria -la falsa delación de un vecino, por ejemplo, podría incluir a alguien en ella- cualquier nicaragüense que viaje al extranjero podría verse privado de su derecho de regresar sin explicación alguna ni derecho a apelación.
Este nuevo método complementa las tácticas represivas que ya aplicaba el régimen sandinista en los últimos años: el propio Maradiaga pasó 611 días en la cárcel tras postularse como candidato a las elecciones de 2021 y dos años después fue despojado de su nacionalidad y desterrado junto a otros 221 disidentes considerados “traidores a la patria”
BBC Mundo contactó a la Presidencia y el Ministerio de Interior de Nicaragua para preguntarles sobre estas prácticas, pero no obtuvo respuesta.
La dureza del destierro
Cuando despegó el avión de Houston a Managua sin él, Chico Reyes vio que se le caía el mundo encima.
“En Nicaragua tenía mi vida. Allí estaba mi familia, mi trabajo, rentaba una casa, tenía mi estudio con equipo, luces, cámaras; toda mi ropa, zapatos…”, afirma.
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Fuente de la imagen, Chico Reyes
Había quedado varado en una ciudad desconocida de un país extranjero con lo que llevaba en la maleta como sus únicas pertenencias.
“Lo que hice ese día fue, como conozco a muchas personas en Estados Unidos, sobre todo nicaragüenses, tratar de contactar a una u otra persona que viviera cerca”, recuerda.
Por suerte, un seguidor de su canal de YouTube al que nunca antes había visto en persona, le ofreció un espacio en su casa para quedarse los primeros días.
Comenta que en las primeras semanas trató de contactar a la embajada y consulados de Nicaragua en Estados Unidos para indagar sobre su situación y tratar de resolverla, pero no obtuvo respuesta.
“En cualquier país, si se cree que cometiste un delito, hay un proceso de investigación, un juicio donde tienes que demostrar si eres culpable o no. Pero en Nicaragua no funciona así”, protesta.
Las primeras semanas cayó en la depresión: “No comía, no bebía, solo veía pasajes de avión y pensaba, ‘quiero volver a Nicaragua’, pero no se pudo. Me impusieron el exilio”, lamenta.
“Nunca estuvo en mis planes vivir fuera de Nicaragua. Mis metas estaban allá. Siempre tuve la fe de que, en algún momento de la historia, Nicaragua iba a ser un país diferente”, agrega.
Poco a poco se fue haciendo a la idea de que no regresaría a Managua y, tras instalarse en la ciudad de Dallas, comenzó a tramitar un proceso de asilo en Estados Unidos.
Considera, no obstante, que “este camino de aceptar el hecho de quedarse en un país porque te lo impusieron es complicado”.
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Fuente de la imagen, Chico Reyes
En Dallas se gana la vida creando contenido sobre sus andanzas en Estados Unidos para su canal de YouTube, que está a punto de alcanzar los 150.000 seguidores, la mayoría nicaragüenses.
Lo más duro de su periplo, confiesa, fue pasar la Navidad lejos de su familia por primera vez: “Yo soy muy familiar y me dolió especialmente no poder estar con mi mamá, mis primos, mi abuela…”.
El único modo para volver a verlos sería ingresar a Nicaragua de forma ilegal a través de las porosas fronteras de Costa Rica u Honduras, pero Reyes lo descarta.
“No le entro a ese tema porque entiendo que lo más probable es que al entrar en Nicaragua sea detenido y llevado a prisión; esa es su manera de controlar a las personas”, asevera.
Otro de sus temores es que le denieguen su solicitud de asilo en EE.UU.: “Si no me dejan defender mi caso, si no me escuchan y me envían a Nicaragua, yo no voy deportado, yo voy encarcelado. Y eso es algo que tengo en mente, que puede pasar”.
El joven YouTuber espera que, al menos, su experiencia sirva para “abrir más los ojos de la gente, que no normalicen el exilio a personas por pensar diferente”.
“No cometí ningún delito. En un país normal esto no le pasa a nadie. Aunque hoy ya tenga una cama y un techo sigo viendo a Nicaragua con melancolía, tristeza y sentimientos indescriptibles porque, más allá de todo, es mi hogar”, sentencia.
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Cortesía de BBC Noticias
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