Principios de 2026. Paul Thomas Anderson volvió a quedar en el centro de la escena por Una batalla tras otra en los Critics Choice Awards y asoma como una de las grandes candidatas a los Globos de Oro, que se entregan este domingo.
Y en ese rebote -lo mejor de 2025, la coyuntura política, la charla sobre cine- reapareció la película que suele ordenar el resto de su filmografía: Petróleo sangriento (There Will Be Blood, 2007), su tragedia sobre petróleo, iglesia y poder, para muchos como una de las grandes obras del siglo XXI.
Volvió a circular por un comentario venenoso de Quentin Tarantinoy también como recomendación para quienes recién ahora descubren a PTA.
Por qué Petróleo sangriento vuelve a aparecer cada vez que se habla de Paul Thomas Anderson
Anderson filmó Boogie Nights con apenas 27 años. Desde entonces armó una filmografía singular dentro Hollywood, imponente y así todo independiente. Películas sobre la América real -plata, fe, poder y familia- contadas desde mundos concretos.
La industria del porno como una familia torcida y muy querible en Boogie Nights; la fe, la obediencia y la sombra de la cienciología en The Master;; la paranoia de posguerra en clave Thomas Pynchon en Puro vicio; y ahora Una batalla tras otra. También se permitió una comedia romántica neurótica en Embriagado de amor y la adolescencia como memoria eterna en la muy celebrada Licorice Pizza.
Y Petróleo sangriento: el origen de un magnate típicamente americano y el precio crudo de esa construcción. El costo humano de una épica armada a fuerza de extracción, de pioneros y promesas de progreso. El fuego de la industria del petróleo contra la fe de la Iglesia. Asesinatos fratricidas y accidentes mortales. Es, también, la historia de cómo los Estados Unidos se pavimentó a sí mismo: energía, industrialización, autos y autopistas. Y sí: hubo sangre.
De qué trata Petróleo sangriento y por qué muchos la leen como una película de vampiros
Daniel Plainview (Daniel Day-Lewis) llega a Little Boston, compra tierras, levanta la extracción de crudo y choca con Eli Sunday (Paul Dano), el predicador local. ÉL también quiere predicar, mandar y cobrar en el mismo territorio. La película tuvo ocho nominaciones al Oscar y ganó dos: mejor actor (Daniel Day-Lewis) y mejor fotografía.
Plainview / Day-Lewis, que ya había mostrado esa mezcla de amenaza y humanidad en Pandillas de Nueva York, hace un villano asombroso y creíble. Sin colmillos ni capa, entra al pueblo como Drácula a una ciudad dormida: promesas de progreso, sí; un apretón de manos de negocios entre caballeros, por supuesto, y su joven hijo al lado como garantía de confianza. Si no parece un vendedor de Biblias, lo disimula muy bien.
Fuego del petróleo vs fe
Perfora, drena, avanza. El crudo funciona como la sangre del lugar: sale a presión, negro y espeso. La mancha se extiende. La fotografía de Robert Elswit -perturbadora, casi hipnótica: el verde de la pradera tornándose negro carbón espeso- hace que cada chorro oscuro de crudo parezca una herida abierta. Después quedarán las consecuencias: casas apagadas, familias rotas, cuerpos exhaustos.
La fotografía del filme de PT Anderson también fue premiada por la Academia de Hollywood.Es una interpretación que circula hace años. El sitio estadounidense ScreenRant, dedicado a cine y cultura pop, lo explicó en términos simples: Petróleo sangriento funciona como una película de vampiros, donde el petróleo es la sangre del territorio y el protagonista vive de extraerlo hasta dejar el lugar vacío.
Peter Travers, histórico crítico de Rolling Stone, describió al personaje como alguien que se va drenándose a sí mismo para conseguir poder y marcó el choque entre dos fuerzas igual de voraces: la que sale de la tierra (el petróleo) y la que baja del púlpito (la religión).
La guerra petróleo–religión
Plainview necesita tierra y legitimidad para avanzar; Eli necesita plata y obediencia para sostener su iglesia. Los dos venden promesas -progreso de un lado, salvación del otro- y los dos piden algo a cambio. En el medio, el pueblo.
Francis Ford Coppola dijo más de una vez que El Padrino se podía leer como una historia sobre cómo funciona el poder en los Estados Unidos -familia, empresa, reglas propias… mafia-, como una metáfora del sistema por dentro. En esa misma línea de “lecturas célebres”, circula desde hace años una frase atribuida a Fidel Castro sobre Tiburón, de Steven Spielberg: “una metáfora maravillosa sobre la corrupción del capitalismo”.
La novela en la que se basa
Daniel Day-Lewis salió a defender a Paul Dano, tras los ataques de Tarantino a su compañero de elenco.Anderson se inspiró de manera libre en Oil! (¡Petróleo!), de Upton Sinclair, publicada entre 1926 y 1927.
Cuenta la vida de Bunny Ross, el hijo de J. Arnold Ross, un magnate del crudo, en el clima de los grandes escándalos petroleros de la época: Teapot Dome, el negociado más famoso de esos años, cuando reservas de petróleo del Estado se entregaron por debajo de la mesa a empresarios amigos y el caso terminó en juicios y condenas.
La película toma ese arranque (padre petrolero, hijo testigo), pero va hacia otro horizonte: menos crónica social y más tragedia de origen. Melodrama también, gracias a la experimentación sónica de la banda de sonido de Jonny Greenwood, miembro de Radiohead.
Sinclair, además, es el autor de The Jungle (La jungla), el clásico que expuso las condiciones brutales de la industria cárnica en los Estados Unidos y lo convirtió en una figura central de la literatura social estadounidense.
Tarantino vs Dano
Y Quentin Tarantino volvió a meter la cuchara: dijo que Petróleo sangriento estaría más arriba en su lista de lo mejor del siglo XXI “si no fuera por un gran defecto”: Paul Dano. Lo trató de “weak sauce” (algo así como “flojo”), insistiendo con que no está a la altura del duelo con Day-Lewis.
La respuesta fue rápida: Daniel Day-Lewis lo salió a bancar públicamente y, desde la industria, se sumaron apoyos de Ben Stiller, Matt Reeves, Simu Liu y varios más.
Un Kane petrolero y la sombra de Orson Welles
En Petróleo sangriento pasa algo parecido al clásico Citizen Kane: vemos cómo un hombre levanta un imperio y, cuando llega a la cima, ya no le queda nadie alrededor. Daniel Plainview arranca solo, se vuelve poderoso y termina peor: encerrado en su propia casa, caminando como un fantasma entre pasillos enormes, rico y vacío. Como Kane en Xanadú, su palacio de la soledad: rodeado de cosas y sin gente.
Un Kane petrolero y la sombra de Orson Welles.Dónde verla en streaming
En la Argentina, se puede ver en Apple TV y Prime Video (alquiler o compra, según la plataforma).
Como siempre, los catálogos cambian: conviene chequear el mismo día.
Cortesía de Clarín
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