Porsche fue por años el negocio más seguro dentro del Grupo Volkswagen. Vendía caro, con mucha demanda, y dejaba márgenes que otras marcas no podían copiar. Esa etapa se está cerrando. En los nueve primeros meses del año, su margen operativo en ventas pasó de 14.1 por ciento a solo 0.2 por ciento. En pocas palabras, hoy apenas deja ganancia.
Parte del éxito viene de una lección clara. En los años 90 Porsche vivió una crisis fuerte y estuvo cerca de caer. La recuperación llegó con dos modelos que cambiaron la historia. Boxster atrajo clientes nuevos y Cayenne convirtió a Porsche en una marca con volumen real y flujo constante de dinero.
Línea de producción de Porsche en Alemania.
Con esos dos autos, Porsche dejó de ser un fabricante pequeño. En la década de 2010 superó 200 mil ventas anuales y sostuvo ganancias altas. Luego cruzó otro techo y se metió al club de las 300,000 unidades. En 2024 vendió 310,078 autos en todo el mundo, cifra impensable para la Porsche de los 90.
El problema es que crecer tan rápido también eleva el riesgo. Cuando una empresa se hace grande, cualquier freno en el mercado pega directo en los costos. Eso es lo que vive Porsche hoy, con menos ventas y una estructura más cara de mantener.

Porsche 911 fabricado en Alemania.
China es la herida más visible. Era su primer mercado y ahora se enfría con fuerza. En los nueve primeros meses de 2025, las ventas en China bajaron 29%. A nivel global, en la primera mitad de 2025, Porsche ya reporta una caída de más de 6% frente al mismo periodo de 2024.
Estados Unidos tampoco ayuda. Las ventas caen por el impacto de aranceles más altos ligados a Donald Trump. Para una marca premium, cualquier aumento de precio o freno en el consumo se nota de inmediato, porque su público compra por deseo, no por necesidad.

Oficinas centrales de Porsche en Alemania.
El enemigo de Porsche vive en su casa
El otro golpe viene de casa. En una década Porsche pasó de 25,000 a más de 42,000 empleados. Eso creó costos fijos enormes. Con el estancamiento actual, esa nómina y esa estructura ya no se sostienen con la misma facilidad.
A eso se suma una decisión incómoda. Porsche necesita invertir otra vez en modelos de gasolina e híbridos porque la electrificación no avanza como se esperaba. Ese ajuste cuesta dinero y llega justo cuando las ganancias ya no alcanzan para absorberlo sin dolor.

Porsche Cayenne eléctrica.
Por eso activó un plan de recorte llamado Structure Package II. Recorta bonificaciones anuales, frena aumentos automáticos, reduce personal administrativo y aprieta reglas de trabajo a distancia. También elimina pausas extra en las líneas de montaje, señal de que la marca busca exprimir cada peso.
El ajuste también toca a China de forma directa. Porsche planea reducir presencia con cierre de estaciones de carga propias y menos concesionarios. La meta es pasar de casi 140 centros oficiales a cerca de 100. En 2026, Michael Leiters tendrá la tarea de adelgazar la empresa y evitar que Porsche pierda el control de su propio crecimiento.
Cortesía de Xataka
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